Cárpatos

Acuerdo a largo plazo, pero con poco soporte a corto

Tras el acuerdo no unánime de Europa del viernes y con un fin de semana para reposar los acontecimientos, la situación de medio plazo sigue sin estar clara.

Una de las características de todo el episodio que hemos vivido ha sido prácticamente la total imposibilidad de tomar la situación con calma y favorecer el debate y el consenso entre todas las partes implicadas. Los bandos están claros: uno de ellos lo forman Francia, Alemania y los partidos gobernantes, el otro son el resto de países y los partidos que forman coalición de gobierno u oposición. La situación ha sido tan aplastante que los que no han sido protagonistas reclaman sus 15 minutos de gloria. Ahora toca el turno a los que menos han aparecido, los partidos de la oposición, y en países que tienen dentro de poco elecciones, la pataleta está siendo más evidente.

De lo anterior tenemos como caso claro Francia, pues el candidato socialista ya está poniendo pegas para aprobar la nueva regla de oro en el país. Lo único que nos faltaba es que empezasen a emerger actitudes electoralistas en una situación tan crítica, pero la verdad es que es lo que ha estado haciendo Merkel desde el principio de la crisis cuando tenía que vincular su estrategia europea a sus problemas internos.

La situación requiere de una celeridad especial y eso es lo que le está recordando el ejecutivo francés a la oposición, pero ya saben que en estas cosas no se da puntada sin hilo, y el ejecutivo francés intenta también sacar tajada electoral de la situación.

Hoy Moody's vuelve a reclamar fama y atención avisando que cree que revisará los ratings de toda la deuda soberana de la Unión Europea en el primer trimestre del año que viene. Esto se añade a las advertencias de S&P y se remata diciendo que se han tomado pocas nuevas medidas que no cambian su visión de que los riesgos de cohesión de la zona euro continúan al alza. Algo significativo del comunicado es el acento que ponen en la reticencia de los líderes de la zona euro y la oposición de los países más fuertes a reconocer que hay que aumentar el apoyo a los países fiscalmente más débiles.

La entrada en escena otra vez de las agencias de calificación es una presión extra que se une al miedo de que se necesiten referéndums en algunos países para poder aceptar el nuevo tratado, con la consiguiente alta posibilidad de rechazo y que el resultado de todo esto sea peor que el inicialmente esperado.

Todo esto nos deja con mucha niebla en el medio plazo ya que podrían necesitarse tres meses de negociaciones para implantar el nuevo tratado. Esta situación nos hace mirar y remirar esa media de 200 sesiones en el S&P500 que parece que se ha convertido en la representación del éxito de las medidas en Europa, por lo que la primera impresión es que tenemos resistencia para rato si los titulares lo permiten.

El problema real es que se han tomado medidas de largo plazo para evitar, como dice Alemania, que una situación como la actual se vuelva a repetir el futuro pero no se están tomando pasos decisivos y contundentes para solucionar la situación que tenemos ahora. Todo esto parece que va a seguir ofreciendo presión a los mercados de deuda y eso nos hace mirar las subastas que tendremos en España e Italia esta semana y que serán tomadas como veredicto de lo que pasó el viernes. Mirando las cifras que tenemos por delante, esos 200.000 millones que se van a prestar al Fondo Monetario Internacional para ayudar a los países con problemas parece muy escasos cuando Italia ella sola tiene 150.000 que vencen el año que viene.