Los dos últimos programas de estabilidad señalan diferencias inconciliables en sus previsiones

Optimismo socialista, prevención popular

Las últimas cuentas enviadas por el Gobierno a Bruselas auguran una legislatura sin empleo y con la actividad planchada. Su realismo crudo o exceso de prevención contrastan vivamente con el desaforado optimismo dibujado por el PSOE hace solo un año.

El programa de estabilidad aprobado el pasado viernes por el Consejo de Ministros recoge una serie de previsiones económicas que de puro crudas pueden tornarse en desoladoras. El Gobierno reconoce que la actividad económica no remontará hasta 2014, y aun entonces el producto interior bruto apenas avanzará un 1,4%. Más descorazonadora todavía es la previsión de desempleo: después de un alud de ajustes fiscales y reformas estructurales, el Ejecutivo no aspira a reducir la tasa de paro en el conjunto de la legislatura.

Sea porque la situación real es así de dramática, sea porque el Gobierno quiera ponerse la venda antes de la herida, el caso es que los pronósticos del Ejecutivo del Partido Popular contrastan vivamente con las últimas realizadas por el Gobierno socialista, apenas un año atrás.

El último programa de Estabilidad elaborado por el equipo de Elena Salgado pecaba precisamente de lo contrario que el actual de Guindos. Vista la evolución de los acontecimientos, ahora mismo parece un disparate haber pronosticado que el PIB crecería este año un 2,3%, cuando todas las previsiones recientes hablan de caídas de, al menos, 1,5 puntos porcentuales.

Los autores de esos pronósticos pueden argumentar que el panorama económico se agravó en gran medida durante el pasado verano, cuando el Banco Central Europeo tuvo que realizar compras masivas de deuda soberana de Italia y España. Desde entonces, apenas se ha conocido ninguna noticia positiva en el ámbito de la macroeconomía.

Ya el año pasado la realidad demostró el optimismo socialista: el PIB solo creció un 0,7%, lejos del 1,3% pronosticado. Para el año en curso, los programas de estabilidad socialista y popular difieren nada menos que en cuatro puntos porcentuales; esas distancias se estrechan después, aunque todavía en 2014 habrá una importante diferencia (el PP espera un crecimiento del 1,4%, por un 2,6% que previeron los socialistas).

El optimismo del último gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero también quedó en evidencia el año pasado con la cifra de déficit público: el 6% marcado en su programa de estabilidad fue ampliamente superado por la realidad, en la que las comunidades autónomas llevaron el desequilibrio fiscal hasta el 8,5%. Tanto el PSOE como el PP prevén llegar al 3% en 2013, aunque el punto intermedio de 2012 difiere (el PP señala el 5,3%, frente al 4,4% de los socialistas).

Menor fue el desvío del año pasado en la previsión de deuda pública del gobierno del PSOE, que apostaba por un 67,3% del PIB, frente al 68,5% realizado. La divergencia es más clara respecto a los cálculos populares: el equipo de Guindos espera acabar este año con un 79,8% de deuda, once puntos largos por encima de lo que predijo el de Salgado. Para 2014, la diferencia se extiende hasta casi 13 puntos.

El ejercicio de realismo crudo o exceso de prevención practicado por el PP cierra el periodo en el que se solapan las previsiones con un oscuro panorama para 2014: crecimiento del 1,4%, paro en el 22,3% y deuda en el 81,5% del PIB. Entre las grandes cifras macroeconómicas, la apuesta popular es clara: el déficit se limitará entonces al 2,2%, y en 2016 se alcanzará el nirvana del equilibrio fiscal. La ortodoxia, por encima de cualquier otra consideración.