Libelium desarrolla sensores inalámbricos inteligentes
El sensor de radiación espacial, que cuenta con un contador Geiger, desarrollado por Libelium.
El sensor de radiación espacial, que cuenta con un contador Geiger, desarrollado por Libelium.

Tecnología zaragozana para medir la radiación espacial

Una nave espacial sin tripulación humana despegó el pasado sábado rumbo a la Estación Espacial Internacional (IIS, por sus siglas en inglés) con equipaje español. Entre todo el material que colocará previsiblemente este jueves en órbita viajan dos satélites que llevaban incorporados sensores de medición de radiación desarrollados por la empresa zaragozana Libelium. Unos dispositivos que permitirán calcular la radiación espacial generada por fenómenos como las tormentas solares o la presencia de partículas gamma.

El cohete espacial HII-B, lanzado desde la estación espacial de la isla de Tanegashima a la Estación Espacial Internacional transportaba dos satélites Ardusat, que han sido desarrollados bajo la filosofía de código abierto por la empresa estadounidense NanoSatisfi. Se trata de los primeros satélites que permitirán a investigadores de todo el mundo realizar experimentos mediante el control de los más de 25 sensores que tienen integrados cada uno de ellos.

Libelium está dedicada al diseño , desarrollo y fabricación de hardware específico para la implementación de redes sensoriales inalámbricas utilizadas en la monitorización de parámetros ambientales. En palabras de David Gascón, director de I+D de la compañía, “desarrollamos sensores inalámbricos para conectar el mundo real con internet”.

La colaboración de Libelium con NanoSatisfi tiene un carácter “altruista” y surgió tras conocer que el proyecto desarrollado por la empresa estadounidense no contaba con ningún sensor con capacidades similares al suyo decidieron ofrecérselo. La compañía zaragozana recalca además la importancia de una misión espacial que busca “facilitar que investigadores y estudiantes universitarios puedan acceder a un satélite para poder realizar sus experimentos gracias a contar con un código abierto”, explica Gascón.

Los sensores desarrollados para este viaje espacial por la empresa zaragozana son de pequeño tamaño, 4 x 3 centímetros, y un peso de apenas 40 gramos, que han tenido que ser adaptados a unas condiciones específicas y al hecho de estar orbitando a 300 kilómetros de altitud durante un periodo estimado entre seis y ocho meses. El prototipo inicial de los sensores de radioactividad fue desarrollado tras la catástrofe de Fukushima. Tras el accidente de la central nuclear japonesa, la compañía zaragozana colaboró con un grupo de investigadores nipones y decidió desarrollar un dispositivo económico, 100 euros, para facilitar el conocimiento de los niveles de radiación, frente a los dispositivos existentes hasta entonces, de un coste de unos 1.000 euros.

Los dos fundadores de la compañía, Alicia Asín y David Gascón, han visto como un proyecto nacido en 2006 bajo el paraguas de la Universidad de Zaragoza y el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Aragón (CEEI) se convertía en una empresa internacional con presencia en 75 países. Libelium cerró el ejercicio 2012 con una facturación de 2,2 millones de euros, un 37,5% más que un año antes y para 2013 tiene como objetivo alcanzar una facturación de 3,5 millones de euros, unas previsiones que de momento “se están cumpliendo”, asegura Gascón. Además, la empresa ha incrementado su plantilla en los últimos años como un síntoma de “aprovechamiento de la cantera de la Universidad”.

El modelo de negocio de la compañía está centrado en el desarrollo de smart cities a través colaboración con grandes empresas de telecomunicaciones o consultoras con proyectos tan distintos como la instalación de sensores para analizar el comportamiento de los coches en Santander o la cantidad de agua que necesitan los viñedos para sacar el mayor provecho posible a las cepas.

El primer androide en el espacio
Junto a estos satélites en el cohete viajaba el primer androide espacial, conocido como Kirobo. El robot, de 34 centímetros de altura y un kilo de peso tiene como misión principal comunicarse con el astronauta japonés Koichi Wakata y está equipado además con una cámara de reconocimiento facial y otra para grabar imágenes, que serán enviadas a la Tierra.

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