Producción limitada

El capricho convertido en automóvil

El Pagani Zonda R no es un coche de carreras. Tampoco uno de calle. "Sólo" es un juguete al alcance de unos pocos afortunados. Y se paga como tal.

Muchos niños sueñan durante su infancia con imitar a sus ídolos sobre cuatro ruedas. Primero fue Carlos Sainz el que inyectó en muchas venas el "veneno" de la competición automovilística, y Fernando Alonso tomó su testigo para hacer lo propio una generación después. Pocos son los que tienen la posibilidad de sentir todo lo que un coche de carreras puede transmitir: una aceleración vertiginosa, una capacidad de frenada de infarto, unos pasos por curva a los que sólo los más valientes podrían atreverse. Pura adrenalina.

Precisamente, para aquellos que ya no son tan niños pero conservan ese sueño de infancia está diseñado éste Pagani Zonda R. Porque es tan especial que no es un coche de calle, ya que monta neumáticos 'slicks' (sin dibujo) y no tiene intermitentes; y tampoco un coche de carreras, porque no está homologado para tal fin. Simplemente, es un juguete para mayores que siguen sintiéndose niños. Eso sí, solo los que tienen unos cuantos ceros en sus cuentas corrientes.

Sin embargo, calificarlo de "juguete" sería injusto, además de un poco cándido. El Zonda R es una bestia. Una máquina casi perfecta, de 750 CV de potencia y sólo 1.070 kilos de peso, lo que establece una relación de 701 CV por tonelada. Una locura que acelera de 0 a 100 en 2,7 segundos, empujada por un motor de 6 litros y 12 cilindros en V que generan esos 750 CV de potencia y un par motor de 710nm. Es decir, el coche se funde con el asfalto mientra el conductor sólo puede agarrarse al volante y seguir disfrutando. O rezando, ya que su velocidad máxima supera los 370 km/h.

Tales prestaciones, unidas a una estructura fabricada con una mezcla de fibra de carbono y titanio, suspensión y aerodinámica ajustables a cada tipo de conductor, y frenos también de carbono que detienen el coche de 200 km/h a 0 en 4,3 segundos, nos hacen llegar al aspecto más espinoso de esta máquina, que no es otro que el precio. Una pieza de coleccionista tiene su coste, y en el caso del Pagani Zonda R es de 1.460.000 euros más los impuestos correspondientes. A ello hay que sumarle que para disfrutar de él habrá que alquilar un circuito (o construirse uno). Pero, quien pueda permitirse gastar más de millón y medio de euros en un coche que sólo puede conducirse en recintos privados, no tendrá mayores problemas para afrontar sus gastos derivados.Quien pueda, que lo disfrute.