Apple hace ruido, pero se sube tarde a la nube

La fe del converso, en versión Steve Jobs

El presidente de Apple, Steve Jobs, presentó el iCloud anunciando que el centro de la vida digital de los usuarios estará en la nube, obviando el hecho de que son miles los programadores que llevan años trabajando para lograr eso mismo: que los discos duros pierdan cada vez más importancia.

Steve Jobs, el 6 de junio de 2011
Steve Jobs, el 6 de junio de 2011

Steve Jobs aterrizó este lunes en la conferencia de desarrolladores celebrada en San Francisco para revelar a sus millones de seguidores la verdad absoluta. "El centro de tu vida digital estará ahora en la nube", aseguró un demacrado Jobs en la presentación del iCloud, el servicio que permitirá que todos los usuarios de Apple puedan alojar sus archivos fuera de los discos duros locales de toda la vida.

Apple no ha llegado a ser la compañía más valiosa del mundo solo gracias a la calidad de sus productos. También se ha aprovechado de su capacidad para convertir cada lanzamiento en un acontecimiento global, sea cual sea el producto presentado. Y todo, sin hacer publicidad. Porque, por mucho que Jobs se empeñase en hacer creer que ha descubierto la piedra filosofal del cibermundo -y por mucho que los medios de comunicación hayamos aplaudido su anuncio como cheerleaders-, el iCloud no es, ni mucho menos, una idea original. Los expertos llevan años asegurando que el centro de la vida del usuario de informática estará tarde o temprano lejos de sus propios discos duros. Y hace mucho que circulan por la red programas como el Dropbox, SpiderOak, Ubuntu One, CloudMe, SugasSync o el Wuala, entre otros, aplicaciones que convierten los discos duros y los pen drives en tecnologías obsoletas de la forma más sencilla: el usuario solo tiene que guardar el archivo en una carpeta determinada en su pc, y una copia de ese mismo aparecerá en otra carpeta en cuantos dispositivos esté instalado el programa. Es más, la nube no es cosa de start ups y freakies de la programación. Imperios como Microsoft hace tiempo que tienen su propio sistema de almacenaje online. Y compañías con más de 15 años a sus espaldas como Amazon presentó en marzo el Cloud Drive, un sistema prácticamente idéntico al iCloud. Google tardó un mes y medio en presentar su propio servicio. Las dos aplicaciones cuentan, además, con servicios específicos para alojar archivos musicales.

Ninguna de las dos compañías, sin embargo, cuenta con una figura carismática como la de Steve Jobs para hacer las presentaciones, un cada vez más delgado directivo capaz de cautivar tanto con sonoros discuros en universidades como explicando las bondades de un cachivache. Así, en su presentación, Jobs anunció su nuevo servicio casi como si fuese su invento, como la mayor de las novedades, como el día en que con la presentación del iPad inauguró el segmento de las tabletas. ¿Por qué puede hacerlo sin que medio mundo le saque los colores? Por sus 200 millones de dispositivos en el mercado (entre ellos, 25 millones de iPad) y sus 450.000 aplicaciones en la app store. Esas son sus fortalezas para ignorar por completo el trabajo de todos aquellos que llevan años con la cabeza en las nubes. Ese parque móvil puede llevarle a restringir el uso en sus aparatos de otro software que no sea el iCloud, algo que, hasta ahora, no sucede. La única concesión a la existencia de rivales está en su web: la compañía asegura, eso sí, que su servicio integrará más eficientemente la nube en los dispositivos que sus rivales.

Es esa fortaleza la que le legitima para asegurar que llegará el momento en que el ordenador personal, aquel artilugio que tanto él como otros como Bill Gates contribuyeron a popularizar en los años 80 y 90, sea degradado hasta convertirse en un dispositivo más. Pero si eso ocurrirá gracias a la nube, no será invento suyo. Al menos no del todo.