Lunes de los fondos

Cuidado con lo que deseas

La desaceleración de la locomotora económica china ha profundizado la recesión mundial.

Desde hace aproximadamente un año, la principal economía emergente del planeta, la china, comenzó a llevar a cabo políticas restrictivas como aumentos de tipos o subidas de los requerimientos de provisiones a los bancos. El objetivo no era otro que enfriar la economía en general (creciendo alrededor del 10% y con unas tasas de inversión estratosféricas) y reducir una inflación disparada y muy por encima del objetivo de referencia del 4% del banco central de aquel país.

En realidad, dicho recalentamiento había sido creado por las propias autoridades económicas chinas. Con la profunda recesión en la que entraron las economías desarrolladas en 2008, quedó vista para sentencia la discusión que se había creado sobre el supuesto desligamiento de algunas de las principales economías emergentes del resto de principales economías mundiales. La fuerte desaceleración china fue rápidamente "atacada" con una aceleración de las políticas públicas en básicamente dos frentes relacionados: un aumento del gasto y la inversión pública por un lado, y un crecimiento de la oferta monetaria y el crédito por otro. Digo aceleración porque estas dos políticas públicas ya venían produciéndose de manera muy notoria desde mediados de la década pasada.

De hecho, el análisis y desglose del fuerte crecimiento chino en estos últimos años -y que le ha llevado a ganar un peso en la economía mundial inusitado en un tiempo récord- pone de manifiesto que este proviene en una gran medida (más de dos terceras partes) de la inversión o gasto público y fundamentalmente originado por las diferentes autoridades locales. Además, esta ingente inversión pública ha sido y viene siendo financiada por crédito, a través de simples préstamos bancarios o a través de la emisión de deuda o bonos privados.

El resultante boom de la construcción y las infraestructuras en el país es por todos conocido, llevando a numerosos excesos que tienen su reflejo más visual y mediático en la aparición de ciudades fantasma, grandes centros comerciales vacíos y autopistas y grandes puentes sin tráfico. Sin entrar en los detalles de por qué este modelo de crecimiento no parece sostenible en el tiempo y como en algún momento las autoridades chinas se podrán ver forzadas a detenerlo, lo que es evidente ahora es que el enfriamiento se habría conseguido. Claro, que este enfriamiento quizás no tiene su origen solo en las políticas restrictivas aplicadas, sino también en la fuerte desaceleración experimentada por las economías desarrolladas, con Europa a la cabeza, su mayor socio comercial.

Defendemos frente a la maquinaria de marketing de muchas entidades financieras, desde brókeres hasta gestores de activos, que el decoupling o desligamiento no existe. El análisis de los indicadores macro pone de manifiesto que estamos metidos de lleno en una desaceleración industrial global desde el principio de la pasada primavera. Así, posiblemente las políticas restrictivas han intensificado la desaceleración que por sí misma ya estaba en marcha y han llevado a la situación actual… que, contrariamente a lo que una mayoría defiende, es preocupante.

El pasado viernes hubo una pequeña avalancha de datos macro en el gigante chino. La fuerte caída de la inflación en noviembre hasta el 4,2%, desde un ya decreciente 5,5% en octubre, pone de manifiesto -apoyada en datos de actividad- que hay una acusada desaceleración económica en marcha. Así, los precios industriales solo subieron un 3,2% y se contraen respecto al mes anterior, que junto con unos datos de producción industrial de poco más del 12% (por debajo de las estimaciones), ponen de relieve que los indicadores adelantados publicados en los últimos meses comienzan a materializarse en datos "reales".

El deseado soft landing o desaceleración suave de la economía china probablemente va a ir más allá. Es pronto y aventurado decir que los grandes problemas subyacentes y retos a los que se enfrentan las autoridades chinas vayan a degenerar en el corto plazo en algo muy serio. Sin embargo, si tomamos en su conjunto indicadores adelantados de actividad (PMI, caída de la productividad…) y de mercado (curva de tipos que casi llegó a la inversión, diferenciales de crédito, caída de las Bolsas) o el problemático y clave sector inmobiliario (ventas y precios en caída) hay razones para ser muy prudentes. Posiblemente, el Gobierno chino acabe usando la artillería a su alcance (política monetaria, aumento del crédito y del gasto...) si la desaceleración desemboca en un territorio peligroso. Pero solo retrasará y agravará la solución de los desequilibrios.

Por ello, sorprende no solo la profusión actual de productos financieros en oferta ligados a los emergentes, sino que las carteras de clientes relativamente conservadores (la gran mayoría en España) sensibles posiciones en inversiones emergentes.

Juan Manuel Vicente Casadevall, EAFI Kessler & Casadevall Asesoramiento Financiero

La Bolsa, faro de la economía

El gráfico central pone de manifiesto primero que la inversión en renta variable emergente no ha sido una gran inversión desde el comienzo de la crisis económica a finales de 2007 con respecto a las bolsas desarrolladas a pesar de sus elevadas tasas de crecimiento. Tanto si se mide en términos absolutos como si se analiza bajo criterios relativos.

Bolsa y economía son cosas diferentes pero la Bolsa puede ser un buen indicador del ciclo económico a través de sus aceleraciones y desaceleraciones. Así, desde abril habría venido adelantando la desaceleración china y emergente. También puede estar indicando la decreciente y falta de rentabilidad de los negocios.