Biociencia
Investigadora de Oncomatrix.
Investigadora de Oncomatrix.

Las biotecnológicas aprenden que investigar no basta, hace falta vender

El reto del sector está en crear redes comerciales que aceleren la salida al mercado de sus desarrollos

En 10 años, el País Vasco ha sido capaz de crear un nuevo tejido industrial basado en el sector de las biociencias que está innovando en el desarrollo de tratamientos médicos avanzados, desde métodos para diagnosticar la inflamación de órganos sin necesidad de hacer una biopsia hasta terapias celulares contra el cáncer.

Pero la crisis de los últimos años ha enseñado a estas jóvenes empresas que tener buenas patentes, los científicos más reputados y unos laboratorios que no tienen nada que envidiarle a los mejores de Europa y EE UU no basta para crecer. Hay que vender.

“Estamos en una fase de inmadurez comercial”, afirma Laureano Simón, fundador de Oncomatrix. “La tecnología que hemos desarrollado no se ha materializado aún en productos que generen ingresos recurrentes”, añade.

Salvo excepciones como Progenika, adquirida en marzo pasado por la multinacional catalana Grifols, la mayoría de biotecnológicas vascas no ha desarrollado todavía redes de comercialización propias que le ayuden a vender sus productos directamente en lugar de depender de las grandes farmacéuticas.

Laureano Simón, de Oncomatrix: “El sector no necesita más científicos sino canales de venta”

“Es un sector emergente, pero tenemos que ser muy conscientes de que cualquier proyecto biomédico necesita 10 años para su desarrollo, y que la investigación en este campo solo tiene futuro si hay empresas que la lleven adelante. Si no, estamos gastando nuestro esfuerzo en investigación para grandes multinacionales”, advierte Eduardo Anitua, fundador y director científico de BTI Biotechnology Institute.

Histocell, por ejemplo, una empresa creada en 2004 por un grupo de investigadores de la Universidad del País Vasco, tiene 5 patentes concedidas y está tramitando otras 75, sin embargo, basa sus ingresos en la fabricación de células para terceros.

Para aumentar su facturación (actualmente en 1,5 millones de euros), el laboratorio, que en 2006 pasó a manos del grupo local Noraybio, está trabajando en el lanzamiento de su primer producto de marca propia, previsto para el próximo año.

“Tenemos que ser capaces de conseguir que los productos que lancemos se vendan a nivel global. Lógicamente, la situación de España no ayuda. Necesitamos que la financiación y la imagen exterior del país mejore”, comenta Julio Font, director general de Histocell.

Por eso, Simón considera que si bien la crisis ha reducido las subvenciones de forma drástica, ha servido para que las empresas tomen conciencia de que ya es momento de que sus ingresos provengan, no de las ayudas públicas, sino de sus ventas.

“Nos falta capacitación, no científica, sino en temas de marketing y distribución. En ese sentido, la Administración tiene el deber de abrir los ojos a las empresas. En vez de darles dinero para contratar más doctores, podría dárselo para abrir oficinas comerciales en Londres o Boston”, explica.

Las cifras

58 empresas conforman el sector de las biociencias en el País Vasco. Al menos 40 surgieron al amparo del plan Biobasque.

289 millones de euros es el total facturado por el sector en 2012, que además dio empleo a 980 personas.

34 millones es el importe destinado por estas compañías a investigación y desarrollo.

Pese a las dificultades, el sector de las biociencias es uno de los que mejor está aguantando la crisis. El Observatorio de Coyuntura Industrial de la Agencia Vasca de Desarrollo Empresarial prevé que será uno de los tres que, junto con la industria aeronáutica y marítima, crecerán en la segunda mitad de este año.

“Vemos una ligera recuperación, aunque nuestro crecimiento vendrá casi exclusivamente de los mercados internacionales”, aclara Anitua, cuya empresa obtiene el 40% de sus ventas en el exterior, principalmente en Europa y América.

La estrategia Biobasque, diez años después

La fortaleza del sector reside en la apuesta por la I+D, que no hubiera sido posible si Vitoria no hubiese mantenido constante el bombeo de fondos públicos incluso a pesar de los recortes del Gobierno central.

“La certeza en ese compromiso ha sido muy positivo para una actividad que por su naturaleza científica necesita seguridad a largo plazo”, dice José María Mato, director de los centros de investigación Biogune y Biomagune, que trabajan en terapias celulares y el suministro de fármacos a través de nanopartículas, respectivamente.

El sector está formado por 58 empresas, la mayoría de ellas surgidas al amparo de la estrategia Biobasque, que el Gobierno vasco puso en marcha en octubre de 2003. El año pasado, estas compañías facturaron un total de 289 millones de euros, invirtieron en I+D unos 34 millones y dieron empleo al menos a 980 personas.

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