Señor director general, ¿tiene usted principios?

Ilustración de Hogue
Ilustración de Hogue

La lista de aberraciones contra la ética es muy larga. Estafas piramidales, engaño en productos financieros, bonos multimillonarios sin mirar la estabilidad de la compañía o del banco, deslocalización en países con condiciones infrahumanas para las plantillas, destrucción del medioambiente, identificar al empleado como un coste prescindible, igual que si fuera una toallita desechable… La prensa está repleta de estas noticias que afectan a los máximos ejecutivos de las sociedades privadas. Las escuelas de negocios, donde se forman miles de directivos al año, ¿qué hacen para evitarlo? ¿Entran en el debate o fomentan el libre albedrío en las decisiones de los profesionales?

En menor o mayor grado, todas las escuelas han decidido plantear este debate en sus aulas. Incluso la americana Thunderbird, con el español Ángel Cabrera al frente, lideró hace más de cinco años una iniciativa para que sus alumnos prometieran en público un compromiso ético en sus futuras carreras profesionales, una especie de juramento hipocrático para gestores empresariales. La iniciativa ha tenido escasa repercusión en España, donde las escuelas de negocio prefieren llevar al interior de las aulas el debate, dejando en cada profesor una mayor o menor incidencia en estos temas. Naciones Unidas capitaneó también una iniciativa, a la que se han sumado los principales centros de todo el mundo, sobre “principios para una educación responsable en gestión”, por la que se formen líderes empresariales “comprometidos a trabajar por una economía global, justa y sostenible”, aclara un portavoz de Deusto Business School, que se adhirió al manifiesto. “Dado el origen ligado a la Compañía de Jesús, la formación en valores forma parte del ADN del centro, es parte de su filosofía y de su tradición como escuela de negocios”, añade, para “formar profesionales íntegros, sensibles a las necesidades de las personas, socialmente responsables y cuya calidad humana impregne los modos de gestionar”.

“Las escuelas podemos enseñar estilos de liderazgo con valores empresariales, sociales y medioambientales”, señala Gloria Batllori, directora de programas MBA de Esade, otra institución ligada a los jesuitas. “No solo hay que tomar las decisiones con el criterio del beneficio, porque hay que retribuir a los empleados, respetar el medioambiente y saber que se vive una comunidad y si se pagan impuestos en un paraíso fiscal se daña el Estado del bienestar”. Explica que en las clases de finanzas, por ejemplo, se ha pasado de hablar de maximizar el valor para el accionista a optimizar el valor, que incluye más conceptos. Estos principios se enseñan en la asignatura de Responsabilidad Social Corporativa, “pero no es suficiente”, por eso, aseguran que se discuten en cualquier materia. “Está en el ADN de Esade”, resume esta profesora.

“Se ha primado el yo, yo, yo y yo, que el mercado es estupendo y que yo gane mucho dinero”, lamenta Joaquín Garralda, decano de ordenación académica de IE Business School. “Ahora, sin embargo, se pone énfasis en conseguir resultados a medio y largo plazo y en destacar que la empresa no está aislada, tiene una responsabilidad social”. Y remarca la palabra “prudencia” como el nuevo dogma en las clases. “Antes se decía: ‘el dinero está barato, úsalo’. Ahora se habla de los riesgos”.

En mayor o menor medida, todas las escuelas plantean el debate ético

Coincide con la percepción de Pablo Cousteau, director de programas especializados del Instituto de Estudio Bursátiles (IEB): “Es necesario una conciencia ética y principios, no solo en el corto plazo sino que se debe pensar en el largo plazo”, incluso en las bonificaciones de la alta dirección. Este centro apuesta por clases de ética incluidas en todos los cursos, sesiones entre los profesores para reforzar el mensaje de los principios y el lanzamiento de un nuevo Máster en Banca Responsable, donde se analizan las malas prácticas en cada área financiera. Aunque minimiza los errores de los banqueros y su mala reputación tras la crisis. “Los bancos españoles están bien valorados, llenos de gente honrada y eficiente. Son las entidades con problemas las que contaminan. Generalizar es injusto”. Hasta en el caso de las ventas de preferentes: “Ha habido un abuso de alguna entidad, pero hay que recordar que antes ha habido clientes que han ganado”.

Prudencia, justicia y honestidad son algunos valores que se enseñan

Trabajo honesto

“Prudencia” en la toma de decisiones, “justicia” en el trato con los demás, “moderación” y no avaricia, trabajo “honesto”, además de “optimismo” ante la crisis son los valores para los ejecutivos que destaca Joan Fontodrona, profesor de ética de IESE, centro ligado al Opus Dei. “Cuando llegan a las escuelas de negocio, los directivos ya tienen opiniones muy hechas. Pero nuestro reto es compartir y debatir los principios. Y que finalmente la ética esté presente en la toma de cualquier decisión”. Pero cree que hay muchos fallos en el sistema que hacen obviar esas reflexiones. “Hay un tema egoísta a la hora de resolver los problemas, porque primo lo que me interesa a mí. Hay también un mal diseño en los incentivos de las empresas. No hay más que ver lo que ocurrió con las preferentes”, lamenta. Pero va más allá: “Falta lealtad en los compromisos. Y se cae en el beneficio fácil. Por el camino sencillo se utilizan medios no adecuados, como es el caso de la especulación. Hay que recordar que el capital es menos comprometido que el trabajo. El capital huye al extranjero, a los paraísos fiscales, como ocurre con muchas empresas del Ibex mientras aquí hay seis millones de parados”. En el caso de los ajustes de plantilla, cree que cuanto más grande es la empresa y más lejos está el centro de poder, “más se deshumanizan las decisiones”.

Ahora hay directivos que se quedan en paro haciendo un MBA

El profesor del IE reflexiona también sobre este tema: “Respecto a los despidos siempre hay alumnos con posiciones darwinianas, que dicen que quien sobra se tiene que ir. Pero esto ha cambiado en los últimos meses. Ahora, hay algo que no se daba antes. Hay ejecutivos que se quedan en paro haciendo el MBA y ya no identifican al despedido con un número. Hay un debate porque todavía hay directivos con rechazo y escepticismo a tratar estos temas. Pero al menos lo hablan en un entorno relajado”.

Pero al salir del ámbito académico, el ejecutivo tendrá que tomar decisiones bajo su libre albedrío y bajo la presión empresarial. “Si descuidamos la enseñanza de estos aspectos, al final el profesional no le va a dar importancia en su día a día. Es necesario recordárselo”, insiste el directivo de IEB. “En algunas empresas el coste de decir que algo no está bien es heroico”, señala el profesor del IE. La docente de Esade lo tiene claro: “Estos directivos van a ser los líderes empresariales del futuro. Si no les importan los valores a ellos, no les van a importar a nadie”.

 

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