Suscripción mínima de 500 euros

Audasa vende a pequeños inversores bonos que pagan más del 6%

Peaje de una autopista de Audasa.
Peaje de una autopista de Audasa.

No es un producto sin riesgo, pero su rentabilidad tampoco es comparable con la de los depósitos o los fondos de inversión monetarios, que tienen un peligro mínimo. Autopistas del Atlántico (Audasa), filial de Itínere, ha vuelto a lanzar una emisión de bonos, esta vez a seis años –vencen en abril de 2020– que pagan el 4,75% anual, pero que gozan de una rentabilidad final notablemente superior.

Los bonos de Audasa cuentan con un arma secreta que radica en sus ventajas fiscales. A los inversores solo se les retendrá el 1,2% del importe de los intereses, frente al 21% habitual. Y no solo eso: los bonistas se podrán deducir en el IRPF el 24% de los intereses.

Estos bonos gozan de los beneficios tributarios que les concede la Ley de 10 de mayo de 1972 sobre construcción, conservación y explotación de autopistas en régimen de concesión. Los beneficios tributarios se arrastran desde entonces, gracias a una norma aprobada en 1978, en plena Transición. Las sociedades que gozaban de esa prebenda a 1 de enero de 1979 la mantienen actualmente.

La emisión, similar a la realizada en los últimos ejercicios, pagará un 4,75%, de forma que los inversores recibirán 47,5 euros al año por cada 1.000 y el banco les retendrá 0,57 euros. Pero después Hacienda les descontará 1,425 euros del IRPF.

Si los bonos no gozaran de la bonificación, los inversores tendrían que tributar por el 21% de los intereses: los impuestos sobre 47,5 euros ascenderían a 9,975 euros. Pero se podrán deducir el 24% de esos 47,5 euros (11,4 euros). Los 1,425 euros que Hacienda le devolverá al inversor, siempre que esté sujeto al IRPF, son el resultado de restar 9,975 a 11,4 euros.

Así, la rentabilidad financiero-fiscal será del 6,12% para un tipo impositivo del 21%, del 6,19% para una retención del 25% y del 6,23% para el 27%.

Ya se pueden cursar las órdenes de suscripción y el periodo concluye próximo 26 de marzo. El objetivo de colocación son 195,8 millones de euros, aunque se puede ampliar a 400 millones, y la inversión mínima son 500 euros. A lo largo del año, Audasa quiere conseguir un total de 434,6 millones de euros, la diferencia entre lo que recaude con esta emisión y el importe mencionado “serán captada con posterioridad […] en función de las condiciones del mercado”. La emisión actual cuenta con la garantía solidaria de Ena Infraestructuras.

La compañía explica que el motivo de la emisión es cubrir el vencimiento de otra emisión de obligaciones bonificadas fiscalmente por 180,3 millones de euros que se desembolsaron en 2004 y que se amortizarán el próximo junio. Audasa se propone además captar fondos adicionales para construir nuevos carriles en el tramo de circunvalación de Santiago de Compostela de la AP-9.

Las entidades en las que pueden comprarse los bonos son Bankia, Bankinter, CaixaBank, Popular, Deutsche Bank, Auriga y Ahorro Corporación, entre otras muchas entidades, incluyendo la mayoría de las cooperativas de crédito.

Estos bonos con rentabilidades muy superiores a la de los depósitos actuales, cuentan con un inconveniente adicional. Y es que al contrario que las imposiciones bancarias, estas emisiones no cuentan con la protección de 100.000 euros por titular que da el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD). El plazo de seis años y el pago depende de la solvencia de Audasa y de su matriz Ena Infraestructuras. Eso sí, los bonos emitidos hasta el momento han pagado su rentabilidad religiosamente y no son subordinados, por lo que no se sitúan en el último lugar de pago en caso de insolvencia del emisor.

Actualmente, ninguna agencia de rating vigila la solvencia de Audasa. La última nota data de febrero de 2004, cuando Moody's le rebajó la calificación hasta B1 desde Ba1. B1 se sitúa ya en lo que se conoce como bono basura, con elevadas dosis especulativas.