Análisis

Economía muerta, inflación exuberante

La tasa interanual de inflación española ha vuelto a repuntar en septiembre, tras cuatro meses de contención, y ya supera de nuevo el 3,1%, una tasa más propia de economías recalentadas que de economías paralizadas, como la española.

Pero en realidad nunca ha logrado tener una tasa de evolución de los precios de consumo acorde con la actividad, salvo a finales de 2009 y principios de 2010, cuando la profundidad de la recesión atemperó las tensiones de los precios.

Ahora las decisiones gubernamentales de elevar los impuestos para mejorar los ingresos (algo que sólo tangencialmente ha conseguido), la presión de los carburantes, y la sempiterna tendencia a elevar los precios en varias actividades de servicios sin competencia o poca competencia, sigue colocando la tasa de inflación en valores anticompetitivos. Una tasa interanual del 3,1% y una subyacente del 1,7% son valores exuberantes para una economía planchada como la española.

En septiembre pasado, por vez primera en año y medio (desde febrero de 2010) la tasa de inflación armonizada en España ha igualado a la de la Unión Monetaria Europea: 3%. Pero durante los últimos dieciocho meses ha viajado la española muy por encima de la europea, mientras que la demanda interna lo hacía por valores negativos y el desempeño de la actividad en España arrojaba saldos cercanos a la recesión, de no ser precisamente por la demanda extranjera. Este simple hecho debe hacer reflexionar a los agentes económicos, a los gobiernos también, sobre la naturaleza de un fenómeno tan anormal como es el de la formación de precios en España.

Más allá del componente gubernamental de la tasa de inflación ahora, inducida por las fuertes subidas de los impuestos ligados al consumo para tratar de recomponer los ingresos públicos, en el índice de precios siguen alojados escollos inflacionarios muy llamativos, que deben desaparecer para que el índice se muestre acorde con la evolución de la economía, y para que no contaminen la evolución de los costes de otros sectores que por las circunstancias de la competencia muestran más sensibilidad a los precios. Una inflación general tan alta condiciona la evolución salarial dañando la competitividad empresarial primero, pero erosiona siempre la renta disponible de la gente, puesto que resta valor monetario a los ingresos de toda la ciudadanía, provengan de la fuente de generación que provengan.

Además de la alimentación elaborada, que ha registrado un avance notable en los últimos doce meses, destacan las subidas de otros bienes y servicios, la educación en todos sus niveles, especialmente la universitaria, las publicaciones, los servicios del hogar o el esparcimiento. El índice de los servicios está por debajo de la media, en un 1,6% anual; pero es un valor que maniata la inflación subyacente en tasas impropias de una economía estancada, que es el estado en el que se mueve ahora según los indicadores adelantados manejados por todos los analistas macroeconómicos.