Rebajan hasta el 0,2% el crecimiento para este año

Los institutos económicos auguran otro año sin crecimiento

Los 18 servicios de estudios que la Fundación de la Caja de Ahorros (Funcas) consulta para la elaboración de su consenso económico han rebajado bruscamente las previsiones de crecimiento presentadas hace tan solo dos meses. A principios de octubre pensaban que la economía española avanzaría tan solo un 0,7% este año y un 1% en 2012. Sesenta días después, esos mismos analistas mantienen la estimación del PIB para 2011, pero rebajan hasta el 0,2% el crecimiento para este año.

Esa revisión a la baja se produce, según Funcas, por el empeoramiento de las condiciones económicas que tuvo lugar en el tercer trimestre y que se ha intensificado al inicio del cuarto, con una nueva contracción de la demanda nacional y una menor aportación del sector exterior.

De hecho, los analistas prevén que España volverá a entrar en recesión en marzo (dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo), tras encadenar caídas del 0,1% en el último trimestre de 2011 y el primero de 2012.

Entre las predicciones de los servicios de estudios respecto al crecimiento para el próximo ejercicio hay muchas diferencias. De hecho cinco de ellos (Funcas, Instituto Complutense de Análisis Económico, Instituto de Estudios Económicos, Intermoney y Repsol) auguran que el PIB registrará tasas negativas el próximo año. En el otro lado, BBVA, Esade o Santander consideran que el crecimiento será más robusto y que se acercará al 1%.

Los analistas también han empeorado sus previsiones respecto a la consolidación fiscal para este ejercicio, al asegurar que España cerrará con un déficit público del 6,8% del PIB (tres décimas más de lo estimado en octubre). Sin embargo mantienen el pronóstico para 2012, con una estimación de déficit del 4,9%, medio punto más de lo comprometido ante Bruselas.

Previsión de Fitch

La agencia de calificación Fitch auguró ayer que el PIB en España podría caer un 2,7% en 2012 si coinciden un encarecimiento del crédito, un incremento de los diferenciales de la deuda y una caída significativa de los mercados de renta variable.