España, el segundo mercado europeo de Ashley Madison
La infidelidad, un negocio muy rentable

La infidelidad, un negocio muy rentable

La web ha logrado 20 milones de usuarios desde su creación en 2002

España es el primer mercado europeo y el quinto del mundo

CincoDías ha hablado con el presidente de la compañía, Noel Biderman, y su portavoz en Europa, Christoph Kreumer, para descubrir los secretos de un negocio en expansión.

La infidelidad es un buen negocio. El visionario Noel Biderman afirma que “Ashley Madison ha sido un fenómeno global desde hace varios años”. Todo esto queda probado con los 20 millones de usuarios que ha logrado desde su lanzamiento en 2002 y con su facturación superior a los 90 millones de dólares (68 millones de euros) en 2012.

España es desde 2011 uno de los 29 países en los que está presente la web de aventuras extramatrimoniales. Dos años después las cifras demuestran el potencial español en lo que a ser infiel se refiere: primer mercado europeo y quinto del mundo, solo por detrás de EE UU, Canadá, Australia y Brasil, con una facturación de 3,5 millones de dólares (2,6 millones de euros) en 2012, un 37% más que cuando debutó.

La crisis, una oportunidad

No deja de sorprender el crecimiento de la empresa en el entorno económico en el que aterrizó, pero es que para Ashley Madison la crisis no ha sido un problema, sino más bien una oportunidad. El razonamiento de Kreumer es el siguiente: “Con los problemas económicos surgen más problemas en las parejas, pero la gente no se separa”. Aquí es donde entra en juego Ashley Madison, cuando nace la necesidad de una aventura.

Su aterrizaje español ha resultado más que satisfactorio, pero al igual que en la mayoría de los países occidentales, el recibimiento fue hostil. Promover el adulterio y las campañas publicitarias agresivas, con la monarquía de por medio, levantaron la ira de ciertos sectores sociales... Nada fue bien recibido.

Todo lo contrario sucedió cuando Ashley Madison llegó a Japón: “Por primera vez nos recibieron con los brazos abiertos”, dice Kreumer. Para el portavoz en Europa, la clave de esta buena acogida estriba en razones culturales: “No hubo crítica porque no existe un concepto peyorativo de la infidelidad, el único problema es que te descubran”. “Se han superado todas nuestras expectativas”, agrega.

Biderman también apunta a los prejuicios morales: “En los países en los que predomina el budismo, la ausencia del concepto de culpa judeocristiano hace que la cultura sea más abierta y comprensiva con marcas como Ashley Madison”. Su empresa “ayuda a la gente a alcanzar un equilibrio entre sus deberes y sus obligaciones hacia sus familias y su persecución personal de la felicidad”, sentencia.

Diseñado para mujeres

Las diferencias culturales entre Japón y Occidente también quedan patentes en el perfil de los usuarios. El país del sol naciente es el primero donde las mujeres registradas son mayoría, “dos mujeres por cada hombre”, puntualiza Kreumer. Esto debería ser malo para el negocio, pero no. “Los hombres gastan más créditos”, asegura el portavoz.

Con todas las opciones gratuitas que ofrece internet, Christoph Kreumer lo tiene claro: “Para hombres siempre han existido lugares en los que tener una infidelidad [...]. “Ashley Madison está diseñado para que las mujeres se sientan cómodas y seguras”.

La web está destinada a llenar ese vacío, un lugar para que las mujeres sean infieles. Pero los que hacen el negocio rentable, los que pagan, son los hombres. Y según Noel Biderman, esta situación no tiene visos de cambiar “hasta que la igualdad de género exista realmente”. Las mujeres entran gratis, “es como en las discotecas” apunta Kreumer. ¿Y si ya no se quiere una aventura? Hay dos formas de desaparecer de la comunidad. La primera es gratis, da de baja al usuario pero no borra los mensajes que ha enviado. La segunda, por 19 euros elimina el rastro del usuario en la página.

“No esperamos ganar el Premio Nobel de la Paz”

El principal enemigo de Ashley Madison son los prejuicios. Una prueba de ello es el asalto fallido a la Bolsa canadiense de Avid Life, compañía propietaria de Ashley Madison. En 2010 intentó en vano entrar en el índice TSX, un revés que tuvo su origen, según Christoph Kreumer, en “los prejuicios morales de los inversores establecidos”. De nada sirvió que la empresa estuviera entre las 500 sociedades canadienses más potentes por beneficio y crecimiento.

A pesar de todo, Biderman no teme que el veto moral de los mercados detenga el crecimiento de su compañía: “La gente tendría que parar de engañar y esto nunca va a pasar”. Ahora, el caluroso recibimiento de los japoneses ha despertado el interés de Noel Biderman por probar un nuevo asalto a la Bolsa, en este caso al Nikkei: “Si nuestro éxito en el mercado continúa, definitivamente exploraremos esta opción, sobre todo si continuamos desarrollando la marca en otros países asiáticos”.

Y es que el modo de ver la infidelidad de la cultura nipona está mucho más próximo al punto de vista de Biderman que al estigma general del mundo occidental. De hecho, para Biderman, su empresa realiza una labor social para concienciar a la ciudadanía: “No esperamos ganar el Premio Nobel de la Paz un día de estos, pero estamos convencidos de que nuestras campañas de marketing y los más 20 millones de miembros muestran que la infidelidad es una realidad y ha llegado la hora de dejar de estigmatizarla”. Los precios para ser infiel con Ashley Madison oscilan entre los que pagan los españoles y los 79 euros de alemanes y suizos.

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