Bankinter, Sabadell, CaixaBank y BBVA ofrecen productos estructurados

Vuelven los depósitos ligados a la Bolsa

depósitos ligados a la Bolsa

El ser humano se mueve por la ilusión de la ganancia. Nadie duda de que la Bolsa subirá y hay que sufrir mucho para cambiar ese esquema, recordaba recientemente Javier Kessler, asesor financiero independiente de la firma Kessler & Casadevall. Esa psicología del inversor la saben bien en las entidades financieras, que se han lanzado a colocar productos estructurados con diferentes carcasas, como depósitos o bonos. Toda la oferta tiene en común un gancho de rentabilidad que exige que el mercado bursátil suba para obtener el máximo rendimiento anunciado en los folletos de comercialización. Ahora bien, perder, lo que se dice perder el capital colocado, no sucederá, porque la inversión mínima está garantizada en la mayoría de las ocasiones.

Como ilustración, en plena campaña hay un producto estructurado que ofrece el 0,67%, pero hace creer que se puede ganar un 3% porque invierte en el Ibex. ¿Cómo dudar que el selectivo español estará por debajo de la situación actual dentro de 17 meses? En principio, la mente dice que es una apuesta segura. Si se lee despacio, se comprueba que el interés real, al ser una rentabilidad absoluta, se queda en un 2% anualizado. El comercializador no informa en qué invierte, ni los riesgos de contraparte, ni de todos los gastos, por lo que lo más probable es que al final solo obtenga el 0,67% después de haberlo tenido inmovilizado 18 meses, advierte un especialista.

Los depósitos combinados son un producto financiero que comercializan los bancos con un rendimiento de hasta un 4%, atractivo si se compara con el 0,10% que ofrecen en cuenta corriente. La inversión del ahorrador se distribuye en dos partes. La primera suele ser un depósito a plazo fijo, en el que el dinero no se puede mover durante un periodo determinado, normalmente (6 o 12 meses), que se remunera a un tipo de interés fijo, de hasta el 1%.

La segunda parte de la inversión suele ser un producto de larga duración y cuya rentabilidad suele fluctuar, ya que depende de la evolución de acciones concretas, de un índice bursátil, de fondos de inversión, etcétera. Ambos tramos de inversión están vinculados entre sí, es decir, las entidades ofrecen el producto combinado de forma conjunta. No permiten contratar la primera parte sin la segunda, ni al revés. También están de moda los depósitos sin el segmento de la rentabilidad fija y que, por tanto, ofrecerán ganancias solo si la Bolsa o una determinada acción suben. Al menos, los rendimientos máximos anunciados.

El segmento fijo del depósito es el más fácil de entender, ya que funciona como una imposición a plazo fijo tradicional.

La parte más importante que conviene conocer en los denominados depósitos estructurados es la que está vinculada a la evolución de uno o varios índices bursátiles o de una o varias acciones. Por lo general, para que los depósitos estructurados ofrezcan rentabilidades interesantes el mercado de valores debe subir en el periodo de vida del depósito, que vendrá especificado en el contrato. Lo habitual es que los depósitos estructurados presenten plazos superiores a un año. Para calcular la rentabilidad final, el inversor deberá estar atento a lo que ocurra en el mercado de valores en ese periodo. “Si el parqué no sube, no habrá rentabilidades atractivas”, recalcan en Adicae, asociación de usuarios de banca y seguros.

Actualmente, los depósitos a un año ofrecen una rentabilidad media del 1,19%, según las últimas estadísticas del Banco de España, publicadas en febrero. El descenso respecto a los niveles de diciembre de 2012 supone el 61%. Entonces, ofrecían de media un 2,97%.

El importe de los depósitos que vencerán hasta final de año sumará unos 120.000 millones de euros, incluyendo los 12.896 millones correspondientes a marzo, de acuerdo a las estadísticas del organismo dirigido por Luis María Linde. A las entidades les toca renovar ese dinero y no perder clientes en el camino.

Tienen que hacer frente, además, a los límites del Banco de España impuestos en enero de 2013 -el tope se sitúa en el 0,75% en las cuentas de alta rentabilidad; en depósitos de hasta un año, en el 1,25%; hasta dos años, 1,75%, y a más de 24 meses, en el 2,25%-, que no solo se cumplen a rajatabla, sino que ya es complicado encontrar rentabilidades superiores al 2% pese a que el plazo sobrepase los dos años.

Las entidades financieras han respondido con una ofensiva de productos de diseño. Si la crisis de las subprime redujo espectacularmente la ingeniería financiera, ahora, con los primeros signos de recuperación, vuelven los productos estructurados, aunque en su interior en lugar de hipotecas basura hay acciones de compañías de primera línea del Ibex o el Eurostoxx.

