Miquel Barceló

En la cima del arte

'Faena de muleta', vendida en 4,4 millones, le ha convertido en el artista español vivo más cotizado en subasta

Foto facilitada por Christie´s de la obra de Miguel Barceló "Faena de muleta"
Foto facilitada por Christie´s de la obra de Miguel Barceló "Faena de muleta"

Me pongo en el centro del cuadro, dando vueltas, con los mismos movimientos que un torero. La arena acapara toda la escena, dejando a un lado la multitud". Así describía Miquel Barceló el cuadro Faena de muleta en el catálogo de la exposición Obra sobre papel 1979-1999 que le dedicó el Museo Reina Sofía. Para los expertos, es, de lejos, el mejor ejemplo de la famosa serie de pinturas sobre el mundo de los toros del artista mallorquín. El pasado martes un coleccionista pagó por la obra 4,4 millones de euros en la subasta de arte contemporáneo celebrada por Christie's en Londres. Un récord para el arte español. Barceló, de 54 años, se convierte en el artista vivo más cotizado en subasta, destronando a Madrid desde Torres Blancas, de Antonio López, pintura vendida en 2008 por 1.918.000 euros.

Barceló es un artista de éxito. De crítica, público y económico. Su anterior récord estaba en 1,3 millones, alcanzado en febrero con Tres equis, también inspirada en la tauromaquia. El mercado dicta los precios, lo que para Enrique Juncosa, exsubdirector del Museo Reina Sofía y actualmente director del IMMA (Irish Museum of Modern Art), muestra el "buen estado del arte español" y concretamente de la generación de Barceló, Juan Muñoz, Cristina Iglesias o Jaume Plensa. Amigo y experto en su obra, Juncosa imagina a Barceló satisfecho con la cotización al alza, pero al mismo tiempo consciente de que es algo que está fuera de su control.

Su conversación y su forma de ver el mundo retratan a una persona inteligente. "Le marca su biografía", señala su galerista en España Soledad Lorenzo. Ella vio por primera vez la obra de Barceló en una exposición en el Palacio de Velázquez de Madrid. Recuerda cómo el trabajo de aquel joven de 28 años sorprendió a otros artistas mayores. "Qué chaval, cómo pinta", decían.

La madre de Barceló, Francisca Artigues, fue quien le estimuló a dibujar y pintar desde pequeño. Pintora aficionada, es fácil imaginarla en Felanitx entreteniendo con los pinceles al niño travieso. Su madre no ha dejado de ser un referente. "Encantadora", la describen los que la conocen. Francisca Artigues acompaña a su hijo en las exposiciones por todo el mundo. Hoy borda manteles y cortinas en los que Barceló dibuja paisajes con figuras del fondo del mar, para uso de la familia, sin interés comercial.

Barceló ha podido vivir de su trabajo desde muy pronto, por eso parece que su carrera es más larga, explica Enrique Juncosa. Siempre ha ejercido la práctica autodidacta. Al joven de 17 años que se traslada a vivir a Barcelona, la Escuela de Bellas Artes Sant Jordi le parece demasiado académica y la abandona. Para entonces, ya había mostrado su arte al público.

El salto internacional se produce en 1980 con su participación en la Documenta 7 de Kassel. Se relaciona con los artistas y galeristas más importantes, entre ellos Bruno Bischofberger, de Zúrich, su marchante, de cuya galería procedía Faena de muleta. En su trayectoria -misteriosa, diversa y provocadora- destaca la exposición conjunta de la Galerie Nationale de Jeau de Paume y el Centro Georges Pompidou en 1996.

Barceló se convierte en un nómada. Vive en Nápoles, París o Vila Nova de Milfontes, en Portugal, donde conocerá a su mujer, Cécile Franken, con la que tiene dos hijos, Marcèlle y Joaquim. En 1987 se instala en París -reparte actualmente su tiempo entre la capital francesa, Mallorca y Mali- y un año después se produce su primer contacto con África, otro de sus referentes, empapándose durante varios meses de la vida en Mali. Allí ha hecho grandes amigos, que le acompañan en momentos clave. Isabel Salgado, subdirectora del área de cultura de la Fundación La Caixa, cuenta que en uno de los encuentros en los espacios de la fundación en Barcelona, el artista estaba deseando salir a enseñar la ciudad a sus amigos africanos con el coche que había alquilado. Un grupo de amigos dogones de Malí también le arroparon en uno de los grandes momentos de su trayectoria: la inauguración de la cúpula de la Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones en la sede de la ONU en Ginebra. El proyecto, de 20 millones de euros, acabó resultando polémico a causa de su financiación. El artista hubiera preferido que la polémica no hubiese existido, pero al final tuvo más en cuenta los comentarios positivos. "Es una persona muy entusiasta", añade Enrique Juncosa.

Y con una enorme capacidad de trabajo. Dispuesto y colaborador. La relación de La Caixa y Barceló se inició en los ochenta. Una de las primeras obras que la Fundación compró para la colección de arte fue Mapa de Carn, de 1982. Isabel Salgado ha podido apreciar el "talento creativo excepcional" del artista en su casa taller de Farrutx, "por como vive, trabaja o cocina".

Su vida se parece a los cuadros y a la inversa. La literatura es su gran afición. Y el mar -pescar, nadar- o los toros. Para él, una buena corrida bien merece un viaje a Ronda (Málaga). El universo Barceló cotiza al alza.