Tarifas planas con sorpresa a fin de mes

Las artimañas de las operadoras de móvil para elevar la factura del cliente

El mal se extiende a un buen número de operadoras. Movistar, Vodafone, Orange o Yoigo están en la lista, pero tampoco se escapan Másmovil y Pepephone. Todas tienen letra pequeña en sus contratos.

Ejecutivos hablando por el móvil
Ejecutivos hablando por el móvil

El gancho son precios atractivos (unos más que otros) en tarifas planas para llamar muchos minutos a cualquier operador y en la hora del día que se elija o para surcar la red con el móvil sin límite. Pero hay que leer la letra pequeña de todas las propuestas. Por mucho que algunas compañías de telecomunicaciones hayan comenzado a lanzar campañas de publicidad basadas en tender lazos con los clientes para recuperar la confianza perdida, lo cierto es que leer todos los detalles hasta el final (incluyendo los asteriscos) es la única manera de librarse de una mala noticia en la factura a final de mes.

Y es que la teoría dice que las tarifas planas están llamadas a dar tranquilidad al cliente, a convencerle de que puede hablar o navegar sin preocuparse por el precio. No es así. Puede que el precio teórico sea reducido, pero se dispara de forma exponencial si el cliente se sale de lo pactado.

Movistar, Vodafone y Orange son asiduas a estas prácticas. Y si un usuario ha hecho mal los cálculos un mes y se ha pasado hablando por su móvil lo habrá sufrido en persona. Una vez que se agotan los minutos contenidos en la tarifa plana elegida, estas compañías disparan el precio hasta los 18 céntimos por minuto o más.

El caso más extremo es el de Vodafone. Un abonado que supere el máximo en la tarifa plana de 350 minutos por 30 euros al mes pasará de pagar 8,5 céntimos por minuto de comunicación a tener una tarifa de 20 céntimos por minuto más 15 de establecimiento de llamada, lo que puede llegar a multiplicar por cuatro el precio de los primeros 60 segundos de una comunicación.

Pero Vodafone no es la única que lo hace. En las nuevas tarifas planas anunciadas por la marca comercial de Telefónica, Movistar, a principios de mes, el peaje por pasarse de consumo es pagar el minuto a 18 céntimos y comenzar a cobrar establecimiento de llamada, lo que suma 15 céntimos a la factura. El mismo precio carga Orange para el cliente que excede los minutos contratados.

Y ahora también Yoigo se ha unido al grupo. Acaba de cambiar su oferta de precios y ha lanzado sus primeras tarifas planas. Son tres y en todas ellas el tiempo extra se cobra a 12 céntimos por minuto más el establecimiento de llamada.

No todas las operadoras lo hacen así. Si un usuario de Jazztel se pasa en su tarifa plana se le carga el precio normal que tienen otros clientes que no se comprometen a un gasto fijo al mes, es decir, cinco céntimos por minuto más el establecimiento de llamada. Y en la nueva tarifa plana de Másmovil, las conexiones adicionales a los 200 minutos que incluye la propuesta costarán tres céntimos por minuto (más los 15 tradicionales al iniciar cada comunicación).

Sin embargo, esta última compañía, con la que no tiene casi riesgo pasarse en el consumo de llamadas, aplica un cargo adicional cuando se supera el límite de navegación. Esta práctica era habitual entre las grandes compañías cuando nació la banda ancha móvil, pero ante las protestas de los usuarios las compañías optaron por cambiar de estrategia y reducir la velocidad cuando se llegara al tope.

Algunas operadoras móviles virtuales no lo hacen así. Másmovil cobra tres céntimos adicionales por mega consumido en sus tarifas planas de navegación. Y eso significa, por ejemplo, que un usuario puede acabar pagando 15 euros en un mes por consumir 500 megas adicionales, cuando un bono por esta cantidad de navegación cuesta ocho euros con esta compañía.

También Pepephone cobra tres céntimos por mega adicional cuando se termina el bono elegido por el cliente. Y, al igual que Másmovil, lo publicita como un beneficio: no hay merma de velocidad. Sin embargo, ninguna de estas compañías permite al cliente elegir qué opción prefiere y en internet, a diferencia de lo que sucede con la voz, es mucho más complicado para los usuarios saber exactamente cuántos megas se están consumiendo, así que la posibilidad de sustos en la factura es mayor.