A falta de tres años

Contrarreloj de Brasil para llegar al Mundial de fútbol

El retraso en las infraestructuras previstas para 2014, una amenaza cada vez mayor.

Brasil, contra el reloj
Brasil, contra el reloj

Este sábado, con el sorteo preliminar de la Copa del Mundo de Fútbol, la anfitriona Brasil afronta el primer examen. Además de los representantes de la FIFA asistirán al evento futbolistas, entrenadores y periodistas de los cinco continentes. Aproximadamente 2.000 invitados que pondrán a prueba la capacidad de organización del país, la seguridad y algunas de las instalaciones.

Será un simulacro -aunque menor- pero sobre todo un toque a rebato. El sorteo marca el principio de la última fase de preparación para el Mundial y, con él, arranca la cuenta atrás. Por delante quedan únicamente tres años. 36 meses que estarán repletos de urgencias, a tenor de los retrasos que acumulan las infraestructuras necesarias para albergar un acontecimiento deportivo de este calado.

Los transportes son el área con mayores demoras. Y dentro de ellos, los aeropuertos representan el peor de los dolores de cabeza para los responsables de la puesta a punto del país. El Instituto de Investigación Económica Aplicada de Brasil (Ipea) -fundación pública federal vinculada a la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la República- aseguraba hace unos meses que nueve de los 13 aeropuertos planificados no estarán listos. De estos, siete estarían operativos en 2017 y dos, en 2016, aunque no antes de los Juegos Olímpicos.

Ni siquiera las autoridades ocultan ya que algunos de los proyectos no llegarán a tiempo. Uno de los aeropuertos con problemas es el de Natal. La localidad norteña será sede de la Copa pero no podrá estrenar la instalación en la fecha convenida. Así lo corroboraba hace unas semanas Ricardo Gomyde, asistente del ministro de deportes Orlando Silva, que explicaba que el Gobierno ha articulado un plan b que pasa por una remodelación del aeropuerto actual.

Para evitar el cuello de botella, la presidenta Dilma Rousseff ha abierto la explotación de los cinco aeropuertos más importantes de Brasil al sector privado, acabando con el monopolio del ente público Infraero (Empresa Brasileña de Infraestructura Aéroportuaria, administradora de las 67 terminales del país). El objetivo es hacer la gestión público-privada, para así captar más recursos, acelerar las obras e introducir competencia, aunque está por ver la eficacia de esta decisión.

Los expertos apuntan la existencia de diversos factores que están ralentizando los preparativos: excesiva burocracia, falta de personal cualificado, escasez de materiales y leyes proteccionistas que complican la importación... Y para algunos, también la idiosincrasia es parte de la explicación.

En la última edición de ADIT Invest -la mayor feria de inversión inmobiliaria y turística de Brasil, celebrada en la ciudad de Fortaleza en mayo-, Gary Garrabant, cofundador y consejero delegado de la firma de capital riesgo Equity Internacional preguntaba: "¿Estarán los aeropuertos para el Mundial?". "Sí, probablemente. Quizás una hora antes de que empiece la Copa. æpermil;ste es el estilo de los brasileños", respondía.

A las deficiencias de los aeropuertos y la precariedad de la red viaria -sumida en un proceso de modernización que también avanza despacio-, Brasil añade otro nudo: el ferroviario. El tren de alta velocidad entre Río de Janeiro y Sao Paulo tampoco parece ir sobre la hoja de ruta. El plan original disponía que la línea estuviera operativa para la Copa, dado que ambas ciudades son sedes. Hoy por hoy, incluso cabe la posibilidad de que no esté en funcionamiento para las Olimpiadas.

Hace tres semanas fracasaba la subasta pública del proyecto fijada para el 29 de julio. Ninguna empresa acudía al proceso de adjudicación y el Gobierno suspendía el concurso. La presidenta atribuía el descalabro a la diferencia de precios entre las propuestas de las empresas y el plan del Ejecutivo. El Gobierno había calculado que el coste de la construcción del AVE ascendía a 33.100 millones de reales (unos 15.000 millones de euros), mientras que los consorcios que planeaban participar en la concesión elevaban la cantidad hasta los 50.000 millones de reales (22.500 millones de euros).

La deserción de empresas retrasará aún más la obra. La subasta, que en origen estaba prevista para el 16 de diciembre del año pasado fue aplazada al 29 de abril ante la falta de concurrencia y, por lo mismo, acabó en el 29 de julio. Ahora, las autoridades han cambiado el modelo de licitación, que tendrá dos etapas: en la primera será elegida la tecnología para la operación y el mantenimiento y, en una segunda, el grupo que ejecutará las obras. Para ninguna de las dos fases están determinadas las fechas de la subasta.

Los estadios, también en entredicho

Los atrasos también afectan a los 12 estadios, decisivos para la puesta en escena del Mundial. Así, acaba de empezar la edificación del de Sao Paulo, donde será el partido inaugural y que ya parece descartado para la Copa Confederaciones -que se celebra un año antes, en 2013-, y las obras del de Natal ni siquiera han arrancado.

Hace pocos meses, Joseph Blatter, presidente de la FIFA, alertaba de la lentitud con la que Brasil está acometiendo su dotación de instalaciones adecuadas. "La Copa del Mundo es mañana, y los brasileños piensan que es pasado mañana", decía.

Necesidad = Oportunidad

La crisis ha golpeado a casi todo el planeta, pero Brasil apenas ha padecido el trance. En 2010, el PIB brasileño creció un 7,5% y las previsiones para el 2011 apuntan un incremento superior al 4%. Esta pujanza propia de un país emergente, con el progresivo ascenso de la clase media -en los últimos seis años, el 30% de la población ha adquirido este estatus-, convierten al país sudamericano en un vergel de oportunidades.

El sector inmobiliario concita parte importante del interés, como se puso de manifiesto en la feria ADIT Invest 2011. Durante la cita, inversores internacionales, promotores locales y autoridades evaluaron las opciones de desarrollo de proyectos para los próximos años. Además de la oferta de viviendas y segundas residencias, resulta especialmente atractivo el segmento hotelero, azuzado por los eventos deportivos previstos en el país. "La Copa del Mundo de Fútbol aumentará un 80% el número de visitantes", aseguraba Luis Enrique Lessa, presidente ejecutivo y consejero delegado de ADIT Brasil, la asociación organizadora.

Tanto el Mundial como los Juegos Olímpicos de 2016 imponen la necesidad de aumentar las plazas hoteleras, dado que en la actualidad el número de camas es insuficiente, sobre todo en zonas urbanas. Con todo, el Gobierno trata de captar inversores a largo plazo -"no especulativos", dice Lessa- y que los desarrollos tengan una proyección futura. "Los mundiales son solo 30 días", remarca Hermano Carvalho, director del Departamento de Financiación y Promoción de Inversiones, del Ministerio de Turismo.