A fondo

Solo 11 ministerios, y en torno a Economía

Cinco días son los que lleva encerrado en su despacho Mariano Rajoy para pergeñar su Gabinete, tras su victoria electoral. Y dan para mucho, a juzgar por sus colaboradores, que le han visto entrevistarse con más de una decena de cargos relevantes del PP, aparte de la cita que mantuvo el miércoles en La Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero y ayer con el presidente de La Caixa, Isidro Fainé. El próximo presidente del Gobierno tiene ya en mente la estructura general de su Ejecutivo, que estará basada en la austeridad que requiere estos tiempos de crisis. Las fuentes del PP consultadas indican una reducción sustancial, de entre tres y cinco ministerios, sobre los quince departamentos actuales. Las mismas fuentes dan por hecho la desaparición de Ciencia e Innovación, Cultura, y la fusión del área de política territorial con Presidencia.

Las competencias de Ciencia e Innovación, ahora gestionadas por Cristina Garmendia, irían a parar de nuevo con las de política industrial y energía. Cultura quedaría fusionada con Educación. Quedan en el aire, por ahora, los contenidos del actual Ministerio de Sanidad, que alberga asuntos sociales (incluida la dependencia) que el PP concibe más ligadas a otras áreas como Trabajo.

Con todo, el quid de la cuestión se encuentra en la vicepresidencia económica y el Ministerio de Economía, del que Rajoy quiere que emane el poder de facto hacia el resto de departamentos, en una etapa en donde la economía impregna la actuación política. Solo el líder del PP sabe en estos momentos quien va a ser el próximo ministro de Economía, añaden las mismas fuentes, por lo que apostar por alguno de los nombres aparecidos en prensa es un ejercicio de mera especulación.

Macroministerio

Con todo, desde Génova se asegura que se manejan dos claras opciones. La primera de ellas es mantener el Ministerio, con sede en la calle Alcalá, con las actuales competencias (política económica, gestión de impuestos y elaboración del presupuesto) a las que se les puede añadir alguna otra como turismo para coordinar mejor el cambio de modelo productivo.

La segunda opción, y con la que Rajoy se encuentra más a gusto, es volver al modelo de la segunda legislatura en la que gobernó José María Aznar (2000-2004). En ese modelo, el área de Hacienda cobraría independencia ministerial, como ya lo hizo con Cristóbal Montoro al frente, en un momento como el actual en donde es fundamental el control del gasto público, vía el presupuesto estatal y también el de comunidades autónomas y municipios.

En ese caso el Ministerio de Economía perdería las competencias tributarias y presupuestarias pero ganaría las que se encuentran ahora en Industria y sumaría la política científica. Ese "superministerio" de Economía tendría también el rango de vicepresidencia como ocurría en tiempos de Rodrigo Rato, para coordinar todo el área económica, incluida la laboral, para la que está pensada otra reforma del mercado de trabajo.

Rajoy se reserva para los asuntos agrícolas un departamento en exclusiva del que se desgajaría la parte inversora que, junto a la política hidráulica (ahora en el MARM), pasaría al Ministerio de Fomento. La relación con las administraciones territoriales también será de calado. Como dijo ayer la ex ministra de Medio Ambiente, Elvira Rodríguez, ahora también ministrable, Gobierno, comunidades y municipios deben decidir qué servicios son esenciales y, por tanto financiables con presupuesto público, y eliminar el resto o financiarlos con instrumentos de copago.

Poda de altos cargos

Pero si importante es la estructura ministerial más lo es la que se deriva de ella. Rajoy quiere realizar una autentica poda en el ramillete de secretarías de Estado, secretarías generales y direcciones generales actuales. Ya ha pedido al Gobierno saliente un informe con el estado actual y, lo que es más importante, de la plantilla de empleados y de personal de confianza que de ella se deriva. Se esperan grandes recortes (de dos dígitos) en esta materia, a juzgar por lo hecho en algunos Gobiernos regionales del PP, nacidos de las elecciones autonómicas de mayo, como Extremadura, Baleares y Castilla-La Mancha. Mientras tanto, todo se cuece desde un despacho en la calle Génova, y con un puro en la mano.