Viajes

La ventana israelí al mar Rojo

Eilat es el principal centro turístico en el sur del país, una base para visitar el entorno del Negev

Hay sitios que son interesantes por cuanto les rodea, y no por el lugar en sí. Tomemos Eilat, por ejemplo. Localidad israelí hermanada con Benidorm, es un batiburrillo de hoteles de toda categoría -incluyendo varios muy lujosos-, atravesada por un aeropuerto -que por fortuna se cerrará pronto para terminar con posibles infartos de sus usuarios ante el descenso entre edificios-, con una vida nocturna agitada pero convencionalmente playera... Sin embargo, es una excelente base para incontables excursiones, está rodeada de una naturaleza verdaderamente extraordinaria y cuenta con una historia que se remonta 10.000 años gracias a su muy singular situación geográfica, puesto que está justamente en el extremo norte del mar Rojo, lo que hizo que fuera un obvio asentamiento para los nómadas del neolítico tardío.

Además, a unos kilómetros al norte, se encuentra el valle de Timna, hoy visitable, en el que se excavaron las primeras minas de cobre del mundo, que nutrieron a los ejércitos de los faraones, y donde también puede disfrutarse de unas especiales formaciones geológicas, las columnas de Salomón. Por aquí anduvo Moisés con las tribus de Israel, y cuando el Estado judío renació, en 1949, la ciudad pasó a formar parte de él tras una escaramuza.

Hoy es el único terreno israelí que da al mar Rojo y se ha convertido, por tanto, en un centro turístico, el lugar más frecuente para las vacaciones domésticas de los israelíes, ya que la temperatura del desierto vecino permite el baño marino incluso en Navidad. Además, como playa del mar Rojo, tiene acceso al mejor mar para el buceo del mundo, con memorables arrecifes de coral y aguas cristalinas repletas de peces multicolores. Aunque los expertos disfruten kilómetros adentro, un simple equipo de snorkel con tubo, gafas y aletas proporciona aquí una experiencia inolvidable a cualquiera con una mínima experiencia como nadador.

El ya mencionado valle de Timna es la otra excursión inevitable desde Eilat, aunque no faltan opciones. La más sencilla es la que nos llevará un centenar de kilómetros al norte, cruzando el pedregoso desierto del Negev y sus paisajes adustos e impresionantes, hasta el mar Muerto, el punto situado más metros bajo el nivel del mar del mundo, y sus aguas ultrasalinas.

Por el camino, además, se pasa por el valle de Arava, cuyo kibutz supone el más singular ejemplo de la forma en que los colonos israelíes están domeñando el desierto para extraerle producción agrícola. También es posible visitar uno de los llamados makhtesh: unos singulares cráteres de origen natural. El más conocido, el Ramon, tiene 40 kilómetros de longitud y alberga el mayor parque natural del país.

La franja costera israelí en el mar Rojo es de apenas 10 kilómetros, encajada entre la costa de Jordania -de apenas 20- y el Sinaí egipcio. De esta forma, Eilat puede ser también punto de partida para otra serie de excursiones, como el monte Sinaí y el monasterio de Santa Catalina, en Egipto, o incluso Petra, en Jordania; para ambos destinos, situados a un centenar de kilómetros, hay excursiones organizadas. Sin embargo, conviene estar sobre aviso de que las fronteras de Israel con sus vecinos están repletas y repiten los estrictos controles de seguridad a la entrada y la salida, con lo que llevan más tiempo que el propio trayecto.

Guía para el viajero

Cómo ir. El aeropuerto de Eilat solo recibe vuelos domésticos. Así, desde España es posible volar a Tel-Aviv -con El-Al o Iberia- y cambiar allí, o bien volar desde París hasta el cercano aeropuerto de Ovda, a 50 kilómetros al norte de la ciudad.

Dónde dormir. La cadena de lujo israelí Rimonim tiene una instalación de cinco estrellas y 277 habitaciones en la ciudad, con una pequeña porción de playa privada sobre el mar Rojo (english.rimonim.com). Magic Sunrise Club son una serie de villas con las máximas comodidades, algo más apartadas del centro.

Dónde comer. El cosmopolitismo del lugar queda reflejado en la abundancia de opciones internacionales, incluyendo un restaurante español, Olla. Au Bistrot es un singular local francés que el chef Michel Tordjman mantiene desde 1973, con predominio de platos marinos aprovechando el producto de la zona. El Pago Pago (www.pagopagorest.com) está situado en un barco, en el propio puerto, y presume de tener el mejor sushi del país.