Editorial

Apalancamiento, mora y crédito

La tasa de morosidad de la banca española repuntó en enero hasta los 170.690 millones de euros, nada menos que el 10,78% del crédito bancario vivo y que el 17% del PIB nacional, cotas ambas que no se habían alcanzado nunca en la historia reciente de España. Unos umbrales que incluso podrían incrementarse en los próximos trimestres, dado que la crisis sigue deteriorando las cuentas de las familias y las empresas, puesto que la economía aún no se ha estabilizado, y que la cartera de crédito total mengua por el doble efecto de la paralización del crédito nuevo y por el vencimiento vegetativo de una parte del concedido. En otras palabras, el desapalancamiento de la economía, necesario para generar solvencia en los agentes económicos, supone una elevación natural de la morosidad, aunque en absoluto representa ello un deterioro de la solvencia bancaria.

Pero la banca debe aprovechar también el vencimiento vegetativo de deuda para conceder nuevo crédito. Tras el ajuste del sector por el rescate bancario, la banca competitiva debe aprovechar cuantas oportunidades solventes se presenten para ganar cuota de mercado y negocio y, de paso, restablecer los flujos de crédito hacia los particulares y las empresas, cuya ausencia es ahora una de las causas de la parálisis del crecimiento.

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