Pistas

Las promotoras de playa inciden en los detalles para reactivar las ventas

El sector apuesta en Galicia por la arquitectura sostenible y el respeto al paisaje virgen.

Proyecto de Novaurbe (al fondo), en la Isla de Arosa.
Proyecto de Novaurbe (al fondo), en la Isla de Arosa. Novaurbe

El boom inmobiliario llenó la costa mediterránea de pisos de dudoso gusto que ahora bancos y promotoras se afanan en vender. En cambio, en una tranquila isla de arena gruesa y rubia situada en la otra punta de España, el paisaje todavía conserva su encanto natural. Si algo brilla bajo el sol son los barcos varados en la arena y las bateas mejilloneras flotando en la ría.

La construcción más moderna es una villa en el noreste de Arosa, donde tienen su residencia de verano importantes funcionarios públicos. Cuando los socios de Novaurbe, una promotora de Vigo, le pidieron al prestigioso arquitecto gallego Alfonso Penela que diseñara la obra, este les dijo que se olvidaran de los bloques y se centraran en la vista privilegiada que tenían delante: un pinar a 20 metros de la playa.

El resultado ha sido de una armonía cada vez más escasa en este tipo de proyectos. Fachadas acristaladas que difuminan el límite con el paisaje creando la sensación de un ventanal continuo, acabados en madera de eucalipto… Todo gira en torno a la vista del bosque de pinos con el mar de fondo. "Hemos tratado de establecer una relación lógica con la naturaleza", dice Penela.

Con la crisis disuadiendo de comprar segunda residencia a quienes pueden permitírselo, cada vez más promotoras en Galicia están haciendo esfuerzos por ofrecer arquitectura sostenible. "Las ventas se han ralentizado mucho. A pesar de que nuestro cliente es una persona de ingresos altos, si puede posponer la inversión un año, lo hace. Así que tenemos que cuidar mucho los detalles", comenta Carlos Cao, consejero delegado de Novaurbe.

La gran ventaja de las promotoras gallegas es que, a diferencia de otras zonas de España, aquí todavía se está a tiempo de alcanzar un equilibrio entre urbanismo y entorno. "Debido al minifundismo y una legislación bastante más restrictiva, el crecimiento del sector en Galicia no ha sido tan deslumbrante como en el sur", explica Javier Garrido, presidente de la Federación de Promotores de Galicia (Feproga). "Con excepción de un proyecto de Fadesa en el Miño, no hemos tenido grandes desarrollos urbanísticos".

El caso de la Isla de Arosa es singular. Hasta 1985, la única forma de acceder a ella era atravesando la ría en barco. Ese año quedó integrada a la Península por un puente de dos kilómetros. Las grúas también lo han cruzado, aunque no son legión. El veraneante todavía puede encontrar aquí playas donde tumbarse a tomar el sol prácticamente a solas.

"En Asturias, Galicia y el País Vasco, el crecimiento ha sido más sostenido. Nada que ver con la zona del Levante o Andalucía, donde se ha hecho cualquier cosa de cualquier manera", dice Cao.

De hecho, el número de viviendas nuevas sin vender en Galicia es bastante menor que en otras regiones. Feproga estima entre 15.000 y 20.000 el stock de pisos, frente a los 133.000 de la Comunidad Valenciana y 112.000 de Andalucía. Y según Deloitte, dos de las nueve provincias españolas que saldrán antes de la crisis del ladrillo son gallegas: Pontevedra, a la que pertenece el municipio de Arosa, y La Coruña.

Algunos ya lo están notando. Teodoro Moreda, gerente de Inmobiliaria Nos, que opera en la playa de Barreiros, asegura que las ventas en su zona marchan muy bien debido a los precios relativamente bajos. "Un piso que en Cantabria o el País Vasco cuesta 170.000 euros, aquí está en 99.000", precisa.

No obstante, aclara que esta ventaja se está reduciendo debido a la creciente escasez de suelo urbano. "La gente que veranea aquí se ha dado cuenta y está comprando porque se prevé un alza en los próximos años". De municipios y promotoras depende ahora que una nueva fiebre especulativa no eche a perder la costa gallega.

El comprador gana en poder de negociación

La paralización del mercado de vivienda vacacional es casi total, señalan en Aguirre Newman. "Estamos hablando de pisos en primera línea de playa, con precios por encima de los tres millones", precisan. A pesar de que el cliente de este tipo de producto es una persona con ingresos altos, su demanda también se ha resentido. Eso sí, advierten que se observa una mayor capacidad de negociación por parte del comprador, lo que ralentiza el cierre de los contratos. "En estos momentos no hay proyectos en curso. Pero si se pusiese en marcha alguno, para conseguir crédito el promotor necesitaría un nivel de preventas por encima del 70%". La Costa del Sol, Sotogrande y ciertas zonas de las Baleares concentran la mayor parte de la oferta. En el mercado de segunda venta, Empuriabrava y Marbella son las zonas preferidas, según Engel & Völkers.

Las cifras

20.000 es el stock de pisos sin vender en Galicia, frente a los 133.000 de la Comunidad Valenciana.

99.000 euros es el precio medio de un piso en la costa gallega, menos que los 170.000 de Cantabria o el País Vasco.

70% es el nivel de preventas exigido por los bancos para financiar proyectos de playa en zonas de lujo.