Cierre patronal en la NBA

Un conflicto laboral de altura

La falta de acuerdo entre jugadores y franquicias de la liga de baloncesto norteamericana para firmar un nuevo convenio hace peligrar toda la temporada. En juego 4.300 millones de dólares, cifra que ingresó la competición la pasada temporada y que ambas partes deben decidir cómo repartir.

El director ejecutivo del sindicato de jugadores de la NBA, Billy Hunter (traje gris), toma la palabra en presencia del presidente del organismo, Derek Fisher (a su derecha), después de una reunión con representantes de los 30 equipos de la NBA en Nueva York el pasado lunes.
El director ejecutivo del sindicato de jugadores de la NBA, Billy Hunter (traje gris), toma la palabra en presencia del presidente del organismo, Derek Fisher (a su derecha), después de una reunión con representantes de los 30 equipos de la NBA en Nueva York el pasado lunes.

La serie final de la última temporada en la NBA volvió a enganchar al público norteamericano a la competición de baloncesto más importante del mundo, en un país dominado por el fútbol americano y el baseball. Unos 17 millones de espectadores siguieron en directo el sexto partido de la final, que acabó con los Mavericks de Dallas alzando el trofeo de campeones.

Apenas unos meses después, lo que iba a ser la temporada de la consolidación de la nueva NBA ha quedado reducida a cenizas. El conflicto laboral que viven los jugadores y los equipos amenaza con anular todos los partidos que debían estar jugándose desde el día uno de este mismo mes, después de que los primeros rechazaran la última propuesta sobre el reparto de los ingresos que genera la competición.

No es poco dinero: la liga obtuvo unos ingresos de 4.300 millones de dólares durante la temporada pasada. Según el convenio vigente hasta entonces, los jugadores percibían el 57% de esta cantidad. La última oferta presentada por los equipos establecía un reparto del 50% para cada parte, algo que los jugadores estaban dispuestos a aceptar pese a perder algo más de 300 millones. Sin embargo, la cuerda se rompió por asuntos como la duración de los contratos o los términos por los que un jugador podía quedar libre. No se trata de una huelga, sino de un cierre patronal. La competición no puede dar comienzo si las dos partes no alcanzan un acuerdo.

Las franquicias justifican sus exigencias en que se han generado unas pérdidas totales de 300 millones de dólares en cada una de las tres últimas temporadas, precisamente, la cantidad que los jugadores dejarían de recibir, y las achacan al desigual reparto de benficios. Sólo por taquilla, los 30 equipos generaron 1.100 millones. Los datos dejan a las claras la urgencia por buscar un modelo de gestión que sepa sacar beneficio a unos ingresos de ese calibre.

Pero de momento, los baloncestistas se han plantado, y no sólo eso: han decidido disolver su sindicato y ahora cada uno de ellos podrá denunciar a la NBA por prácticas monopolísticas. Uno de los primeros en hacerlo ha sido una de las estrellas de los Knicks de Nueva York, Carmelo Anthony, con un contrato de 65 millones de dólares a percibir en tres años

Ayer, en virtud del anterior convenio, la mayor parte de los 450 jugadores profesionales deberían haber recibido una doceava parte de sus salarios, según Bloomberg. En el caso concreto de Anthony, teniendo en cuenta su contrato superior a los 20 millones de dólares, habría dejado de ganar 1,75 millones de dólares.

Los jugadores han elegido para su defensa legal, además de a Jeff Kessler, quien les viene asesorando durante todo el proceso, a David Boies, que representó a Al Gore en su demanda tras las polémicas elecciones presidenciales de 2000 y este año, curiosamente, a las franquicias de la liga de fútbol americano (NFL), que vivieron un conflicto similar con sus jugadores hace unos meses.

Todo hace indicar que si a principios del mes de enero no se ha llegado a un acuerdo, toda la temporada quedaría suspendida. Y las sensaciones no son positivas. El comisionado de la NBA David Stern, además de criticar la decisión de los jugadores, ha amenazado con que la próxima oferta no será superior en ningún caso a un reparto del 53% para los equipos y del 47% para los jugadores. Otra medida de presión.

La suspensión total conllevaría, además de unas considerables pérdidas económicas y del prestigio ganado en la última temporada, la llegada de muchos jugadores a las ligas europeas. Algunos de ellos, como los españoles Rudy Fernández y Serge Ibaka, el francés Tony Parker o los americanos Jordan Farmar y Deron Williams ya lo han hecho.

Ahora, se especula con que algunas de las estrellas más rutilantes de la NBA podrían hacer lo propio ya que no sólo necesitan competir, sino principalmente ingresar dinero. Salvo casos muy excepcionales, la mayoría firmaría contratos muy inferiores a los que poseen con sus equipos de la NBA. Pero serían más que nada. Ya se especula con la llegada de los hermanos Gasol al Barcelona.