La exigencia del plan es comparable a los ajustes de los noventa para ingresar en el euro

Arranca la carrera por unirse al euro de los más ricos

España espera sumarse al plan alemán para reforzar la moneda, pero otros socios podrían caerse del proyecto

El futuro del euro, en juego
El futuro del euro, en juego

En Bruselas ya se compara con la criba que a finales de los años noventa seleccionó a los 11 países, entre ellos España, capaces de estrenar la entonces flamante moneda única europea. En aquel proceso se exigió un ajuste brutal para eliminar los dos dígitos que durante años presentaban parámetros como el déficit público o la inflación.

La nueva carrera del siglo se presenta casi igual de exigente Y el trofeo, esta vez, sería la integración en un núcleo duro de la zona euro comandado por Alemania y con mayores obligaciones (como la armonización fiscal) pero también con numerosas ventajas como el acceso a una financiación compartida mucho más asequible y estable.

El diseño de esa zona euro de dos velocidades formaba parte hasta hace poco del debate académico sobre las posibles consecuencias de la crisis de la deuda soberana. Pero el callejón sin salida en que ha entrado Grecia y el contagio a economías esenciales para la Unión como la de Italia o Francia han transformado la hipótesis en un objetivo político impulsado nada menos que desde Berlín y París.

"Vamos a las dos velocidades y hay que explicar a la opinión pública que ese es el objetivo", señala una fuente comunitaria que asiste a las reuniones que los ministros de Economía de Gobiernos del Partido Popular Europeo celebran casi mensualmente, uno de los foros donde se ha tejido el nuevo proyecto de integración. Fuentes comunitarias también indican que Berlín y París ya han puesto en marcha su propio proceso de integración bilateral como embrión del futuro modelo. Y recuerdan que la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, anunciaron el pasado mes de agosto que a partir de 2013 aplicarán el mismo impuesto de sociedades (armonizando tanto la base como los tipos) y que a principios de cada año pactarán las grandes líneas de sus respectivos Presupuestos generales.

Esa coordinación bilateral germano-francesa se pretende utilizar como base para otra multilateral en la que participen todos o algunos de los 15 socios restantes de la Unión Monetaria. Su base legal podría ser el Tratado de la UE. Pero no se descarta, si algún país veta esa opción, utilizar la vía extracomunitaria para firmar un Tratado paralelo suscrito solo por algunos de los países del euro, tal y como ha explicado en una reciente tribuna Jean-Claude Piris, antiguo director del servicio jurídico del Consejo Europeo y actual asesor para Asuntos Europeos de Nicolas Sarkozy.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, ha reaccionado airado contra esa posibilidad. "No podemos ir hacia un modelo de cooperación del siglo XIX, basado en un precario equilibrio entre un limitado número de potencias; ya sabemos que eso no funcionó", señaló Barroso el miércoles en un largo y contundente discurso pronunciado en Berlín.

A pesar de las objeciones de Bruselas, el plan avanza y podría permitir a un selecto y seleccionado grupo de países del euro profundizar en la integración de sus políticas fiscales y económicas como complemento a la política monetaria centralizada en el Banco Central Europeo.

Selección

Entre los primeros requisitos para sumarse al grupo figuraría la aceptación de una armonización fiscal, lo que podría dejar fuera a países como Irlanda, partidarios de mantener su propio impuesto de sociedades.

La eurozona de vanguardia también exigiría un saneamiento de las cuentas públicas y el compromiso de mantenerlas en equilibrio, garantizando por ley (la llamada regla de oro adoptada por el Gobierno alemán) que la eliminación del déficit salvo en casos de desastre natural o una recesión excepcional.

Este requisito podría dejar fuera a buena parte de los socios actuales del euro. De entrada, los países con una deuda superior al 100% de su PIB como Grecia, Bélgica o Italia, a los que se permitió la entrada en el euro a pesar de no cumplir el criterio de Maastricht (60% de deuda como máximo) podrían quedarse en la segunda velocidad.

Las economías con serios de problemas de competitividad (como Portugal) o sin la dimensión adecuada para resistir una integración más profunda (como Eslovaquia, Estonia o Chipre) también es probable que prefiriesen esperar en la estructura actual.

El descarte deja como claros candidatos a acompañar al eje germano francés a Holanda, Luxemburgo, Austria y España. Finlandia, país con triple A, también podría sumarse, pero su renuencia a colaborar en el fondo de rescate de la zona euro y el creciente poder de los euroescépticos podría hacer que Helsinki prefiriera esperar.

El Gobierno español asegura no haber oído hablar oficialmente del proyecto germano-francés, aunque se muestra dispuesto a secundar los avances en la coordinación económica. La oposición popular va más lejos aún. "Quedarse fuera supondría el sacrificio de toda una generación de españoles", señaló ayer el eurodiputado del PP, José Manuel García-Margallo.

Las cifras

17 países forman la Unión Monetaria Europea, puesta en marcha el 1 de enero de 1999. Tres de ellos han sido rescatados desde 2010.

48% del PIB de la zona euro lo copan Alemania y Francia. España supone el 11,5% y Holanda representa el 6,5%.

2013 es el año en que está fijada la entrada en vigor el fondo de rescate permanente.