Los efectos del nuevo AVE

El AVE conecta Madrid y Alicante en 2 horas y 20 minutos. Esta frase no trata de resaltar ningún récord de velocidad, porque detrás de ella hay mucho más que el frío dato que apunta a que ese viaje se haya rebajado 50 minutos. El trayecto inaugurado ayer –con las bendiciones del Príncipe de Asturias y del presidente del Gobierno– ofrece muchos beneficios. El más destacado, sin lugar a dudas, es el efecto riqueza que va a generar su puesta en marcha.

De momento, las ventas de billetes con destino a la capital de la Costa Blanca –uno de los principales destinos turísticos españoles– se han disparado desde que se anunció el arranque del nuevo servicio de Renfe, cuya política de rebaja de precios también está surtiendo efecto, en forma de aumento de ocupación en toda la red AVE.

Un aumento de la movilidad hacia zonas turísticas es un claro elemento dinamizador para la que sigue siendo la primera industria española, el sol. No obstante, tras la apuesta por la alta velocidad –la red es de 3.100 kilómetros, solo superada por la china– también hay un claro ejemplo de cómo debe funcionar la colaboración entre el sector público y la empresa privada, sin desdeñar el apoyo que se recibe de Europa. Además, este nuevo AVE es un gran impulso para uno de los proyectos de futuro para la economía española: el corredor mediterráneo.

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