La subasta de la entidad queda ahora relegada a la búsqueda de un nuevo acuerdo

La fallida venta de la inmobiliaria de Catalunya Banc suma trabas a la privatización

Un hombre pasea frente a la sede de Catalunya Banc, en Barcelona.
Un hombre pasea frente a la sede de Catalunya Banc, en Barcelona.

La ruptura “de mutuo acuerdo” del contrato de venta de la plataforma CX Inmobiliaria que Catalunya Banc pactó con el consorcio formado por los fondos Kennedy Wilson y Värde Partners supone un traspiés inesperado en la cerrera que ha comenzado por privatizar la entidad nacionalizada antes de verano, como tiene previsto el Ministerio de Economía.

A punto de concluir la due dilligencie sobre las cuentas de la firma y con N+1 analizando las posibles carteras a segregar y las fortalezas de la matriz para tantear ya el mercado en lo que será el tercer intento de venta, la consultora ha recibido el encargo de volver a centrarse ahora en la búsqueda de compradores para la inmobiliaria. Aunque el contacto se ha retomado ya con algunos de los 25 postores iniciales y la entidad confía en cerrar un nuevo acuerdo cuanto antes, la privatización de Catalunya Banc deberá esperar a que se ate este cabo.

El proceso, a priori, no tiene por qué alargarse en exceso dado que hay mucho trabajo adelantado por la subasta original y bastaría con llegar a un nuevo acuerdo con un comprador. Más allá del horizonte de venta de la propia Catalunya Banc, al sector le conviene que el traspiés quede superado y olvidado cuanto antes.

Después de todo, la venta de CX Inmobiliaria fue la primera operación de venta de una plataforma de la banca al capital riesgo internacional, toda una señal a los mercados internacionales que, de hecho, abrió la vedad para nuevas operaciones similares en pocos meses: la venta de Bankia Habitat a Cerberus; la de Servihabitat (CaixaBank) a TPG; la de Altamira (Santander) a Apollo y la de Aliseda (Popular) a los propios Kennedy Wilson y Värde Partners.

Una serie de operaciones que, por otra parte, tienen mucho que ver con la ruptura de la venta catalana. El acuerdo realizado por Catalunya Banc anunciado el 7 de agosto debía ejecutarse en dos meses, tras atar flecos como el futuro de los 190 trabajadores.

Fuentes del sector revelan, sin embargo, que la entidad nacionalizada, que controla el FROB tras inyectarle 12.000 millones, comenzó a tensar la cuerda al ver las voluminosas cuantías por las que se cerraban otras ventas similares mientras que Kennedy Wilson y Värde Partners endurecieron su posición al hacerse con Aliseda, una plataforma mayor. Así, tras un último intento de ejecutar la operación en diciembre, la venta fue anulada la pasada semana.

El pacto suponía el traspaso de la plataforma, la cesión de la gestión de los 2.104 millones en activos inmobiliarios y, mientras Sareb mantenga la subcontrata, la comercialización de los 6.596 millones que se traspasaron al banco malo, por un precio de entre 35 a 60 millones en función de los resultados. Meses después, Kennedy Wilson y Värde Partners se hacían con el 51% de Aliseda, valorada en 800 millones, y la gestión de los 9.350 millones en créditos a promotores y los 6.500 millones en inmuebles que alberga Popular.

Aunque Catalunya Banc podría buscar mejorar ahora lo que ingrese frente al pacto anterior, fondos como Magic Real Estate o Apollo tienen ahora el tiempo de su parte para presionar en el precio.

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