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La inestabilidad del norte de África

La intervención francesa en Mali y la posterior crisis en Argelia son dos recordatorios brutales de que el conjunto del norte de África es más frágil desde la primavera árabe de 2011. Esta desagradable realidad puede sorprender a cualquiera que prefiera ignorar la política y la historia. Pero el pánico del inversor mañana sería tan estúpido como la despreocupación de ayer.

Incluso desde la guerra civil de Argelia, que enfrentó al ejército contra los movimientos islamistas hace dos décadas, el gobierno del país ha tomado medidas drásticas contra los grupos islamistas. También ha sido especialmente cuidadoso en asegurarse la seguridad de sus infraestructuras de gas y petróleo. El ataque del ejército a los secuestradores en In Amenas no es, desde la perspectiva de Argelia, un error. La dureza es vista como un ejemplo. Pero esta crisis también muestra que el país no puede ignorar los desafíos en sus fronteras.

Ahora será más claro para todos que el contagio es una realidad. Los tres movimientos islamistas contra los que lucha Francia en el norte de Mali están muy armados, gracias a los ricos arsenales que Gaddafi construyó en Libia, que quedaron vacíos tras su caída. Los contendientes pueden moverse sin problema por el desierto del Sahara, incluyendo el sur de Argelia.

François Hollande podría sentirse solo en Mali y podría desear un apoyo europeo. Pero el presidente francés y cualquier aliado suyo deberían aprender de la última intervención militar en la región, que no fue suficiente para ganar a los malos. Se necesita un trabajo político serio para asegurar que a los regimenes caídos no les suceden estados débiles.

En el norte de África, Libia está dividida a lo largo de líneas regionales y tribales, el gobierno de Túnez está presionado por los movimientos radicales salafistas, Argelia es frágil y no puede gastar todo el dinero del petróleo en evitar disturbios por los alimentos. La monarquía marroquí es la única que puede seguir siendo amistosa, pese a que el ritmo de las reformas es lento. Pero nada ha cambiado con la crisis del secuestro. Los inversores que eligen abandonar ahora no deberían haber estado nunca.