Hotel Kempinski

Un hotel sin precio para los muy ricos

Un millonario ruso decidió que quería calefacción por suelo radiante en la suite real del Hotel Kempinski de Estepona. No reparó en gastos. Se levantó el mármol, se puso la calefacción y él mismo pagó la obra sin reparos en la factura. Este tipo de clientes son los que ocupan la octava planta -de acceso exclusivo con tarjeta privada en el ascensor- de este establecimiento de cinco estrellas gran lujo.

Rusos adinerados, jeques árabes y famosos como Alejandro Sanz han ocupado alguna de estas exclusivas habitaciones. La octava planta se divide en diferentes suites que se pueden ocupar por separado, o bien, como sucede con los dueños de los petrodólares, se alquila de forma conjunta y una parte va destinada al séquito.

La suite real se puede alquilar completa o se puede dividir en las de levante (a partir de 4.000 euros al día y con 200 metros cuadrados) y la de poniente (un duplex que cuesta a partir de 7.000 euros al día y dispone de 461 metros). Pero en realidad estas habitaciones no tiene precios. La tarifa sólo es aproximada, porque se puede solicitar servicio de mayordomo, coche de lujo o todo lo que la tarjeta de crédito resista.

La terraza de la habitación poniente mide 261 metros cuadrados mirando al mar, con sofás tipo lounge en la parte alta del duplex, desde donde se ve el norte de África y el Peñón de Gibraltar. También dispone de salón, vestidor, barra de bar propia en el lounge, o una pantalla gigante rodeada de sofás.

El hotel, además de sitio de referencia para golfistas que acuden a los numerosos campos de la zona, es también lugar de reunión de los dueños de coches Ferrari de la Costa del Sol los domingos en los que hay grandes premios de Fórmula 1. Para los que no dispongan de recursos sin límite, existen otras seis suites y 132 habitaciones, a partir de 380 euros al día en temporada alta.

El edificio fue diseñado hace una década por el arquitecto Melvin Villaroel y se divide en una mitad para el hotel y otra para 89 apartamentos en propiedad, con precios que puede llegar a los cuatro millones de euros en el caso de algunos de los áticos con terraza.

Un antiguo torreón para cenar

El Kempinski de Estepona está pensando como un resort tipo caribeño, con tres piscinas que dan directamente a la costa, donde se puede disfrutar de un servicio de bar a pie de playa. En la pasada noche de San Juan, los clientes disfrutaron de hogueras y mojitos disfrutando del mar.

Pero otra de las apuestas de la casa, propiedad de un grupo hotelero alemán con hoteles en Saint Moritz, Londres o Abu Dhabi, es la restauración. Los clientes en su mayoría son alemanes o británicos, aunque cada vez hay más españoles según los responsables del hotel, y todos ellos valoran la comida mediterránea y los productos locales.

Una de las apuestas del chef Jordi Bataller consiste en cultivar su propio huerto ecológico. Una decena de árboles dan miles de kilos de aguacates al año. La tierra también da tomates, calabacines, pimientos, berenjenas, pimientos y una gran variedad de productos de la huerta mediterránea. Además, la visita a este rincón verde del hotel es una de las actividades para los niños de los huéspedes.

Sus cinco restaurantes ofrecen cocina de autor, desde tapas a un brunch al aire libre los domingos, donde la langosta es la reina. En general, el pescado de la zona es siempre lo más apetecible de la carta.

Pero si los suyo vuelve a ser la exclusividad, el hotel dispone de un antiguo torreón adyacente, donde se puede disfrutar de una íntima cena mirando al mar, sin otros clientes. La única compañía será la de los camareros que le traten como a un príncipe rico en petrodólares.