En EE UU hubo 45.000 demandas entre 2005 y 2010

Cómo entender la guerra de las patentes

Compañías como Apple, Microsoft o Motorola acuden cada vez más a la justicia para demandar a sus rivales y proteger sus propias invenciones, mientras que se pertrechan con patentes de terceros para aumentar su arsenal.

La guerra de las patentes
La guerra de las patentes

El último capítulo de la guerra de las patentes entre las grandes compañías de tecnología lo escribían la pasada semana Apple y Microsoft al demandar a Motorola, empresa comprada recientemente por Google. El motivo: creen que la compañía obstaculiza la fabricación de sus productos estrella, tales como el iPhone, el iPad, Windows o Xbox.

La lucha por desarrollar nuevos productos o abrir nuevos mercados está provocando un maremágnum de demandas y contrademandas entre los principales fabricantes tecnológicos del mundo. Los aparatos que antes solo servían para hacer llamadas se han convertido hoy en día en potentes artilugios que, entre otros servicios, reproducen música, sacan fotos casi como cámaras profesionales o navegan por Internet. Con cada avance tecnológico, aumenta la guerra de patentes, puesto que las empresas no quieren compartir sus progresos o quieren que se les pague por su uso.

La patente es un derecho otorgado por el Estado a un inventor para impedir que terceros hagan uso de la tecnología patentada. Por tanto, el titular de la patente es el único que puede hacer uso de ella o autorizar a otros a que la utilicen, pero bajo sus condiciones. Las patentes se otorgan, eso sí, por un tiempo limitado, que actualmente es de veinte años según normas del ADPIC (Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio). Pasado ese tiempo, pasan a ser de dominio público.

¿Cuál es el problema en el caso de las empresas tecnológicas? Que evolucionan a un ritmo vertiginoso y no pueden esperar 20 años para adoptar avances, aunque estén patentados por otras compañías. La industria evoluciona y los progresos no pueden hacerse esperar, y menos dos largas décadas. De ahí la guerra de patentes.

Demandas y contrademandas sin fin

La maraña de demandas no parece acabar nunca y desenredarla es complicado, aunque desde Information is Beautiful ya lo han intentado en uno de sus gráficos.

Motorola, propiedad de Google, tiene una demanda de Oracle por usar el lenguaje de programación Java en su sistema operativo Android. También tiene otra de Microsoft, por su uso de la codificación de vídeo, a lo que Motorola contrademandó por implementación del correo electrónico, la mensajería instantánea y el Wi-Fi. Nokia llevó a los tribunales a Apple por violar diez de sus patentes en 2009. La compañía de la manzana contrademandó por vulnerar otras tantas.

HTC demandó a Apple por infringir su tecnología de gestión de la energía y la empresa fundada por Steve Jobs respondió con una contrademanda por el uso de pantallas táctiles y tecnología de reconocimiento de gestos.

De hecho, Apple, una de las empresas con más frentes abiertos, trató de evitar también el lanzamiento del Samsung Galaxy Tab aduciendo violación de patentes, y consiguió que durante unos días un juez alemán bloqueara la venta de este artilugio en Europa.

Las últimas en entrar en esta contienda han sido las redes sociales. La semana pasada, Facebook contrademandó a Yahoo por infringir diez de sus patentes, relacionadas con las fotografías, la posibilidad de compartir imágenes y la incorporación de ellas en el historial de los usuarios. Yahoo ya había demandado hace unas semanas a la red de Mark Zuckerberg por violar patentes relacionadas con la publicidad y la protección de la privacidad.

La compra de patentes, maniobra para ganar la guerra

Las técnicas para intentar ganar esta guerra son diversas, pero hay una que se está abriendo paso: la anexión de patentes de terceros. Una de las últimas maniobras en este sentido fue la adquisición de Motorola por parte de Google, gracias a la cual se ha hecho con sus más de 17.000 patentes, siguiendo de cerca a Microsoft y Nokia, que tienen 20.000 y colocándose por delante de Apple, poseedora de 10.000.

Esta guerra tiene más lógica si se tiene en cuenta que para algunas empresas los cobros por derechos de patentes suponen una gran fuente de ingresos. Google, por ejemplo, no cobra por su sistema Android, por lo que depende de que sus socios lo implementen en sus aparatos. De hecho, el buscador gana 550 millones de dólares a través de sus aparatos Android, mientras que recauda unos 2.500, cinco veces más, gracias a aparatos de Apple como el iPhone.

Microsoft también depende de que los fabricantes de móviles paguen por utilizar Microsoft 7. Apple, por su lado, es más reacia a la hora de compartir sus patentes y prefiere salvaguardarlas. "Gastamos mucho tiempo, dinero y recursos en lograr unas innovaciones increíbles, y no nos gusta cuando alguien las toma", aseguró recientemente el director ejecutivo de Apple, Tim Cook.

Florian Muller, experto en la guerra de patentes y que hace un especial seguimiento de ellas en su blog Foss Patents, asegura que los litigantes buscan jurisdicciones que creen que les son favorables para sus intereses y que les pueden dar una victoria rápida, lo que está extendiendo las disputas geográficamente. "Los gigantes de la tecnología no quieren dar muestras de flaqueza cuando batallan entre ellos. Por eso las contrademandas son cada vez más habituales incluso si sus reclamaciones no tienen mucho fundamento, para asegurarse de que no van a caer sin antes pelear", afirma Muller.

Además, estos litigios suponen un gran negocio. La empresa RPX, dedicada a acuerdos sobre patentes, estima que este mercado genera anualmente 50.000 millones de dólares entre pago de licencias y derechos de propiedad intelectual. Los honorarios de los abogados suman otros 6.000 millones de dólares. Solo en EE UU y entre 2005 y 2010 hubo 45.000 demandas por vulneración de patentes, según RPX.

De seguir calentándose esta guerra de patentes, las consecuencias afectarían principalmente a los consumidores, que verían limitada la oferta de precios y la innovación. Los usuarios podrían enfrentarse a una subida de precios y a una amenaza del mercado libre, con la sombra de peligrosos monopolios acechando tras la esquina.