Olga Ginés, directora de Casta Salud

“Hacen falta más camas para patologías de salud mental”

La compañía acaba de aliarse conHospitales Nisa en Valencia. Destacaque no hay oferta suficiente para cubrirlas necesidades de estos pacientes

“Hacen falta más camas para patologías de salud mental”

Abogada de profesión, seguramente Olga Ginés (Madrid, 1974) nunca pensó que acabaría dirigiendo una empresa de centros psiquiátricos. Entró a trabajar en la ingeniería Eptisa, dentro de su asesoría jurídica. “Casta Salud surge en 2001 en un proceso de diversificación del grupo, para cubrir el ámbito de la salud mental, un nicho de mercado que no estaba cubierto”, cuenta. Y ella fue la elegida para encabezar el proyecto.

Esta sociedad gestiona mil camas en Madrid, País Vasco, Asturias y Castilla y León. Y próximamente en Valencia, gracias a un acuerdo con Hospitales Nisa. “Nos va a servir para expandirnos como Casta Salud a otra comunidad autónoma, con un compañero de viaje de reconocido prestigio”, explica.

La empresa dispone de tres centros propios y, de momento, no tiene previsto abrir más. “El nuevo plan estratégico va por la vía de crecer fundamentalmente por aportar valor y servicios en otros proyectos, consultoría para la Administración y fomentar la I+D. Pero sí estamos dispuestos a gestionar centros con entidades públicas y privadas”.

Recuerda que las entidades religiosas son las que poseen un mayor volumen de plazas para enfermedades psiquiátricas, “porque tradicionalmente la salud mental se ha atendido por las Hermanas Hospitalarias, las Hermanitas de los Pobres o la orden de San Juan Dios. Competimos por el mismo mercado. Nosotros somos el primer operador privado nacional”. De las más de 14.200 camas catalogadas como finalidad asistencial psiquiátrica, alrededor de 3.300 están gestionadas por empresas, 6.500 por instituciones religiosas y el resto por el sector público.

Adicciones de los jóvenes

Ginés cuenta que han notado más problemas mentales asociados con las drogas: “Sí, hay más y además de gente joven”. Aunque dice que se desconocen muchos aspectos. “Esto es como el huevo o la gallina. No se sabe si consumes como consecuencia de una enfermedad mental o por el consumo desarrollas una enfermedad mental. No está claro. Pero sí se sabe que ciertos trastornos psicóticos se producen por el consumo continuado de tóxicos”.

Reconoce que los trastornos límite de personalidad, actualmente, son de los más complicados de tratar. Y recuerda que en general un paciente de larga estancia no tiene por qué quedarse en un centro toda su vida, “sino que se le prepara para disfrutar de pisos tutelados y minirresidencias que les den una oportunidad”.

Por eso, las Consejerías de Sanidad conciertan plazas con lo privado. “Este tipo de instalaciones son bastante caras y en la situación en la que nos encontramos es inviable que la Administración se pueda permitir el lujo de generar centros con un volumen de camas suficiente para cubrir toda la necesidad”. Entre sus pacientes, “el 50% entran por lo privado, asumiéndolo la familia o con seguro, y el 50% por conciertos públicos”.

Considera que la salud mental está bien tratada, aunque lamenta la falta de recursos. “Hacen falta más camas para distintas patologías. La cobertura en general es bastante buena, pero siguen faltando plazas en hospitales, pisos y otros centros”, reclama. “Hay lista de espera”, advierte, para personas necesitadas de un tratamiento, “y no se sabe de cuántos meses porque cada comunidad tiene sus objetivos”. ¿Y qué ocurre con los enfermos que no está atendidos? “Entiendo que están en casa, con su familia, esperando la plaza”, en un momento en el que les hace falta la ayuda. “Es complicado para ellos y para las familias, que están sufriendo”.

En los años ochenta se llevó en España un proceso de cierre de psiquiátricos, o de desinstitucionalización, para normalizar la vida del paciente, que tradicionalmente estaba apartado y sin terapia. “Pero los pacientes crónicos siguen existiendo y deben ser atendidos con un objetivo de reinserción”, explica Ginés. “Estamos muy lejos de la película Alguien voló sobre el nido del cuco. Esto ha evolucionado muchísimo. Ahora hay terapias individualizadas para cada paciente. El enfoque es multidisciplinar, se les atiende desde la parte farmacológica, con otras terapias y trabajo social”. Para los enfermos de larga estancia, el ingreso puede durar hasta ocho meses de media. “Incluso dos y tres años en pacientes de larga estancia en otros centros”, indica.

Las patologías más comunes que tratan en las clínicas pasan por la esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno afectivo, de límite de personalidad o de conducta.

Respecto a los medicamentos actuales, opina que ojalá hubieran evolucionado tan rápidamente como en otras especialidades. “En el mundo del cerebro queda todavía mucho por descubrir, pero sí es cierto que los fármacos de tercera generación han conseguido estabilizar más las enfermedades mentales”, aclara. “Una persona con trastorno mental puede llevar ahora una vida convencional en su casa, con su familia. Es como ser diabético, lo tendrá lo suficientemente controlado para llevar una existencia normalizada, para que no se diga toda su vida que es un loco”.

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