Belén Gopegui. Escritora y guionista

"Se prescinde pronto de los políticos honestos"

Asegura que el momento histórico que estamos viviendo requiere una mayor tensión política. Echa en falta laboratorios del pensamiento que trataran de hacer frente a los dilemas políticos y económicos

Considerada como una de las autoras más relevantes de su generación, Belén Gopegui (Madrid, 1963) da una vuelta de tuerca al mundo de la política en su octava novela, Acceso no autorizado. En ella, analiza la intimidad y los miedos de un alto cargo del Gobierno en el otoño de su mandato, así como la vulnerabilidad de la vida cotidiana en la era de internet.

¿Es demasiado cruel el sistema político español con las figuras que ya han cumplido su tarea?

A juzgar por las prebendas y privilegios económicos de que goza la mayor parte de nuestra clase política jubilada, más que de crueldad hablaría de despilfarro. En cuanto a prescindir demasiado pronto de políticos con talento, en bastantes casos diría que hemos prescindido demasiado tarde en la medida en que el talento que podían tener o no, no estaba al servicio de la comunidad. De lo que suele prescindirse pronto, como si portaran un peligro, un mal, es de políticos honestos.

"Creo que la normalidad es una construcción ideológica"

¿Predomina el talento o la mediocridad en la escena política?

Si la escena política solo está en los grandes medios y en las instituciones, diría que predomina la inercia. Creo que vivimos un tiempo excepcional, y debería haber cientos de laboratorios del pensamiento y la práctica, debería existir una tensión en la política que fuera mucho más allá de la gestión diaria y sumisa a unas consignas que no son, curiosamente, las de quienes siempre han sido acusados de dogmatismo y de seguir consignas -me refiero al pensamiento socialista y marxista-, sino de los mercados.

¿Considera que solo una mujer aceptaría al hacker que se mete en su ordenador personal?

Vamos a probar a hacer la pregunta al revés. El hacker de este libro es un profesional de sexo masculino. ¿Considera que solo un hombre llegaría al punto de inseguridad o de deseo de comunicación para llegar a entrar en el ordenador personal de una mujer que es un alto cargo político, arriesgándose a bordear el delito solo para ofrecerle su ayuda? Me interesan los sobreentendidos, lo que no extraña, sino que nos parece normal. Creo que la normalidad, como lo verosímil, son construcciones ideológicas.

Las redes sociales están demostrando ser útiles en la política.

Internet puede ser útil porque si se mantiene neutral, cosa que dudo, permite que personas que no tienen capital accedan a la posibilidad de transmitir sus opiniones, críticas, acciones. Permite la organización sin necesidad de tener un local, etcétera. Pero eso es solo una primera fase de la movilización, al final el territorio es necesario, y en territorio todavía dominan el capital y la violencia.

¿La crisis se está llevando una generación política por delante?

¿Quién es la crisis? Nuestro lenguaje sigue incurriendo en el fetichismo del que habla Marx. Hay personas, corporaciones, reglas. La vida parece que le pasa a los que salen a jugar al campo, pero la mayoría está fuera de foco, en el banquillo, en casa, en el paro, en la angustia, sean de la generación que sean.