Desafíos pendientes

Reino Unido, en tierra de nadie

Cameron rechaza las nuevas reglas de la UE y abre la puerta a la salida de Gran Bretaña de la institución y a su pérdida de influencia en Europa

La libra esterlina y la rentabilidad del bono británico apenas se resintieron el viernes de la decisión que bien puede cambiar el rumbo de Gran Bretaña. Parecieron bendecir el euroescepticismo por el que apostó el primer ministro británico, David Cameron, que asumió que Reino Unido sea el único país de la Unión Europea que no aceptará incorporarse a la reforma que el viernes acordaron el resto de socios. Cameron, que tanto había reclamado a la zona euro medidas con las que frenar una crisis que se extendía a Gran Bretaña y amenazaba al conjunto del planeta, puso por encima de todo la conservación de la soberanía que, trasladada al terreno económico, es directamente equivalente a los intereses de la City londinense, que proporciona el 9% del PIB del país. Nada de intromisiones de los socios europeos capaces de influir en la actividad de la joya de la corona, aunque sea a cambio de la pérdida de influencia que va a suponer para Reino Unido la renuncia a seguir el camino emprendido por sus vecinos continentales.

Gran Bretaña queda ahora completamente desubicada en la UE, hasta el punto de que el entorno político más euroescéptico ya veía el viernes la ocasión de convocar un referéndum en el que votar el abandono definitivo de las instituciones comunitarias. El primer ministro británico dejó una frase que será recordada como el claro reflejo de su postura, al declararse "feliz" de que Gran Bretaña no esté en el euro. El desencuentro con Cameron ha sido tal que el primer ministro no ha evitado un comentario despectivo hacia la divisa que precisamente había que rescatar con motivo de la cumbre y cuya debilidad también amenaza a la propia economía británica. Goldman Sachs advertía recientemente del riesgo de recesión para el PIB británico si se agravaban los problemas en la zona euro, después de que la economía creciera el 0,5% en el tercer trimestre del año. El banco estadounidense prevé un alza del PIB en 2011 del 1% y del 1,3% en 2012, sensiblemente por debajo del crecimiento potencial que contempla para el país, del 2,5% anual.

Cameron ya había advertido la víspera su disposición a vetar los acuerdos de la cumbre de la UE en el caso de no estar en línea con los intereses británicos. Pero, quizá en un error de cálculo y perdiendo de vista la proverbial diplomacia británica, se ha encontrado con la postura firme de Merkel y Sarkozy, capaces de sofocar cualquier rebelión contraria a su proyecto. Ya lo demostraron con el órdago de Papandreu, al que mostraron la puerta de salida del euro, y el viernes quedó patente en la falta de acuerdo con el gigante británico. "La peor parte del resultado de la cumbre ha sido la recriminación pública del primer ministro británico David Cameron. No me sorprenderá del todo que la situación desembocase en un futuro debate en Reino Unido acerca de la celebración de un referéndum sobre la UE, en el que el "no" vencerá con claridad y, en última instancia, podrá suponer la salida de Reino Unido de la UE. Puede que haya llegado el momento de valorar las posibilidades de que de hecho Reino Unido salga de la UE antes que Grecia", señalaba el viernes Steen Jakobsen, economista jefe de Saxo Bank.

Merkel y Sarkozy no han dudado en dar prioridad al euro frente a los privilegios de la City

La oposición laborista recriminaba el viernes a Cameron la "débil" estrategia del gobierno y la pérdida de influencia al rechazar un acuerdo que, después de todo, no iba a afectar directamente al Reino Unido al no participar en el euro. El viceprimer ministro británico, el liberal Nick Clegg, defendió la posición de Cameron, que realizó peticiones "razonables", si bien lamentó que no se lograra un consenso de los 27 de la UE. Y el ministro de exteriores, William Hague, afirmó que Reino Unido "no ha quedado fuera de ningún club" europeo y recordó que en la UE hay numerosos acuerdos paralelos que afectan a diferentes países. En cualquier caso, como miembro de la Unión Europea, Gran Bretaña sigue participando en la Comisión Europea y en el Tribunal de Justicia.

El inicio del desencuentro con la UE se fraguó con la nueva regulación de hedge funds que logró la Comisión Europea. Londres claudicó tras duras negociaciones pero que esta vez no ha querido ceder terreno en su negativa al impuesto a las transacciones financieras o a medidas que puedan afectar a la "naturaleza de su sistema financiero", según expuso Cameron. Los países del euro demostraron el viernes que su prioridad es defender la divisa y que son capaces de seguir sin Reino Unido, que con su decisión - y un déficit sobre el PIB del 10,3% al cierre de 2010- se condena a la soledad y deja también un poco más aislada a la City.

Los indecisos

República Checa. El primer ministro checo, Petr Necas, mostró el viernes en la cumbre de Bruselas su disposición a unirse al pacto de disciplina fiscal europea, pero solicitó más tiempo para poder someter en su país a consulta parlamentaria la decisión, por la pérdida de soberanía que implica.

Hungría. En principio, pareció que Hungría acompañaba a Gran Bretaña en su rechazo al nuevo pacto de la UE, pero el primer ministro húngaro se desmarcó después de Cameron y anunció que necesita tiempo para adoptar una decisión. El país inició hace dos semanas negociaciones con el FMI sobre un préstamo.

Suecia. Uno de los países de la UE más liberados de la presión del mercado considera una "cuestión abierta" su incorporación al nuevo pacto. El primer ministro, que gobierna sin mayoría absoluta, señaló que hay tiempo hasta la cumbre de marzo para analizar el contenido jurídico del acuerdo.