Cinco Sentidos

El agente secreto más elegante

James Bond cumple 50 años en el cine como icono del lujo.

Con Sean Connery se creó un James Bond como icono de la elegancia y del lujo. Y esa imagen continúa". Son palabras de Lindy Hemming, diseñadora de vestuario de cinco películas de la saga de este agente secreto y ganadora de un premio Oscar por Topsy-Turvy. "El primer Bond tenía un estilo muy británico y clásico, pero ha ido evolucionando hacia la moda europea y algo más informal", cree.

Hemming lo contaba esta semana en Londres durante la presentación del reloj James Bond 50 aniversario, de la casa suiza Omega, con motivo de la conmemoración del medio siglo de 007. Y es que las firmas de lujo se pelean por el agente del MI6 como imagen. Ya desde el primer Bond en la gran pantalla, el de Connery, las marcas vieron un filón. El agente literario de Ian Fleming se vestía en Savile Row, la mítica calle londinense con los mejores sastres. Su primera boutique para las películas fue Anthony Sinclair, que todavía utiliza la imagen de Connery como reclamo. Su esmoquin y el traje de tres piezas (con chaleco) recreó el estilo más clásico del agente. Con todo tipo de telas, incluida la muy británica con cuadros príncipe de Gales.

Roger Moore y Timothy Dalton en los setenta y ochenta se permitieron unas pinceladas de color. El nuevo sastre fue Cyril Castle, quien rompió con el corte clásico conduit y apostó por las americanas informales. Con Brosnan se vuelve a los clásicos y llegan los trajes de la italiana Brioni. Más europea, más glamurosa. Sus camisas son las inglesas de Thurnbull & Asser, igual que las corbatas. Sus zapatos son de Church's y la ropa interior de Sunspel.

Las referencias comerciales que el espectador ve se hacen cada vez más evidentes. Como el cambio de Rolex por el Seamaster de Omega, o la aparición de un BMW en vez de un Aston Martin. Y no hay detalle sin descuidar, gafas de sol de Persol, cinturón de Prada, sombrero Lock & Co, puros Romeo y Julieta de Churchill, o incluso ese bañador de La Perla, bien pegado a la piel del musculado Daniel Craig saliendo del agua para desmayo de alguna fan.

"Siempre me imagino a Bond con traje a medida, sea Pierce Brosnan o Daniel Craig", apunta Hemming. "Son dos actores físicamente muy diferentes. Brosnan es más alto, delgado y ligero. Craig es pura energía", señala esta estilista, quien volvió a imaginar a este actor como una agente más colorido y fresco.

Incluso si el espía se toma un whisky o un dry martini -agitado, no mezclado- allí habrá una marca que quiera permanecer en algún fotograma. El vesper martini, que ya aparecía en el primer libro de Fleming, Casino Royal, lleva Gordon's como bien recuerda el agente. Si se toma un whisky puede ser un Talisker, como en El mundo nunca es suficiente o en Muere otro día, o un Jack Daniel's. Si es un ron, elige Mount Gay, de Barbados. Y si tiene que acompañar al caviar beluga, en al menos cinco películas, pide una botella de champán Dom Perignon o Bollinger.

¿Y dónde se toma esas delicatessen? Desde luego en los hoteles de cualquier parte del mundo. Su campo de golf es Stoke Park Club en la campiña inglesa. Cerca de sus sastres de Savile Row, tiene los clubes de caballeros Brooks's, Carlton Club y White's de St. James Street. Demasiado sosos si busca una chica Bond. Desde St. James iría a Bond Street, calle deseada para las grandes firmas prêt-a-porter (www.bondstreet.co.uk), donde han surgido numerosos restaurantes y lounges para tomarse una copa, además del clásico y cercano restaurante del Ritz.

Quien ha ganado la última batalla por vestir a Bond ha sido Tom Ford desde la última entrega de la saga, Quantum of Solace. Algo que repetirá este año con Skyfall, que ya se encuentra en pleno rodaje y que se estrenará en noviembre. Parece que el modisto estadounidense se atreverá a enfundar al espía del servicio secreto británico unos shorts de baño de color azul cielo. La fantasía glamurosa continúa. Desde luego, es el funcionario británico al que más le cunde su sueldo.