El sector ha cerrado el 40% de las oficinas que tenía en el extranjero
Las cajas pliegan velas en su aventura internacional Ampliar foto

Las cajas pliegan velas en su aventura internacional

Tan solo CaixaBank mantiene una potente apuesta por la expansión internacional

Las cajas gallegas y valencianas llegaron a tener 48 oficinas fuera

Los días de vino y rosas de las cajas de ahorros quedan muy atrás. Aquellos tiempos en que Caixanova anunciaba la apertura de sucursales en Sao Paulo, Cancún y Miami y a las pocas semanas recibía la replica de Caja Mediterráneo (CAM) con la entrada en el accionariado de un banco marroquí parecen ahora un sarcasmo, habida cuenta de los miles de millones de euros que ha recibido el sector para evitar su quiebra.

La apertura de oficinas en todos los rincones del mundo fue uno de los síntomas de exuberancia de unas cajas de ahorros henchidas de liquidez. Tras conseguir más del 50% de cuota de mercado en España, tanto en créditos como en depósitos, necesitaban oportunidades fuera para seguir creciendo.

En el momento de máxima expansión, en 2009, las cajas llegaron a contar con 108 oficinas fuera de las fronteras españolas, de acuerdo con la memoria anual de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA). Cuatro años después (y con la mitad del sector nacionalizado o en manos de bancos), el número de sucursales en el extranjero ha bajado un 40%, hasta tan solo 64 sucursales.

Este número seguirá bajando en los próximos meses, puesto que algunas de las entidades que han recibido ayudas públicas (como es el caso de Novagalicia, Caja 3 o Caja España Duero) tienen pendiente cerrar su red en Portugal, el país donde más sucursales llegaron a abrirse. Una de las condiciones impuestas por Bruselas para dar su visto bueno a las ayudas era que las cajas se concentraran en sus zonas naturales, lo que implica la clausura de la mayoría de las oficinas en territorio portugués (que ascienden a 21), con lo que a finales de 2013 el número total de sucursales en el extranjero podría caer por debajo de 50.

Uno de los casos de despilfarro más palmario en la expansión internacional fue la inauguración en 2010 de la sucursal en Washington de Banca Cívica (producto de la fusión de Caja Navarra, CajaCanarias y Caja de Burgos, y, ya más tarde, de Cajasol). Pese a lo glamuroso del evento –acudieron la Infanta Cristina y su marido Iñaki Urdangarín–, y la suntuosa ubicación del local –a 400 metros de la Casa Blanca–, esa oficina nunca llegó a estar operativa. Durante los meses de espera, seis empleados del grupo estuvieron desplazados en Washington, pero en abril de 2012 Banca Cívica envió una carta a la Reserva Federal de Richmond retirando la solicitud de apertura de oficina.

Banca Cívica, que acabó siendo absorbida por el grupo CaixaBank, nunca llegó a ofrecer datos sobre el desembolso que supuso para la entidad el proyecto Washington, pero diversas fuentes consultadas aseguran que supuso un gasto de varios millones de euros.

CaixaBank, la única excepción

La única entidad que ha podido mantener inalterable su estrategia de crecimiento internacional es La Caixa. La caja presidida por Isidro Fainé cuenta con sucursales en Shangai, Pekín, Dubai, Nueva Delhi, Estambul, Singapur, El Cairo, Santiago de Chile, Fráncfort, Stuttgart, Londres, París, Milán, Varsovia, Casablanca... y prevé inaugurar otras dos, en Argelia y Bogotá.

Además de esta extensa red de oficinas, CaixaBank mantiene participaciones en entidades financieras de México (Inbursa), Francia (Boursorama), Austria (Erste Bank) y China (Bank of East Asia), con un valor de mercado superior a los 5.500 millones de euros.

Entre las entidades que más sucursales en el extranjero han cerrado destacan las cajas gallegas, que llegaron a tener entre las dos (Caixa Galicia y Caixanova) 31 oficinas, algunas en lugares tan exóticos como Panamá. Solo en Suiza en tenían cinco. Tras la nacionalización de Novagalicia (producto de la fusión y bancarización de las dos cajas) y la recepción de ayudas provenientes de Bruselas, el grupo tan solo mantendrá nueve oficinas en el extranjero, fundamentalmente en ciudades con una fuerte presencia de emigrantes gallegos.

Las grandes cajas valencianas, Bancaja y CAM, también abrieron numerosas sucursales internacionales en la época de bonanza. En su máximo esplendor, dispusieron de una red conjunta de 17 oficinas –ya todas cerradas– y las llegaron a inaugurar oficina en Shangai.

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