Tokio se impone a la ciudad española y será la sede olímpica en 2020
Ambiente en la madrileña Plaza de la Independencia, con la Puerta de Alcalá en el centro, durante el momento del seguimiento de las votaciones de la 125 sesión del Comité Olímpico Internacional (COI).
Ambiente en la madrileña Plaza de la Independencia, con la Puerta de Alcalá en el centro, durante el momento del seguimiento de las votaciones de la 125 sesión del Comité Olímpico Internacional (COI).

Los Juegos Olímpicos vuelven a dar la espalda a Madrid

El proyecto low cost madrileño no logra convencer al COI

Es la tercera vez consecutiva que Madrid cae en la fase final

El día 7 de agosto de 2020 será un día cualquiera para Madrid, una ciudad que había marcado en el calendario esa fecha en rojo para celebrar la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de 2020. Sin embargo, los miembros del COI reunidos en Buenos Aires han decidido que el mayor evento deportivo del mundo viajará a Tokio.

El proyecto low cost de Madrid no ha logrado el favor de la familia olímpica. La candidatura confiaba en que en un contexto de incertidumbre económico, el COI valoraría especialmente que el 80% de las infraestructuras para celebrar los Juegos ya estuviera construida y que solo restarán 1.500 millones para invertir. Sin embargo, el poderío económico de Tokio, capital de la segunda economía del mundo.

La representación española, liderada por el Príncipe Felipe, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, han escuchado con resignación como el presidente del COI, Jacques Rogge pronunciaba el nombre de Tokio tras abrir un sobre en el que en las dos ediciones anteriores albergaba los nombres de Londres y Río de Janeiro. Nunca antes, una ciudad había sido candidata en tres ocasiones consecutivas. ¿Habrá una cuarta? Esta era una pregunta vetada hasta ahora. Nadie en la delegación madrileña quería plantearse este escenario. Más aún cuando han surgido rumores de que París está preparando su candidatura para 2024, lo que sin duda sería un obstáculo añadido en la carrera olímpica de Madrid.

En cualquier caso, a diferencia de Barcelona ’92 –cuyos juegos sirvieron para cambiar radicalmente una ciudad que vivía de espaldas al mar-, el desarrollo urbanístico y económico de Madrid no dependía de los juegos. Sin embargo, ello no sirve de consuelo para la delegación madrileña, que ha visto como otra vez el sueño se quebraba en Buenos Aires.

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