A fondo

A Ordóñez empiezan a encajarle las piezas

Miguel Ángel Fernández Ordóñez
Miguel Ángel Fernández Ordóñez

Ha sido necesaria la intervención del Banco de España, reclamando que se aceleren los procesos de fusión y de ajustes de plantilla, para que Unicaja y Caja España Duero encuentren días libres en el calendario de aquí a septiembre para celebrar sus respectivas asambleas para aprobar su fusión. Será en la primera semana de septiembre, mes clave por otra parte para el sistema financiero español, cuando ambas cajas den el último paso para su unión y den el sí al traspaso de sus activos al banco creado por la entidad malagueña.

Las negociaciones (últimas, porque ha habido más) entre Braulio Medel y Evaristo del Canto, presidentes de Unicaja y Caja España Duero, respectivamente, para integrar ambas entidades se oficializaron a finales de marzo. Pero no ha sido hasta el jueves cuando, por fin, han puesto fecha a las asambleas que tendrán que ratificar esta unión. El día 1 de septiembre se celebrará la asamblea de Unicaja y el día 3 la de Caja España Duero. Entre medias habrá que aprobar también el ajuste de plantilla de la nueva entidad resultante. De momento, el número previsto de prejubilaciones y bajas incentivadas es de 1.000, de los que 750 empleados corresponden a la caja malagueña y 250 a la castellanoleonesa. Esta última entidad ya ha prescindido en un año de 846 trabajadores tras la fusión de Caja España y Caja Duero.

Pero para marcar los primeros días de septiembre como fecha ha tenido que mediar nuevamente el Banco de España. Y es que las tensiones entre ambas entidades eran constantes. Medel, uno de los gestores de cajas más expertos del sector en particular y del sistema financiero en general, contaba con unos tiempos más dilatados para llegar a un acuerdo definitivo con Del Canto. No tenía prisa ya que la solvencia de la caja le permite seguir su propio ritmo y parar a descansar cuando quiera, sin mayores agobios.

De hecho, Unicaja tenía planeado su propio plan de ajuste de plantilla, sin contar con Caja España Duero, explican consejeros de ambas. La semana pasada anunció un plan para prejubilar a 250 empleados. También había diseñado su propio plan para crear (ya lo ha hecho) y traspasar sus activos a un banco. En paralelo mantenía sus tiras y aflojas (más tiras que aflojas) con la entidad castellanoleonesa.

Con su diseño y calendario, Medel había previsto alargar todo lo posible la aprobación de la operación. Quería ganar tiempo y estar seguro de que con la fusión no se iba a encontrar con ninguna sorpresa posterior en Caja España. Hay en marcha una due diligence, que se cerrará el 11 de junio, que determinará al final el peso de cada entidad en el nuevo banco. Y es que sobre todas las operaciones en marcha planea lo ocurrido en Banco Base con CAM, en la que casi al final del proceso para la integración en un SIP con Cajastur, Extremadura y Cantabria, una inspección del Banco de España provocó una revisión de los activos dudosos de CAM, que elevó considerablemente su morosidad. Esta desembocó en la ruptura del SIP.

El paso en el que Medel se movía estrangulaba poco a poco a Caja España Duero, explican varias fuentes cercanas a la operación. Unicaja preveía celebrar su asamblea más allá de septiembre. La caja que preside Del Canto, sin embargo, no quería retrasar la ratificación de la firma de la fusión y el traspaso de activos al banco más lejos de agosto. El reloj juega en su contra, ya que necesita 463 millones para cumplir con los requerimientos de capital si no se fusiona con Unicaja.

Septiembre está ya a la vuelta de la esquina y es la fecha marcada en rojo en el calendario del Banco de España y en el de las cajas que necesitan capital para examinarse y comprobar si sus planes de recapitalización han cumplido su objetivo y se salvan del FROB o, por el contrario, deben ser nacionalizadas en mayor o menor medida. Eso sí, algunas tendrán prórroga.

El salvavidas de Caja España Duero para evitar la entrada del FROB es precisamente la fusión con Unicaja. Otra posibilidad, pero ya muy remota, es que cree su propio banco y dar entrada en su capital a inversores privados. Para evitar nuevos sustos, y que se tensen tanto las negociaciones que puedan romperse (algo que no se espera, pero que no sería el primer caso), y llegar a septiembre con los deberes casi terminados, el Banco de España ha vuelto a mediar para poner fecha a la boda. La hoja de ruta fijada por el supervisor para la reestructuración del sistema financiero español no tiene marcha atrás. No puede ni debe modificarse a no ser para adelantarse. Los mercados no lo perdonarían.

Los bancos, y alguna caja como Ibercaja, o incluso La Caixa, saben que en septiembre se iniciará la segunda ronda de fusiones, o mejor dicho de absorciones a través de compras, de las entidades que estén a punto de ahogarse. Será entonces cuando los más solventes puedan cazar a sus presas sin prácticamente resistencia. De cualquier forma, las teorías de que el mapa bancario español no se consolidará hasta dentro de dos o tres años no se han disipado. Muchos expertos creen que solo quedarán una docena de entidades entre bancos y cajas, aunque alguna muy pequeña como Ontinyent o Pollença puedan seguir en sus respectivas regiones.