Abundan los seguros, depósitos y bonos estructurados que prometen rentabilidades que superan las recomendadas por el Banco de España. Eso sí, siempre que se cumplan una serie de condiciones.

Los principales destinatarios son los clientes de patrimonios altos y medios, aunque la tendencia es ampliar el perfil de potenciales compradores de este tipo de productos. Bankinter ha comercializado bonos estructurados en lo que va de 2014 por 331 millones de euros, frente a los 527 millones del conjunto del año pasado y los 101,1 millones de 2012. El aumento en el caso de los depósitos estructurados es igualmente espectacular, con una captación en los tres primeros meses del ejercicio de 73,8 millones. El año pasado captó 326 millones y en 2012, solo 2,1.

Desde el banco que dirige María Dolores Dancausa aseguran que “ante la caída de rentabilidad de los depósitos tradicionales y el mejor tono de la Bolsa, los clientes han demandado más esta tipología de productos”. Los bonos estructurados de Bankinter suelen estar referenciados a una o varias acciones españolas y habitualmente el 90% del dinero está blindado. La inversión mínima es de 100.000 euros. Estos bonos son productos complejos, de manera que los clientes que los contraten han de someterse a un test de conveniencia.

Los depósitos estructurados de Bankinter, en cambio, pueden contratarse desde 1.000 euros, y el que tiene actualmente en campaña ofrece un 0,667% anual a 15 meses, que puede llegar al 2,657% si las acciones de Santander e Iberdrola se mantienen o suben en Bolsa al vencimiento. En este caso, está garantizado el 100% del capital; el producto se puede contratar hasta el próximo 10 de abril.

Sabadell ha reforzado su oferta de productos estructurados. El banco ha colocado en lo que va de año 12 millones de euros, según datos de la CNMV. Eso sí, el año pasado la cifra ascendió a 118 millones, seis veces más que lo emitido en todo 2012 (19 millones).

La gama de productos de diseño comercializados por la entidad la completan dos depósitos estructurados (de 18 meses y de 3 años), uno vinculado a la evolución de Euro Stoxx 50 y otro a las acciones de Telefónica y BBVA. La inversión mínima es de 600 euros y prometen que, al vencimiento, en el peor de los casos, se recuperará el 100% del capital más una rentabilidad determinada.

El interés mínimo para el de año y medio es del 0,4% anual y el máximo, del 2,31%. Para alcanzar el tipo anunciado es necesario que el nivel final del índice sea igual o superior al nivel inicial. Para el que vence en mayo de 2017 hay varios escenarios en función de la evolución de las acciones de la operadora y del banco que preside Francisco González. El escenario más favorable ofrecería una rentabilidad del 4% y el más desfavorable, del 0,4%.

En CaixaBank comercializan un depósito a 17 meses y 26 días, referenciado al Ibex, con una rentabilidad mínima del 0,67% y máxima del 2,00%. El capital está 100% garantizado y la inversión mínima es de 3.000 euros. “También tenemos otros productos estructurados para clientes de banca privada y banca personal, donde la demanda se ha incrementado”, indican desde el banco de La Caixa. El último bono estructurado comercializado a clientes de banca privada de la entidad que preside Isidro Fainé ofrecía una protección del 90% del capital y el 100% de la subida del Euro Stoxx.

En BBVA comercializan contratos financieros atípicos en los que el riesgo de pérdida está limitado a una horquilla de entre el 10% y el 25% del capital inicial. También dispone de uno, con una inversión mínima de 5.000 euros, vinculado a las acciones de Santander, Repsol y Telefónica, con el 100% del capital garantizado. En el peor de los casos, el tipo de interés es del 0%; en el mejor, del 4% anual, y en el escenario intermedio, del 2%. BBVA cuenta asimismo con depósitos estructurados de diversos formatos. En unos garantiza una rentabilidad fija más una variable (como ocurre en los de Bankinter y Sabadell) y en otros la rentabilidad es exclusivamente variable.

La CNMV está especialmente atenta a los cambios en las políticas comerciales de las entidades financieras, y en su plan de actividades para este ejercicio explica que “continuará realizando una supervisión preventiva de las prácticas de comercialización de productos financieros entre los inversores minoristas que se anticipe a posibles problemas futuros”.

Los inspectores de incógnito en las sucursales pueden ser este año una realidad, una vez se haya adaptado la normativa. La CNMV se propone “iniciar los trabajos preparatorios para realizar revisiones, sin identificación previa, en las oficinas de la red comercial de las entidades, orientadas a detectar posibles incumplimientos de las normas de conducta esenciales (mistery shopping)”.

