¿Dónde invierten las grandes fortunas?

Los patrimonios elevados buscan ahora una menor exposición al ladrillo, inversiones con más liquidez e internacionales. Apuestan por los países fuera del euro y emergentes

Los grandes inversores han bajado su nivel de exposición a los activos inmobiliarios, excepto Amancio Ortega, claro", bromea Borja Durán, consejero delegado de Wealth Solutions, firma de asesoramiento financiero a grandes patrimonios. Y es que las familias adineradas en España han buscado exponer en menor medida sus carteras al ladrillo, un sector que todavía no ha tocado suelo. Excepto para aquel que tenga tanto dinero que se pueda arriesgar y buscar chollos en el mercado.

"La crisis ha cambiado el patrón de inversiones. Los grandes patrimonios han descubierto que la liquidez importa y ya no se apuesta tanto por el inmobiliario y el private equity [empresas no cotizadas] y ha bajado el ratio de apalancamiento. Ahora mismo, liquidez y apalancamiento son una bomba de relojería", señala Durán. Y por último, "si antes estaban mayoritariamente con inversiones en España, se ha buscado fuera, aunque en general les cuesta salir y custodian el patrimonio aquí".

Los gestores de estos grandes patrimonios confirman unánimemente que los ricos españoles se han vuelto más conservadores en sus inversiones. "Hay una aversión al riesgo", sentencia José Luis Jiménez, director general de March Gestión, que controla las Sicav de la familia de banqueros March. "Los grandes inversores piden transparencia, quieren invertir en algo que entiendan, no desean nada exótico". Por ejemplo, explica que tiene mucho éxito su fondo del vino, que invierte en empresas cotizadas vinculadas a la cadena de producción de la bebida. "Es algo que estas personas entienden, que vinculan al lujo y a la revalorización".

Los ricos piden transparencia en sus inversiones, no quieren nada exótico

Desde esta gestora se dirigen las tres Sicav españolas de los March (Torrenova, Bellver y Lluc Valores) y March International, domiciliada en Luxemburgo. Como peculiaridad, en estas sociedades permiten sumarse a cualquier persona externa a partir de 10 euros de inversión. "Somos prudentes. La familia ha venido haciendo lo mismo desde hace muchos años. Nos gustan las empresas familiares porque tienen menos riesgo", asevera Jiménez. Aún con cierto conservadurismo, afirma que la rentabilidad de Corporación Financiera Alba (el holding familiar) se mantiene al mismo nivel que Berkshire Hathaway, del magnate Warren Buffett.

En los últimos años, ha sido objeto de debate la tributación de las Sicav (sociedad de inversión de capital variable), un instrumento que han utilizado las grandes fortunas. Permite tributar al 1% mientras se reinvierta lo ganado y no se retiren las plusvalías, que entonces tributan al 27% como rentas de capital. Además, se requieren más de cien accionistas para constituirla, lo que supone que normalmente se complete el listado con hombres de paja con inversiones mínimas, vinculados a las empresas familiares. "Este debate ha hecho daño a las Sicav, que se han ido desmantelando. Quedarán alrededor de 3.000 y cada vez habrá menos", explica Durán. "Sobre todo cuando los fondos de inversión ofrecen la misma tributación y existen las Sicav equivalentes en Luxemburgo", coincide Paolo Mezza, director de inversiones de Arcano Wealth Solutions. "Es más, los fondos son menos transparentes que las Sicav, no tienen que comunicar a la CNMV quién participa", aclara Durán.

Los casos de grandes fortunas suelen utilizar lo que se denomina family office, un holding patrimonial desde donde se controlan todas las inversiones. Son, por ejemplo, los casos de Omega Capital (Alicia Koplowitz), Inveravante (Manuel Jove), Casa Grande de Cartagena (familia Del Pino, dueños de Ferrovial), Torreal (Juan Abelló), Rosp Corunna (Rosalía Mera, exesposa de Amancio Ortega) o Landon (de los Gallardo, fundadores de Almirall). El caso más conocido y particular es el de Amancio Ortega y su family office Pontegadea. Con unos ingresos millonarios en efectivo provenientes de Inditex, el quinto hombre más rico del mundo, según Forbes, ha seguido invirtiendo en inmuebles a pesar de la crisis del ladrillo, como la adquisición, hace justamente un año, de la Torre Picasso de Madrid.

"Con el inmobiliario hay una paradoja. La gente ha salido pero hay oportunidades muy buenas, puede ser anticíclico como está viendo Amancio Ortega", cree Mezza. "Sobre todo en inmuebles de primer nivel, en lugares muy representativos, oficinas y hoteles", coincide Carmelo Lázaro, director de gestión de grandes patrimonios de Tressis. "Es el momento de asumir riesgos", apunta el ejecutivo de Wealth Solutions.

El camino que ha seguido el dinero de los acaudalados les ha llevado a apostar por la renta fija, diversificando en divisas, según explica Mezza, comprando deuda de países con calificación triple A, fuera del euro, y en países emergentes. Además de apostar por bonos corporativos en esos países o en grandes empresas europeas, sobre todo con ingresos del exterior. "En nuestro caso hemos continuado invirtiendo en renta fija corporativa de alta calidad en España, ya que la incertidumbre ha generado buenas oportunidades. Hace unos meses, por ejemplo, los bonos cortos de Telefónica daban alrededor de un 7% de rentabilidad", relata Santiago Hagerman, socio de GBS Finanzas Family Office.

Sobre las tendencias para 2013, los gestores de grandes patrimonios ven, de nuevo, oportunidades en Bolsa. "Pensamos que seguirá siendo un año difícil para la economía española, pero podríamos empezar a tocar fondo y a ver cierta luz al final del túnel. El próximo año podría ser un buen momento para empezar a hacer selectivamente inversiones en renta variable, en relación con que la situación mejore en 2014", explica Hagerman. Para Mezza, también habrá oportunidades de inversión en reaseguros y fondos de direct lending, que ofrecen préstamos a empresas ocupando el lugar de los bancos.

Como característica especial de estas fortunas, cuenta Mezza, también se encuentra una inquietud por la "inversión filantrópica", en fondos especializados en pequeñas start-ups (pymes normalmente vinculadas al mundo tecnológico) y en microcréditos en países en desarrollo, donde importa menos el retorno económico.