Propuesta para hacer 75 hazañas
Un buceador observa un buque de guerra hundido en el Pacífico, junto al atolón Bikini, en las Islas Marshall. Ver fotogalería
Un buceador observa un buque de guerra hundido en el Pacífico, junto al atolón Bikini, en las Islas Marshall.

¿Busca riesgo? Bucee por un portaaviones

Salte acantilados, vuele en globo por Namibia... viajes solo para los muy intrépidos.

Lonely Planet publica el libro 'Grandes aventuras' con propuestas en todo el globo.

Famoso en los años cincuenta por las pruebas nucleares de EE UU, el atolón Bikini hace más de una década que abrió sus espectaculares fondos del Pacífico a los buceadores. Los afortunados pueden explorar, si se atreven, el US Saratoga, el único portaaviones accesible en el fondo del mar. Si le parece un viaje apetecible, tal vez lo suyo sean las aventuras.

Lonely Planet ha recogido en el libro Grandes aventuras, experiencias impactantes para viajeros intrépidos (por 29,95 euros), las 75 hazañas más locas para quien no se amedrente fácilmente. Otra opción bajo la superficie del mar es practicar snorkel entre grandes bancos de sardinas en Sudáfrica, mientras ballenas, delfines, tiburones y orcas buscan alimento.

Si lo suyo son los vientos, no descarte una travesía en globo aerostático por el desierto de Namibia, un viaje sin motores que recuerda a los grandes expedicionarios europeos del siglo XIX, por alrededor de 300 euros con Namib Sky Adventures, en el que verá desde la altura dunas y antílopes. Igual de espectacular es lanzarse desde la cumbre del Mont Blanc, a 3.800 metros, hasta la población francesa de Chamonix. Tras la agotadora subida, y 1.000 euros de coste, se planea admirando los valles alpinos.

Entre la nieve, hay quien busca la experiencia de conducir un trineo tirado por perros en el Yukón, el territorio canadiense junto a Alaska, gracias a empresas como Cathers Wilderness Adventures. Al despertar en la tienda, el frío inferior a 20 grados bajo cero le espera para una blanca y solitaria ruta que va de tres semanas a tres meses.

En Tailandia puede ayudar a los ‘mahouts’ a lavar elefantes

En escalada, además de la cada vez más popular subida al Everest o al Kilimanjaro, Venezuela propone llegar a la meseta tepuy (de paredes verticales) a través del pico Roraima, sorteando la selva, la humedad, aguaceros y resbaladizas rocas. Algo más suave, pero de incomparable belleza es atravesar a pie los senderos de los parques nacionales de California en la ruta John Muir, nombrada así por el pionero del conservacionismo en EE UU. En el colindante Yellowstone le esperan lobos, osos grizzlies y alces en el más profundo Oeste. Tras una semana de caminata (o a caballo) hasta la zona de Thorefare, un viaje a ninguna parte, se encontrará en medio de la naturaleza más pura y primitiva.

Más particular es otra proeza con animales: lavar elefantes en Tailandia. Con tradición centenaria de domesticación, estos grandes mamíferos han ayudado en tareas de transporte y explotación forestal a los locales, que ahora buscan en los turistas su sustento. En el santuario Boon Lott hay que ayudar a los cuidadores, los mahouts, en el lavado en el río y disfrutar de los paseos por la selva.

Si se siente más Lawrence de Arabia, únase a los expedicionarios a camello por el Wadi Rum de Jordania. O viaje a caballo por los agrestes valles y puertos de montaña de Sichuan (China) camino al Tíbet. Allí, sus habitantes, los khampa, le llevarán por una ruta, que incluye visitas a monasterios, durante dos semanas. Si de conducir se trata, conduzca un rickshaw, los taxis de tres ruedas de la India, y prepárese para el caos. Hay rutas que recorren el país desde Bombay, al norte, hasta Trivandum, al sur.

Si le gusta más el agua, ¿por qué no se atreve a saltar desde los acantilados de Gales, en Pembrokeshire? Agencias como Celtic Quest organizan sesiones de este particular deporte, conocido como coasteering. Para qué dormitar en una playa cuando, ataviados de casco, neopreno y chaleco, el mar espera después de un salto al vacío.

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