El Ayuntamiento de Madrid regula la venta en plazas, calles y otros espacios

El mercado tradicional sale a la caza del cliente

Vista del mercado de San Antón en Madrid.
Vista del mercado de San Antón en Madrid.

Ya lo dice el dicho: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”. Pues eso es lo que han debido pensar los comerciantes madrileños, en especial aquellos que tienen sus negocios en los mercados municipales, aquejados desde hace ya décadas de los cambiantes hábitos del consumidor. El Ayuntamiento de Madrid acaba de aprobar una ordenanza con la que pretende agilizar la procedimiento de apertura de negocios en los 46 mercados municipales.

Para ello, incorpora la figura de la “declaración responsable” para la implantación de nuevas actividades. Se elimina, por lo tanto, la necesidad de obtener licencia previa para la mayoría de actividades que se desarrollan en los mercados, asimilándose su régimen al que ya rige para otras muchas actividades fuera de estas infraestructuras municipales.

Una vez abierto el nuevo local, los comerciantes que se dediquen a la venta de productos no envasados (pescaderías, carnicerías, charcuterías o fruterías) podrán crear zonas de degustación en sus locales y, de forma agrupada, en los espacios comunes del mercado. Así, puede que en muy pocos meses sea posible que en el mercado de San Antón o La Paz un charcutero pueda habilitar parte de su local con mesas e instalar un expositor de bebidas para que sus clientes puedan consumir in situ los productos que hayan comprado acompañándolos de un vino o un refresco (siempre bebidas de baja graduación).

Otra de las novedades que incluye la nueva normativa se ha inspirado en el funcionamiento de los coworkings para emprendedores. De esta manera, el titular de un local podrá ceder su uso a varios operadores simultáneamente, de forma que se generen esos espacios de trabajo compartidos a los que hace alusión el término inglés coworkings.

Puestos ambulantes

La ordenanza también contempla la creación de las llamadas zonas de iniciativa emprendedora (ZIE). Emulan el modelo de colaboración público-privada en la gestión urbana de urbes como Nueva York, Londres o Toronto. Bajo este sistema, los comerciantes deberán constituirse en asociaciones administrativas de contribuyentes para promover de forma conjunta campañas de promoción y dinamización en el espacio público.

Si, por ejemplo, quieren instalar banderolas u otros elementos decorativos en la calle a modo de reclamo, el Ayuntamiento será el encargado de otorgarles los permisos especiales y recaudar la contribución especial que financiará esta acción promocional, siempre bajo la petición de los propios comerciantes.

Y esas campañas específicas no solo podrán desarrollarlas en los espacios comunes de los mercados, sino también en plazas, calles y otros espacios públicos aledaños. En cuanto a la venta ambulante, la regulación prevé poder vender algunos alimentos envasados en puntos autorizados en la vía pública, siguiendo siempre escrupulosas normas de higiene. En breve no será raro ver, por ejemplo, puestos de ensaladas y sándwiches alrededor de los estadios de fútbol.

Nuevos atributos para los quioscos de prensa

La ordenanza mejora el régimen jurídico al que están sujetos los quioscos de prensa, flexibilizando algunas restricciones que pesaban sobre éstos, dando de ese modo más facilidades a sus empresarios.

Se incrementa el tamaño del quiosco estándar hasta los ocho metros, con la posibilidad excepcional de llegar a 12. Además, se les permite exhibir publicidad que pueda ser de interés general por su carácter cultural (aunque no se refiera a publicaciones comercializadas en el quiosco) y se les autoriza a que el titular pueda contar con más de un colaborador, en lugar de uno solo como hasta ahora. La norma fija con mayor claridad las condiciones para ser titular de un quiosco, así como los requisitos para subrogarse a la titularidad.

En cuanto a los mercadillos sectoriales, sus autorizaciones estarán sujetas a licitación con criterios de interés público, concurrencia y objetividad. El objetivo es frenar su proliferación desordenada.

Normas