Telecomunicaciones

Cuando el teléfono era solo para hablar

El fin de la exclusividad, la revolución de la telefonía móvil y la generalización del servicio de internet transforman el sector

Positivo. Este es el adjetivo que en general acompaña al balance del sector de las telecomunicaciones. De hecho, es quizá uno de los que más se ha transformado en los últimos años, hasta el punto de que poco tiene que ver lo que entendemos hoy por telecomunicaciones con lo que eso significaba allá por 1978. Por entonces, el sector tenía unos ingresos de 550 millones de euros; hoy son 35.000 millones, según datos de su principal asociación, Ametic.

Se trata, según José Manuel de Riva, presidente de la mencionada asociación, de una de las áreas de actividad económica que tradicionalmente mejor ha reaccionado en momentos de crisis, "aprovechando las oportunidades y evolucionando para convertirse en el tractor de la recuperación económica, generando valor añadido neto en el resto de sectores de actividad económica".

En la actualidad España cuenta con una buena red de infraestructuras y equipamientos que ha posibilitado minimizar la brecha digital desde el punto de vista de la oferta y que nos permite asomarnos al futuro con optimismo. Desde la industria resaltan que ocupamos posiciones de liderazgo o cercanas a ellas respecto a Europa en cobertura de banda ancha fija sobre población rural; en líneas de banda ancha fijas con velocidad superior a 10 Mbps, en empresas con conexión de banda ancha fija, en penetración de smartphones, etc. "El sector de las telecomunicaciones es quizá uno de los que ha convergido con mayor éxito con Europa en los últimos 35 años, llegando incluso a ser puntero en algunos ámbitos", resalta Celso García Granda, socio responsable de telecomunicaciones y media de KPMG en España.

Se ha pasado del monopolio a una dura competencia

Sin duda, el cambio más reseñable a lo largo de estos años hay que buscarlo en el paso de una actividad en monopolio a una en dura competencia. "Esta evolución ha estado marcada por el aprovechamiento de oportunidades tecnológicas como el móvil, el ADSL o el cable, que han propiciado la consolidación de varios operadores y están impulsando otra gran oportunidad tecnológica como es internet, el proceso de digitalización y transformación de la economía y la sociedad española en general", señala De Riva.

¿Alguien pensó hace tres décadas y media que en España se estarían batiendo el cobre tres de los grandes operadores mundiales y que uno de ellos sería español? Efectivamente mucho ha llovido desde aquellos tiempos en los que Telefónica era la dueña de todo el negocio y, además, ni una sola peseta procedía de fuera del país. Hoy la operadora ha ampliado su gama de servicios hasta límites que pocos imaginaban y factura mucho más fuera de España que dentro.

La movilidad, una gran revolución

Cuando CincoDías nació había unos 10 millones de teléfonos instalados. Con el paso de los años raro era el hogar que no tenía esa modernidad, pero hoy en día, sin embargo, apenas hay 41 líneas por cada 100 habitantes. Y es que la telefonía móvil hace tiempo que le ganó, de largo, la batalla a la fija. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que con los móviles de hoy hablar es casi lo de menos, ya que con estos aparatos se puede escribir, navegar por internet, jugar y un larguísimo etcétera.

Pero hace 35 años la movilidad en las comunicaciones era una posibilidad reservada a solo unos pocos y no con muchas comodidades. El antepasado más reciente lo encontramos en 1976 con el servicio de "teléfono automático en vehículos". Se trataba de unos equipos de lo más aparatoso y que solo se podían utilizar en los automóviles. Posteriormente, en 1982, se inició la prestación del servicio de telefonía móvil automática en la banda de los 450 MHz. Se trataba de sistemas pioneros que introducían, según recuerdan desde la CMT, por primera vez una característica revolucionaria para los servicios de comunicación comerciales de los años ochenta, como era la movilidad. Al ser esta una tecnología muy anticuada y que también precisaba de grandes equipos, se puso en funcionamiento, en 1990, la banda de los 900 MHz, bajo la marca Moviline. Para cuando llegó la tecnología GSM, en 1995, ya había un millón de usuarios, coincidiendo con la apertura del operador Airtel. Se llegó a 24 millones de usuarios en cinco años y a más de 40 en el lustro siguiente. Fue ahí cuando el sector demostró su capacidad para prestar un servicio que no tenía nada que envidiar al que desarrollaban otros países europeos. De hecho, España, pese a sus características orográficas, alcanzó pronto cobertura casi total.

La introducción de la tecnología UMTS tuvo un periodo de maduración más prolongado. En plena burbuja tecnológica, se concedieron licencias a precios muy elevados que tuvieron sus consecuencias en las cuentas de resultados de las compañías. Por entonces, la penetración de la telefonía móvil era del 90%. Las instituciones europeas tenían claro que había que poner fin a los monopolios, por eso el Gobierno decidió privatizar Telefónica en 1997, además de propiciar el nacimiento del segundo operador, Retevisión. Con la liberalización de la telefonía en diciembre de 1998 empezaron a operar empresas como Uni2, Jazztel o Comunitel y los llamados cableros regionales, tipo Madritel o Euskaltel.

