El presidente del BCE cree "exagerado" hablar de guerra de divisas

Draghi cree que la reforma financiera ayudará a reactivar el crédito a finales de año

El presidente del BCE alabó ayer en el Congreso la reforma del sistema financiero, que ha dotado a España del "mejor sistema de saneamiento y recuperación de la zona euro" y que, junto al rescate europeo y la línea de liquidez, deben permitir una reactivación del crédito en la segunda mitad del año. Mario Draghi defendió una política "acomodaticia" de los tipos y consideró "exagerado" hablar de una "guerra de divisas".

A puerta cerrada y sin taquígrafos, siguiendo el precedente sentado en el Bundestag alemán, compareció ayer el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en el Congreso de los Diputados. Una intervención más polémica por las formas que por su contenido, que igualmente terminó siendo colgada en youtube por algunos diputados de ICV, pese a los esfuerzos manifiestos del presidente de la Cámara, Jesús Posada, por que las palabras de Draghi no fueran "radiadas en directo", lo que incluyó el uso de inhibidores para teléfonos móviles. Draghi, que acto seguido se dirigió a la prensa asegurando que no le hubiera molestado una comparecencia abierta, repitió ante los medios el espíritu del discurso anterior: que España está "en el buen camino" y que la reforma del sistema financiero, en la que ensalzó el papel del BCE, ayudará reactivar el crédito a finales de 2013.

Draghi, tradicionalmente crítico con la reestructuración bancaria impulsada por las autoridades españolas -llegó a decir que la intervención de Bankia había sido ejecutada "de la peor manera posible"-, marcó las distancias jerárquicas pese a sus nuevos elogios. Así, el italiano rehusó recorrer los 500 metros que separan el Congreso del Banco de España para visitar a su gobernador, Luis María Linde, al que recibió en la propia Cámara sin que trascendiese su conversación.

Tampoco se hizo público el contenido del encuentro que mantuvo posteriormente con el presidente del Gobierno, al que visitó en La Moncloa. Pese a los previsibles matices de estos encuentros privados, el mensaje que vino a lanzar el italiano es el de que pese a que es "consciente de que la situación económica y la social son muy difíciles y la gente lo está pasando mal", el país "está en el buen camino, y hay varias señales positivas" que lo demuestran, entre las que citó la mejora en las exportaciones o la reconducción del déficit por cuenta corriente.

Pensando en "los que han perdido sus trabajos y sobre todo en los más jóvenes", Draghi pidió paciencia para ver el efecto de las reformas estructurales aprobadas, argumentando que se ha "mejorado claramente la flexiblidad laboral" aunque eso aún no haya incidido en el 26% de tasa de paro que soporta el país.

Un problema a solucionar para el que, a puerta cerrada, reclamó como imprescindible el papel de la banca. "Necesitamos que proporcione una oferta de crédito sólida para apoyar la inversión y la creación de empleo", dijo, recordando que "tres cuartas partes de la financiación externa de las empresas procede de las entidades de crédito".

En este sentido, el presidente del BCE celebró el papel jugado por la barra libre de liquidez facilitada a la banca europea de la que "España es la mayor receptora", con "el 30% de todos los créditos" frente a el "6% de antes de la crisis". En total, unos 300.000 millones de euros, "un 28% del PIB" español, que "han impedido que a finales de 2011 y principios de 2012 hubiera una crisis de financiación de condiciones mayúsculas tanto para España como para otros países".

Financiación aparte, Draghi reseñó otros dos problemas para la vuelta del crédito. Uno, la debilidad de capital para la que "el programa de ayuda financiera ya está mostrando resultados", permitiendo que los bancos españoles estén "mucho más saneados". En tercer lugar, está "el riesgo que los deudores no devuelvan el dinero, lo que "tiene mucho que ver con el estado de la economía". Por eso, argumentó, "la deuda existente es un obstáculo para los que toman prestado el dinero".

"Eso irá mejorando según mejore la economía, prevemos que en la segunda parte del año haya una recuperación modesta y lenta en la eurozona", dijo, "y veremos flujos de crédito".

"Creo que se ha hecho mucho y se ha avanzado en la reestructuración del sistema bancario. España tiene ahora el mejor sistema de saneamiento y recuperación de la zona euro" remachó. "Cuando las dificultades son tan serias es muy difícil tener la perspectiva adecuada, pero si echamos un vistazo a noviembre o diciembre de 2011 tendrán que reconocer el enorme progreso", concluyó.

Compromiso fiscal

Volviendo al terreno macroeconómico, Draghi recomendó al Gobierno elaborar "un plan a medio plazo con información detallada de cuáles van a ser los recortes en materia de gasto y los posibles aumentos de impuestos" previstos para cumplir con el compromiso fiscal, eso sí, bajo el calendario que imponga la Comisión Europea. Poco antes, a puerta cerrada, advertía a los diputados que los objetivos de las reformas deben ser "lograr un funcionamiento mejor y más solido y sí, también más justo, de las economías, en beneficio de todos los ciudadanos" e instaba al Gobierno a "reorientar los motores del crecimiento hacia sectores productivos" y a "recuperar la competitividad mediante la contención o reducción de costes, a través de un aumento de la productividad y moderación salarial".

La guerra de divisas

En cuanto al papel del BCE en la consecución de la recuperación económica de la eurozona, Draghi apostó por la actual "política acomodaticia de los tipos de interés" que mantiene el precio del dinero en mínimos históricos (0,75%).

Finalmente, Draghi ha defendido que hablar de "guerra de divisas es algo exagerado y no hay nada que se le parezca", achacando al "regreso de la confianza en la zona euro" la apreciación de la moneda común frente al dólar de los últimos tiempos. El presidente del BCE_también restó importancia a la agresiva política cambiaria que el Banco Central de Japón ha puesto en marcha bajo el nuevo Gobierno nipón, y recordó el compromiso del G-7 de no interferir con medidas nacionales en el mercado de divisas internacional.