A fondo
Un avión de Iberia recibe asistencia en un aeropuerto.
Un avión de Iberia recibe asistencia en un aeropuerto.

No se puede volar más lento

Los pilotos de Iberia con su trabajo ajustado a convenio han decidido echar un pulso a la dirección.

Es posible que usted esté en el momento de leer estas páginas sentado en cualquier letra y fila de cualquier avión de Iberia u ocupando un asiento en alguna de las salas de espera de cualquier aeropuerto del mundo esperando el embarque de cualquier vuelo de la compañía filial del grupo IAG. Es posible que no le haga falta llegar al segundo párrafo de este texto para mirar su reloj de nuevo y comprobar que su avión, que su vuelo, se va a retrasar, que no va a salir en hora. Serán quince, veinte, veinticinco minutos o incluso una hora, pero se va a retrasar...

No se inquiete. No se preocupe. O mejor sí: hágalo. Como a usted, este retraso le está afectando a la mayor parte de los vuelos de la aerolínea hoy. Y el problema no es solo de hoy, el problema lleva afectando a la empresa presidida por Antonio Vázquez varios meses. La realidad inquietante y palpable son los retrasos. Lo que ya no es tan palpable, tan demoledor, tan comprobable, es quién tiene la culpa de todo esto. Quién se va a responsabilizar de que a menos de cinco días del primer gran éxodo vacacional del año, el que empieza el 1 de julio, Iberia no esté alcanzando ni de lejos, tal y como reflejan a diario los datos de su intranet, los compromisos de puntualidad que a sí misma se ha dado en su plan director y que fijan un 82% de puntualidad. Es decir, que al menos el 82% de sus vuelos salga o llegue con una diferencia horaria nunca superior a los 15 minutos.

Nadie da una respuesta única para explicarlo. Iberia acude a la mala planificación de AENA, a las protestas soterradas de los controladores aéreos, que, desde el plantón del pasado 3 de diciembre, no ayudan en nada a la operativa de una empresa controlada por un gobierno cada vez más débil. AENA acusa a las compañías, sean Iberia o su competencia. Los controladores, a AENA; los pilotos, a la dirección de Iberia. Pero nadie se acusa a sí mismo. Y todos los demás, retrasados.

CincoDías ha intentado constatar en primera persona la razón del retraso. Ha hablado con comandantes y segundos pilotos de la aerolínea y ha llegado a una conclusión que, sin pretender ser excluyente, se podría resumir parafraseando las palabras con las que el gran maestro manco, mago de las cartas, René Lavand, ameniza todos y cada uno de sus trucos: "No se puede volar más lento"

"Tengo un récord personal. He llegado a tardar veinte minutos en recorrer el trecho que va desde uno de los fingers de la T4 de Madrid hasta la cabecera de pista. No se puede hacer en más, reto a quien quiera comprobarlo, desafío a quien quiera batirme". La frase es de un piloto de Iberia que se reconoce harto y cansado de lo que está pasando "en mi compañía". "Hasta hace unos meses, yo diría que desde principios de año, todo el mundo intentaba que la operación fuera fluida. Ya no". La petición del Sepla de ajustar todos los procedimientos del trabajo al convenio vigente y llevar a cabo un cumplimiento estricto de los procedimientos operativos, de comprobación de maletas, de cumplimiento riguroso de los procedimientos, de no exceder en ningún caso la velocidad regulada para el vuelo, etc. Pequeñas, grandes y medianas piedras en un de por sí complicado engranaje que no hacen sino provocar demoras y más demoras, pérdidas y más pérdidas.

"Ya no pedimos rutas directas. No pedimos atajos en las rutas aéreas para arañar unos minutos al vuelo. Comprobamos una y otra vez que el pasaje es el correcto, que las maletas coinciden. No apuramos a los controladores para que nos permitan salir unos minutos antes de lo que nos marca el slot. No pedimos llegar a las proximidades de los aeropuertos con mayor velocidad que la que marca la carta de vuelo y, de hecho, lo rechazamos si los controladores nos lo sugieren".

"Cumplimos los procedimientos establecidos por la propia compañía al máximo. No es una huelga de celo, porque de estar haciéndola estaríamos cometiendo una ilegalidad".

Uno de los pilotos consultados por este periódico, ilustró la situación con un hecho -confirmado después por un controlador del centro de control de Torrejón- ocurrido hace unos días. Coincidieron tres aviones de Iberia en las proximidades de Barajas que, ante la advertencia de que tendrían que hacer unos minutos de sobrevuelo, declararon ir muy cortos de combustible. A uno de ellos se le permitió aterrizar utilizando el orden de preferencia de un Air Nostrum que accedió a cederle su puesto. El segundo avión declinó una oferta similar. "Sin ver comprometida en ningún momento la seguridad del vuelo, argumentó que era su problema, que no quería causar ningún perjuicio a nadie y decidió irse a su aeropuerto alternativo: Zaragoza. Hace unos meses no lo habría hecho; o sí, quién sabe. El resultado es siempre el mismo: retrasos y más retrasos.

Pero los tripulantes de Iberia no lo hacen por que quieran causar un perjuicio gratuito a la compañía, a sus clientes o a sí mismos.

Lo hacen, explican, "porque es inconcebible que la compañía no se siente a negociar un nuevo convenio y porque ha sancionado duramente a tres compañeros por interpretar el convenio vigente, sobre todo en lo que se refiere al régimen de descansos, de acuerdo con las directrices que marca Aviación Civil que a nuestro juicio Iberia no respeta".

"Y tiene una solución rápida y contundente: volver a sentarse ante la mesa de negociación e intentar llegar a un acuerdo que permita regular sobre bases reales la articulación de la low cost interna que Iberia pretende montar", explican.

Pero el enfrentamiento entre los pilotos de Iberia y la compañía aérea es solo una de las caras del prisma que forma el mapa de los retrasos aéreos en España.

Sin duda, hay otras; la escasez de controladores y la limitación crónica que esta realidad ha impuesto a la capacidad del espacio aéreo para absorber el tráfico de una forma fluida y sin retrasos. Aderezado con las pésimas relaciones de los controladores con su empresa a resultas del cierre del espacio aéreo del pasado mes de diciembre y la adopción de un nuevo convenio, impuesto en términos de arbitraje, es una más de las vertientes del problema que hoy por hoy está ya enquistado y tiene escasos visos de solución a corto plazo.

Es decir, gasolina al fuego. Alimento a un conflicto que amenaza con hacer mucho daño este verano y que, si nadie lo remedia, volverá a traer, además de calor, muchas horas perdidas en salas de embarque y muy caros y peligrosísimos sobrevuelos en las inmediaciones de los principales aeropuertos.