Los efectos de la crisis en el sector exterior

Los exportadores bajan precios y márgenes para mantener sus ventas

La parálisis de la economía española lleva el déficit corriente a mínimos históricos.

La recesión en la que está sumergida la economía española también está provocando consecuencias positivas. Uno de los desequilibrios endémicos ha sido el del déficit por cuenta corriente, que marca las dependencia de financiación del exterior. Este marcó máximos históricos en 2007 y 2008, antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria en España y del estallido de la crisis financiera mundial, al llegar a los 104.000 millones de euros, más de un 10% del PIB. Una gran parte de ese voluminoso déficit corriente procedía de la balanza comercial, que arrastraba una diferencia negativa entre exportaciones e importaciones de 97.700 millones en 2008.

Cinco años de crisis después, la situación ha cambiado radicalmente. El déficit corriente se ha reducido hasta los 14.400 millones en la media anual que surge de los datos de los cinco primeros meses, lo que supone un mínimo de la serie histórica que mide el Banco de España desde 1990. Algo similar ocurre con el déficit comercial, que en media anual roza los 11.000 millones de euros este año, una décima parte de lo alcanzado en 2007.

La lectura positiva que se puede extraer de estos datos es que las necesidades de financiación del exterior se han reducido drásticamente y libera a las empresas de la losa de un mayor endeudamiento. Otra interpretación más negativa invita a pensar que la mejora de la posición exterior de España obedece casi en exclusiva a la parálisis de la economía española, que ya ha encadenado dos recesiones (dos trimestres consecutivos con caídas del PIB) en los últimos tres ejercicios.

El consumo de los hogares y la inversión empresarial están en tasas negativas desde el inicio de la crisis y eso ha provocado un desplome sin precedentes de las importaciones. Cuando la economía funcionaba a todo gas, las empresas compraban al exterior bienes y servicios para satisfacer una demanda interna que parecía no tener límite. En el escenario actual, las importaciones se han reducido a mínimos históricos.

En la mejora del saldo comercial de España también ha tenido un papel protagonista el esfuerzo realizado por las empresas exportadoras para ganar competitividad y mantener su cuota de mercado en un entorno en el que la pujanza de los países emergentes está restando mercado a los países desarrollados, entre ellos España. Un buen ejemplo de ello lo ofrece el índice de tendencia de competitividad de la economía española con la zona euro, que muestra que desde el inicio de la crisis se ha recuperado el 70% de la competitividad perdida durante los años de bonanza económica a través de los ajustes de precios y en especial de la moderación salarial.

Una tendencia a la que las empresas no van a renunciar, según muestra la última encuesta trimestral que realiza el Ministerio de Economía respecto a la coyuntura exportadora. Una de cada cuatro empresas confiesa que siguió bajando precios en el segundo trimestre de este año y una de cada tres reconoce que sus márgenes siguieron estrechándose para tratar de ganar o de no perder mercado. La cuota exportadora de España se redujo en el primer trimestre de este año, último dato disponible, hasta el 1,61% de los intercambios mundiales, lo que supone el mínimo histórico registrado desde 1993. ¿Cómo es posible que mejore la posición exterior y se haya perdido cuota exportadora? La razón está en que las exportaciones de otros países, especialmente los emergentes, ha crecido con mucha mayor intensidad que las españolas, lo que le ha relegado al decimosexto puesto en el ranking mundial, siendo superado por Arabia Saudí e India.

El esfuerzo por contener precios y márgenes, unido a la caída de las importaciones, es el que ha provocado que la balanza comercial de España con la zona euro y con la Unión Europea, tradicionalmente deficitaria, se haya dado la vuelta en los primeros meses de este año. La diferencia entre lo que las empresas exportan y lo que venden en la zona euro arroja un saldo positivo de 3.335 millones en los cinco primeros meses del año, lo que supone un incremento del 1,325% respecto al mismo periodo del ejercicio anterior.

Esa mejora se ha producido en los cinco grandes socios comerciales de España (Francia, Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido), que absorben la mitad de las ventas al exterior. El déficit se ha convertido en superávit en todos, excepto en Alemania, en el que el desequilibrio se ha reducido un 50% en los últimos doce meses hasta los 1.825 millones. Fuera de la Unión Europea, el saldo de la balanza comercial sigue siendo negativo con todos los países. El mayor corresponde a China.

El refuerzo de la posición exterior de España es un bálsamo para las deterioradas cuentas públicas, en las que la demanda externa es la única que aporta al crecimiento del PIB. Desde el tercer trimestre de 2008, la demanda interna presenta tasas negativas, que apenas puede ser compensada por el empuje de las exportaciones.

Las cifras

17,4% es el porcentaje de ventas de las empresas a Francia, el primer socio comercial de España.

1,61% fue la cuota exportadora mundial de España entre enero y marzo, lo que supone el mínimo en 18 años.

2,8 puntos porcentuales fue la aportación positiva del sector exterior al PIB en el primer trimestre de este ejercicio.