Alemania y Holanda, partidarias de que los inversores paguen parte de la factura

La aportación privada al rescate de Grecia podría sumar unos 25.000 millones

La aportación de los bancos, fondos de pensiones y aseguradoras al segundo rescate de Grecia podría elevarse hasta los 25.000 millones de euros, según avanzó hoy el ministro de Finanzas belga, Didier Reynders.

Los ministros de Finanzas de la zona euro celebraron hoy una reunión extraordinaria en Bruselas para avanzar en el diseño de un segundo plan de ayuda a Grecia, más allá de los 110.000 millones que le fueron concedidos en mayo de 2010, y estudiar cómo integran la participación de los acreedores privados en el mismo.

En estos momentos, la zona euro se encuentra dividida respecto a la contribución del sector privado, entre una Alemania -apoyada por Holanda- partidaria de que los inversores paguen parte de la factura y el Banco Central Europeo, que teme las consecuencias que este extremo podría provocar en el conjunto de la zona euro.

Esta misma tarde, el candidato a presidir el Banco Central Europeo, Mario Draghi, alertó ante el Parlamento Europeo de los problemas que acarrearía una bancarrota griega, que dejaría sin resolver el problema de la elevada deuda pública del país y causaría graves pérdidas a los bancos que poseen bonos helenos, lo que obligaría a recapitalizarlos.

Reynders también consideró hoy que impulsar una participación forzosa sería "un error" que supondría "un riesgo para Grecia, pero también para Portugal o Irlanda" y toda la zona euro, además de "un regalo" a todos los especuladores que han jugado con el impago de Grecia.

Por su parte, la ministra de Economía y Hacienda española, Elena Salgado, consideró que es necesario "atender a las preocupaciones" del Banco Central Europeo a la hora de integrar la participación de los acreedores privados.

En este contexto, ha ido cobrando fuerza la opción defendida por la Comisión Europea para esquivar las graves consecuencias que podría acarrear cualquier tipo de reorganización de la deuda que sea calificada como un impago de facto por los actores del mercado.

Concretamente, Bruselas aboga por fomentar una participación "voluntaria" de los acreedores privados, que pasaría por que se comprometieran a suscribir nueva deuda griega según fueran venciendo los bonos en cartera.

El ministro de Finanzas belga consideró que "no se trata de hacer perder nada a nadie" y que "está en el interés del sector financiero" el encontrar una fórmula adecuada para Grecia, de manera "que la zona euro supere esta prueba sin demasiadas dificultades".

Por otro lado, Reynders adelantó que la cifra de ayuda adicional que manejan la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional se sitúa en el entorno de los 80.000 millones de euros, aunque las cantidades siguen sin estar claras.

Algunas fuentes explican que a esa cantidad habría que sumar la cuantía proveniente del programa de privatizaciones del país, aunque éste y otros extremos del programa de Grecia no se conocerán hasta la reunión que mantendrán los ministros la próxima semana en Luxemburgo, en la que sí se esperan decisiones más concretas.

El encuentro del viernes próximo entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy, será clave para abordar la respuesta global a la crisis griega.

En este contexto, continúa la presión en los mercados, donde el diferencial del bono griego a diez años, respecto al alemán de referencia, llegó hasta los 1.437 puntos básicos, impulsados por la nueva degradación de la deuda griega efectuada ayer por la agencia Standard & Poor's, que hundió la calificación hasta niveles cercanos a la quiebra.

Estas turbulencias no tuvieron reflejo en España, donde el diferencial cerró en 245 puntos básicos, ocho menos que ayer, tras la subasta de letras del Tesoro español celebrada esta mañana en la que se adjudicaron 5.400 millones de euros en letras a un año y 18 meses.

Pese a ello, la ministra Salgado reconoció "que el caso de Grecia está afectando a todos" los países de la zona euro y en especial a la financiación de los países que, como España, "tienen desequilibrios importantes", pero confió en buscar soluciones efectivas para todos.