TRIBUNA

Las elecciones en EE UU empiezan ahora

Han sido días movidos a este lado del Atlántico. Por un lado, los datos de empleo han sido peores de lo esperado, reanimando el debate sobre las perspectivas electorales de reelección del presidente Barack Obama. En el último mes se crearon solo 120.000 puestos de trabajo, por debajo de la media de los 200.000 que se habían creado a principios de año. Por el otro, se ha clarificado casi definitivamente la candidatura por parte del Partido Republicano, con la retirada del senador Rick Santorum, que ha dejado prácticamente asegurada la nominación como candidato del gobernador Mitt Romney.

A pocos meses de las elecciones presidenciales, la economía sigue siendo el gran caballo de batalla, y la fluctuación de los datos de desempleo y crecimiento van a ser los grandes determinantes de cómo los votantes estadounidenses respondan a la celebre pregunta formulada por el presidente Ronald Reagan en el año 1980: ¿le van las cosas mejor que hace cuatro años? De acuerdo con encuestas recientes, solo un 28% de los votantes responden afirmativamente a esa pregunta, lo cual no pinta muy bien para el presidente Barack Obama. Como referencia: cuando George Bush padre perdió en el año 1992, un 37% de los votantes respondían afirmativamente.

Sus niveles de aprobación están solo en torno al 50% (de acuerdo con Gallup, al 46%) y no ha habido ningún incumbente que haya sido reelegido sin haber sobrepasado esa barrera del 50%. Bush hijo, cuando ganó las elecciones en el año 2004, tenía niveles de popularidad del 53% a esta altura de la campaña y ganó por muy poco margen. Y el presidente Obama no ha pasado de la barrera del 50% desde hace más de un año. Por último, ningún presidente desde Franklin D. Roosevelt ha sido reelegido con una tasa de paro superior al 7,2%. Mientras no mejoren estos datos, esta será una elección muy abierta.

El problema para el presidente es que la respuesta a la pregunta de Reagan se va a basar en gran medida en la percepción de los votantes. Los datos muestran que la situación económica actual es mejor que era en el otoño de 2008: el desempleo está bajando lentamente (desde una tasa del 9,1% del pasado verano al 8,3% actual) y se han creado 3,1 millones de puestos de trabajo en los dos últimos años; el consumo crece (un 0,8% en el mes de febrero); el sistema financiero se ha estabilizado y el crédito fluye; la Bolsa muestra una tendencia ascendente; la economía crece (un 3% en el último cuarto trimestre de 2011 y se estima un 2,5% para 2012), y Estados Unidos se ha desmarcado de la crisis europea. Todo ello gracias a los paquetes de estímulo y las políticas expansivas de la Reserva Federal que ha mantenido los intereses cerca de cero durante más de tres años y lleva insertados 2,3 billones de dólares en compras de bonos del Tesoro y otros activos para proporcionar mayor liquidez.

Sin embargo, todavía hay datos preocupantes: el mercado de vivienda sigue sin tocar fondo y los precios siguen cayendo; el precio de la gasolina sigue aumentando; los ingresos medios siguen cayendo, y la deuda y el déficit siguen subiendo, lo que llevó a la bajada de la máxima nota crediticia por parte de Standard & Poor's. Por último, el fin de las ayudas fiscales a las rentas más altas y a asalariados y la nueva fase de austeridad pueden afectar negativamente al crecimiento.

Desde el punto de vista político hay otros factores que tampoco favorecen a Barack Obama. Pese a la dureza de las primarias republicanas, los votantes de este partido le detestan y pese al poco entusiasmo que Romney despierta entre muchos de ellos, harán todo lo posible para que gane el próximo noviembre. Al mismo tiempo, la ventaja abrumadora de dinero que tuvo el presidente Obama en el año 2008 no se va a repetir. Esta será la primera elección en que ninguno de los candidatos va a usar dinero público, pero los republicanos están consiguiendo mucho más dinero para las famosas super-PACs que pueden recaudar cantidades ilimitadas.

El mayor riesgo para Barack Obama sigue siendo el frágil estado de la economía estadounidense. Ahora mismo, el presidente de EE UU tiene el viento a su favor, pero la campaña electoral acaba de empezar. La crisis de Europa puede ser decisiva. Los Gobiernos conservadores europeos pueden ser clave en el resultado: si siguen empujándonos hacia el abismo con sus políticas de austeridad van a facilitar la elección de un presidente republicano en Estados Unidos. Este sería un resultado del que luego se podrían tener que arrepentir.

Sebastián Royo. Catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Suffolk en boston (EE UU)