La ayuda de Bruselas acelerará la venta de una cartera histórica

Las cajas ponen en venta participadas por 20.000 millones

La inyección de fondos públicos europeos en el sector bancario español va a tener un claro efecto colateral: la venta de la cartera industrial de las cajas. Bruselas obligará a las entidades que reciban capital a reducir significativamente el número de participadas.

Bankia participa en IAG.
Bankia participa en IAG.

La extensa cartera industrial de las cajas de ahorros tiene los días contados. Los últimos decretos para aumentar la solvencia del sector (que obligan a las entidades a realizar fuertes provisiones en un corto periodo de tiempo), la próxima inyección de dinero desde los fondos de rescate europeos, y la nueva normativa internacional de solvencia -conocida como Basilea III-, presionan con fuerza en la misma dirección; vender.

Las inversiones de las cajas en empresas de todo signo eran una de sus señas de identidad, así como una lucrativa fuente de ingresos, vía dividendos, pero ahora los vientos soplan en contra del mantenimiento de estas carteras.

Aunque en los últimos dos años las entidades ya han ido vendiendo algunas participaciones, el sector todavía conserva importantes participaciones en compañías como IAG (la antigua Iberia, participada por Bankia), Deoleo (que cuenta con varias cajas en su accionariado), Iberdrola o Gas Natural. En total, las cajas cuentan con inversiones con un valor que supera los 20.000 millones de euros entre empresas cotizadas y no cotizadas, a pesar del desplome de las valoraciones de la mayor parte de compañías.

Bankia frente a CaixaBank

Las dos entidades que mayor cartera industrial han acumulado han sido Bankia y CaixaBank, aunque su situación es diametralmente opuesta. En el caso de la primera, su reciente nacionalización conllevará la obligación de desprenderse cuanto antes de todas sus participadas. El nuevo presidente, José Ignacio Goirigolzarri, ya ha puesto el cartel de se vende en todas salvo en Mapfre, que se considera un socio estratégico. Así, su participación del 20% en Indra o del 17% en NH Hoteles, se venderán en los próximos meses.

En el extremo opuesto está el grupo La Caixa. Controla el 13% de Repsol, el 5% de Telefónica, el 23,5% de Abertis, el 35% de Gas Natural. Cuatro participaciones que, en conjunto, superan los 10.000 millones de euros de valoración. La buena situación de la entidad en términos de solvencia ha hecho que la caja catalana haya sido mencionada como una de las tres entidades que no deberá buscar capital adicional.

En su caso, la única presión que recibirá es por Basilea III, aunque su presidente, Isidro Fainé, está haciendo campaña para evitar que la tenencia de cartera industrial suponga un excesivo sobrecoste en términos de capital.

Otras dos cajas que deberán vender sus participadas en los próximos meses son las nacionalizadas Catalunya Caixa y Novagalicia. El primer grupo mantiene un 1,5% de Iberdrola, como una participación significativa, mientras que las cajas gallegas tienen una cartera industrial mucho más amplia. En ambos casos, tal y como ocurre con Bankia, la futura inyección de fondos públicos para recapitalizar las entidades les obligará a vender todos aquellos activos que no son estratégicos.

"No tiene mucho sentido que entidades que van a recibir dinero de Europa sean accionistas de referencia de muchas de las grandes empresas españolas. Aunque vendan con minusvalías, al menos conseguirán generar liquidez, reducir balance y lanzarán un mensaje positivo de gestión activa del balance", explica José Enrique Concejo, responsable de entidades financieras españolas Société Générale Corporate & Investment Banking.

Las cajas medianas

Entre las medianas, la presión para vender no será tan fuerte como en las nacionalizadas, pero en algunos casos sí que será inevitable que se desprendan de algunas participadas. La situación más desahogada está en Kutxabank, que tiene una amplia cartera industrial pero que cuenta con capacidad para cumplir con los requerimientos de solvencia por sus propios medios. En cambio, BMN, Liberbank y Caja España Duero (en proceso de fusión con Unicaja, podrían verse obligados a vender.

El problema de desinvertir con minusvalías

Las cajas de ahorros se han mostrado hasta ahora muy reticentes a desprenderse de su cartera industrial, en contraste con lo que hicieron los bancos españoles. En los momentos buenos, argumentaban que esta cartera era un buen colchón de plusvalías para poder afrontar situaciones más complicadas pero, cuando los momentos malos han llegado, el sector se ha resistido a vender por considerar que los precios que se ofrecían por sus participadas eran demasiado bajos. Además, algunas de las participadas ofrecían una atractiva política de dividendos, una buena forma de mejorar la cuenta de resultados en un momento de caída de los ingresos bancarios tradicionales.

La situación ha cambiado ahora. En los últimos meses, Bankia ha vendido su participación en BME, Caja Mediterráneo el 5% que acumulaba en TUI y Novagalicia el 11% que tenía en la conservera Calvo.

"Las entidades deben poner a valor de mercado tanto los préstamos como su cartera de participadas. Cuando vendan, sufrirán un impacto en la cuenta de resultados en forma de minusvalías pero, a cambio, recibirán liquidez", explica Pablo Gómez de Pablos, socio director de GBS Finanzas.

El camino lo está marcando Bankia, que ha revisado el valor de su cartera de participadas, reconociendo un deterioro de su valor cercano a 4.000 millones de euros. A partir de ahora, toca vender, y si mejora la valoración de alguna de las compañías podrían incluso obtener alguna plusvalía.

"Tan solo con el reconocimiento de estos deterioros y con desinversiones conseguirán ir desbloqueando el problema y volver a dedicarse a dar créditos", apunta Gómez de Pablos.