Nueva etapa para la zona euro

El acuerdo de los mil flecos pendientes

Los analistas dudan sobre la aplicación real del pacto

Merkel y Sarkozy, al terminar su rueda de prensa del 5 de diciembre
Merkel y Sarkozy, al terminar su rueda de prensa del 5 de diciembre

Los analistas financieros y políticos han comenzado a desentrañar el acuerdo para salvar el euro alcanzado en la cumbre europea del pasado viernes y están descubriendo numerosos flecos pendientes.

"El acuerdo se ha quedado corto y no sienta las bases para la estabilidad y el crecimiento", sentenció ayer Jean Pisani-Ferry, director del instituto de estudios Bruegel. Más duras fueron las palabras de Moody's, la agencia de calificación, que ha encontrado en el pacto del viernes "pocas medidas nuevas y muchas de ellas son similares a otras ya anunciadas".

Pero a las dudas sobre el alcance de las medidas pactadas se suma la incertidumbre sobre su aplicación efectiva, con un calendario plagado de posibilidades de que todo el plan descarrile.

"En quince días estará listo el marco jurídico del acuerdo", apostó en una entrevista con Le Monde el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Pero las mismas promesas se repitieron tras las cumbres de julio y octubre de este año, cuando se anunció la reforma del fondo de rescate para autorizar su intervención en los mercados y proceder al apalancamiento de sus recursos (440.00 0 millones de euros). Ninguna de las dos medidas se ha puesto aún en marcha.

Mucho más complejo resulta el acuerdo del pasado viernes, que en teoría pone en marcha la elaboración de un Tratado internacional al margen de la UE para reforzar la disciplina fiscal en el seno de la zona euro.

Janis A. Enmanouilidis, analista del instituto European Policy Centre, advierte que "faltan por precisar muchos detalles". Y enumera un largo listado que incluye desde el contenido y la naturaleza legal del nuevo Tratado hasta "su proceso de ratificación, la asociación de los países que no pertenecen al euro o el papel de las instituciones de la UE".

El comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, intentó ayer minimizar las dificultades y aseguró que "no tiene sentido decir que el futuro Tratado no se podrá aplicar". Pero nadie en la Comisión Europea se atreve a explicar en público cómo se engarzará el Tratado del Euro con el de la UE ni cual será el procedimiento para aplicar sanciones en el nuevo marco. El propio presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, reconoció el pasado viernes que la nueva arquitectura "plantea algunos inconvenientes".

Pero quizá sea prematuro preocuparse por la aplicación del Tratado, a la vista de las serias posibilidades de que nunca entre en vigor.

En Francia, la oposición socialista ya anunció ayer su deseo de renegociarlo si logra la victoria en las presidenciales de la próxima primavera. En Reino Unido, el primer ministro David Cameron, recordó que podría impedir la utilización de las instituciones europeas (Comisión o Tribunal) en un marco extracomunitario. Y países como Holanda o Finlandia podrían rechazar un acuerdo que suprime su derecho de veto en las operaciones de rescate.

La presencia en las negociaciones del Tratado de nueve países de fuera del euro, celebrada como una victoria frente al Reino Unido, supone una complicación añadida. Varios de esos países (como República Checa o Hungría) no se han sumado tanto por entusiasmo con la iniciativa germano-francesa, como para poder influir en la negociación, lo que podría acabar frenando el pacto.

La incertidumbre es tan evidente que incluso Sarkozy parece aceptar que el acuerdo no evitará que Francia pierda la triple A. "Sería una dificultad añadida, pero no insuperable", aseguró. Y pidió a los franceses que se lo tomen "con la cabeza fría". O sea, como los mercados se han tomado el "histórico" acuerdo del viernes".