El supervisor, además, reforzará la normativa sobre “la información reservada que remiten las entidades que prestan servicios de inversión para introducir cambios que mejoren la información, especialmente sobre productos estructurados y sobre las reclamaciones planteadas a la entidad”.

“Mucha gente, aunque diga entender los estructurados, no es consciente del riesgo de estos productos”, comenta Lourdes Moreno, profesora de finanzas de Deusto Business School y ex responsable de productos estructurados en un banco de inversiones londinense.

Con la información que se facilita en los links y en los folletos no es posible conocer la adecuación o conveniencia de estos productos, insiste Kessler. Un cliente de banca personal no lo es solamente porque dispone de patrimonios más altos; un producto referenciado al comportamiento del euríbor, de acciones o índices, no está al alcance del inversor medio. Generalmente no son capaces de batir al índice, bono o acción de referencia, añade.

Sobre los bonos estructurados, Félix González, socio director de la empresa de asesoramiento financiero Capitalia Familiar, afirma que son “productos sofisticados y complejos, y de riesgo elevado, por lo que un cliente tradicional de depósitos no debería invertir en este tipo de productos”.

La entidad bancaria suele referenciar la rentabilidad del producto a dos tipos de acciones, una con perspectiva alcista y otra bajista, o de dos sectores diferentes. Lo que provoca que, con frecuencia, no se cumplan todas las condiciones para optar al interés anzuelo, puntualizan en Adicae.

Claves para no equivocarse

1. No invertir en algo que no comprenda. “El inversor debe asegurarse de que comprende el contenido de lo que se dispone a firmar y solicitar las explicaciones que considere necesarias para aclarar todas las dudas que puedan surgirle”, insisten en la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

2. Jamás entrar si no se especifica concretamente en qué está invertido el dinero.

3. Son productos complejos y el inversor debe ser consciente de los riesgos.

4. Al mirar la rentabilidad debe compararla con la que ofrecen los bonos del Tesoro al mismo plazo en ese momento (ahora el 0,70% a dos años). Un diferencial de rentabilidad 0,5 puntos superior a la renta fija del Reino de España demuestra que no tiene la misma seguridad y una alternativa hipotética que ofrezca dos puntos más de ganancia es un producto muy complejo, de ingeniería financiera.

5. Hay que saber bien qué riesgo se corre. ¿En qué situaciones no van a devolver el dinero? Cuánto dinero se puede perder y no solo cuánto se puede ganar.

6. Liquidez. Conviene saber si se va a poder retirar antes del vencimiento y con qué comisiones. Qué gastos habría en caso de retirada anticipada.

7. La garantía en un producto estructurado la da el banco emisor.

8. No todos los depósitos cuentan con el aval del Fondo de Garantía de Depósitos sobre el principal depositado. Para evitar sobresaltos, el Banco de España recomienda que se verifique si existe esta garantía en el contrato.

9. En un producto sofisticado, suelen intervenir al menos tres entidades: el depositario, el comercializador, el liquidador y el garante. Esto supone que por cada 100 euros que el inversor coloque, casi tres irán a estos agentes, puntualiza un especialista.

10. La banca siempre gana (por emitir y comercializar la estructura). El inversor solo obtendrá la máxima rentabilidad si se cumplen todas las condiciones.

Números que enredan

Un 5% en cinco años es un 1% anual (TAE). Por tanto, comprando un bono con la garantía del Tesoro a cinco años se obtiene mejor rentabilidad (1,9%) que en los depósitos estructurados. Y si el inversor está convencido de que el BBVA o el Santander o un valor cualquiera va a subir, es preferible que invierta directamente en ese valor. “A mí no me gusta dedicar mi patrimonio a un juego de probabilidades”, asegura el financiero Javier Kessler.

En el bono del Tesoro, el garante es el Reino de España, pero en un bono estructurado la garantía es del emisor. “La crisis demostró que bancos tan renombrados como Lehman o cajas tan históricas como la de Castilla-La Mancha no estaban exentas de riesgo”, recuerda la profesora Lourdes Moreno.

Y antes de suscribir un referenciado o estructurado

Diversifique. Los estructurados son productos que reparten el riesgo. No debe concentrar en ellos toda su cartera.

Ojo con el plazo. Seleccione un producto con vencimiento que se adapte a sus necesidades.

Estudie el producto. No suscriba ninguna oferta sin conocer las apuestas de los subyacentes de ese vehículo.

Analice los ejemplos. Sepa cuánto puede rentar, tanto en el mejor escenario como en el peor.

Evite las medias, ya que si está diseñado con revalorizaciones calculadas con precios medios suelen rentar menos.