El amigo incómodo

El amigo incómodo

Los consejos sociales son unos grandes desconocidos. Nacieron en 1983 y sus funciones primordiales son controlar el presupuesto de las universidades, aprobar las nuevas titulaciones académicas y ayudar a las facultades a buscar financiación, resume Joaquín Moya-Angeler, presidente de la Conferencia de Consejos Sociales.

“Las universidades no son solo de profesores y estudiantes, son de toda la sociedad. Son las encargadas de la enseñanza pública superior y su papel es esencial en el desarrollo económico y social de un país. Deben responder a las necesidades y transferir el conocimiento que generan al tejido productivo. Formar a los estudiantes, además de en conocimientos, en competencias profesionales como el emprendimiento, el liderazgo y la mentalidad internacional”, señala Antonio Abril, presidente del Consejo Social de la Universidad de La Coruña y secretario general de Inditex. Deben estar más pegadas a las demandas laborales.

Estos órganos de supervisión, inspirados en el sistema anglosajón (board of trustees), fueron vistos en un primer momento con ojeriza por los órganos de gobierno de la universidad, pero a medida que la crisis fue recortando los presupuestos, ganaron aceptación, dejando de ser un grano incómodo para convertirse en un aliado. “Llevo 14 años en el Consejo Social, veo un mayor acercamiento de la universidad a la realidad de la sociedad y de la economía y a la empresa, como elemento natural de su financiación”, puntualiza Abril. “En la mayor parte de los casos sí, se nos escucha, tenemos influencia”, insiste Moya-Angeler.

Actualmente, el 80% de los recursos de las universidades proceden de las transferencias de la Administración pública, solo el 13% de ellos de la innovación y el resto, de las tasas que abonan los alumnos, concreta Abril. Es necesario que se diversifiquen las fuentes de financiación y que el conocimiento que se transmite en publicaciones científicas se convierta en más patentes.

Que el trabajo de estas instituciones va dejando huella es, por ejemplo, el avance registrado en el mundo empresarial andaluz. Así, la Fundación Corporación Tecnológica de Andalucía, que Moya-Angeler preside, exige que los proyectos que financie o subvencione subcontraten el 15% a grupos universitarios de la región. Esta iniciativa ha provocado que en más de 400 proyectos, que han movilizado 400 millones de euros, el 22% de ellos se haya realizado en base a I+D de los campus sobre energía alternativa, aeronáutica, biotecnología, ocio o cultura…

Insisten en crear alumnos excelentes, en luchar por mejorar la presencia de las universidades españolas en los rankings internacionales. Consideran que hay un exceso de titulaciones, 2.540 de grado, 3.300 másteres y 1.750 de doctorado.

La relación también depende de la sintonía de cada uno de los presidentes de los consejos sociales con los rectores. Cada universidad tiene un presidente; así, el máximo ejecutivo de Telefónica, César Alierta, preside el Consejo Social de la UNED; Ignacio Sánchez Galán compatibiliza la presidencia de Iberdrola con la del consejo social de la Universidad de Salamanca; el presidente de Abertis, Salvador Alemany, con el de Barcelona; el vicepresidente de Banco Santander, Matías Inciarte, el de la Universidad Carlos III, y el expresidente de Endesa Manuel Pizarro, el de la Universidad Autónoma.

“Creemos que el modelo de gobierno universitario está desfasado”, insiste Moya-Angeler. Visión coincidente con todos los informes encargados a expertos independientes por los Ministerios de Educación, tanto durante el Gobierno del PSOE como del PP, que insisten en que el rector debe ser elegido por una representación mayoritaria de la sociedad, no solo del mundo académico. “Coincidimos con ellos, al reclamar un pacto de Estado en la educación y en que la universidad sea dirigida por un órgano único, resultado de la unión de los actualesConsejo de Gobierno Universitario y Consejo Social”, opina Abril.

Situaciones, como la de la prestigiosa universidad London Business School, que han contado durante años con un rector alemán, el prestigioso filósofo y sociólogo Raldf Dahrendorf, ya fallecido, son imposibles en España. “Reclamamos que el rector sea elegido por méritos”, persevera Moya.

Parafraseando a Peter Drucker, “el negocio y el futuro de la sociedad del siglo XXI es la educación”. La universidad debe lanzar a la sociedad alumnos preparados para competir. “Considero un drama el paro pero no la emigración. Debemos sentirnos orgullosos de que los emigrantes sean, por primera vez en la historia, titulados. Es bueno que arquitectos, ingenieros, biólogos que hablan lenguas salgan fuera, que los emigrantes sean líderes y no solo albañiles o ferroviarios”, concluye.