Es precisamente la asociación con el cable lo que ha permitido el despegue de lo que hoy en día es una de las áreas más importantes del sector: internet. La necesidad de facilitar el acceso a las por entonces denominadas autopistas de la información comenzó a ganar peso en las estrategias de las compañías, que pronto vieron su potencial para generar ingresos al tiempo que amenazaban a servicios tradicionales como la Voz sobre IP. En 1997 había un millón de usuarios, que se convirtieron en 13 millones en 2005. Sin embargo, el porcentaje de hogares conectados a internet por entonces era de solo el 36%, frente al promedio de la UE, que era del 53%. Hoy esa brecha se va suavizando, pero aún estamos lejos de las cuotas de los países nórdicos, por ejemplo.

550 millones de euros

Estos eran los ingresos del sector de las telecomunicaciones en 1978. En la actualidad llegan a los 35.000 millones de euros, según datos de Ametic.

Una nueva palabra: 'zapping'

Había otro gran sector que cuando nació este periódico era un monopolio y hoy un negocio que se disputan numerosos operadores. No fue hasta 1989 cuando se permitió el acceso al mercado de la televisión a otras cadenas, y se hizo con la concesión de tres licencias. Con ellas nació el zapping, el salto de una a otra para evitar anuncios. Significó también el primer cimiento para que surgieran después las emisiones de pago, primero por satélite y posteriormente por cable, un negocio en el que convivieron al principio dos plataformas televisivas: Canal+ Satélite (de Sogecable) y Vía Digital (de Telefónica), hasta su fusión en 2003 para operar bajo el nombre de Digital Plus.

Telefónica instala sus primeros 10 millones de líneas

1978. Por entonces era la única operadora en España y todos dependíamos de la compañía y de sus técnicos para poder comunicarnos desde casa o en el trabajo. El teléfono sonaba parecido a ring y para marcar había que introducir un dedo y girar un mecanismo para indicar número a número el código del abonado con el que queríamos hablar. En aquellos años se estilaba el modelo góndola, aquel aparato blanco (o rojo para los más modernos) y alargado que permitía bien ser colgado en la pared o reposar sobre la mesilla.

Fin del monopolio de TVE

1990. A lo largo de la década de los ochenta comienza a producirse en toda Europa una liberalización del mercado de las comunicaciones que en España se traduce en la aparición de las cadenas regionales y en la concesión de licencia a tres nuevas televisiones privadas que emprenden sus emisiones en 1990: Antena 3, Telecinco y Canal Plus, esta última en la modalidad de pago. La apertura del mercado televisivo decidida por el Gobierno de Felipe González supuso un claro descenso en la audiencia para TVE y una verdadera revolución en el mercado publicitario.

Se concede una segunda licencia de móvil

1994. Telefónica ya nunca más volvería a estar sola. Sus marcas Moviline y Movistar empezaron a tener que competir con Airtel, concesionaria de la segunda licencia de telefonía móvil. La llegada al mercado de la compañía participada por la empresa estadounidense de telecomunicaciones Airtouch, la británica British Telecom y varias empresas y entidades financieras españolas supuso el inicio de una guerra de tarifas que aún protagoniza el sector ahora que se disputan el negocio muchas más operadoras.

Nace la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones

1996. Creada por el Real Decreto-Ley de 7 de junio de 1996, de Liberalización de las Telecomunicaciones, el organismo público regulador nació como supervisor de las obligaciones de los operadores que estaban por llegar al mercado español y el fomento de la sana competencia. Sin embargo, si por algo se ha caracterizado durante estos años es por haber actuado de árbitro entre los distintos protagonistas de un sector sometido a numerosas normativas y constantes cambios legislativos.

Liberalización de la telefonía fija

1998. Cuando el Gobierno aprobó la Ley General de Telecomunicaciones, en noviembre de 1998, siguiendo los dictados de la Unión Europea que obligaban a la definitiva liberalización del sector, se concedió una licencia de acceso indirecto a Retevisión. La empresa operaba sin red propia y los usuarios debían anteponer el prefijo 050 para, al principio, hacer solo llamadas locales. No fue hasta septiembre de 1998, con la progresiva apertura del mercado, cuando se produjo la liberalización completa y fue posible hacer llamadas provinciales.

Fusión de las plataformas digitales de televisión

2003. La actual Digital+ es fruto de la integración de las dos plataformas de televisión digital que competían en el mercado hace diez años: Vía Digital, propiedad de Telefónica, que operaba a través de Hispasat, y Canal Satélite Digital, propiedad de PRISA TV, que operaba a través de Astra. Las pérdidas económicas de ambas compañías hicieron inevitable una fusión que tuvo que superar las numerosas y polémicas condiciones propuestas desde Bruselas e impuestas por el Gobierno español.