Mario Draghi

Un italiano en la Eurotower

Vía libre de Alemania para que este banquero romano de 64 años sustituya a Trichet al frente del BCE el próximo noviembre. Su reto, salvar al euro

Un italiano en la Eurotower
Un italiano en la Eurotower

Quién va a cuidar de nuestro euro ahora?, se preguntaba el sensacionalista Bild tras conocer que el candidato a la presidencia del Banco Central Europeo no sería un alemán (Axel Weber, expresidente del Bundesbank). "Por favor, no este italiano", sugería el diario a sus más de cuatro millones de lectores. "Mamma mia, para los italianos, la inflación es una forma de vida, como la salsa de tomate con la pasta". Mario Draghi, gobernador del Banco de Italia, ha tenido varias cosas en contra en su postulado al BCE, una de ellas, su pasaporte.

Un candidato de una tambaleante economía del sur de Europa no es algo fácil de explicar a los votantes. El pasado miércoles, Berlín anunciaba su apoyo a Draghi, cuyo nombramiento podría pactarse este próximo lunes en el Eurogrupo y hacerse oficial en la cumbre europea del próximo 24 de junio. La propia canciller Merkel, en una entrevista con el semanario Die Zeit, elogiaba al italiano: "Está muy cercano a nuestra cultura de estabilidad y solidez económica". Según los colegas de Draghi en el comité ejecutivo del BCE, el gobernador del Banco de Italia ha sido un firme defensor de un alza de tipos, a pesar de que la economía italiana saldría perjudicada con la medida.

Quizá es por sus años vividos en el extranjero por lo que la prensa italiana le adjudica un perfil anglosajón más que italiano. Con el plácet de Alemania y Francia, Draghi prepara la mudanza a la Eurotower, la sede del BCE en Fráncfort, el próximo 1 de noviembre.

La prensa adjudica al gobernador del Banco de Italia un perfil más anglosajón que italiano

Como si fuera cosa del destino, Draghi nació en Roma en 1947 cuando su padre se ocupaba en el Palazzo Koch, el edificio de estilo renacentista que ocupa el Banco de Italia, de la impresión del dinero italiano de la posguerra. En 2005, el Gobierno italiano ofreció a Mario Draghi las llaves del elegante palacio de la Via Nazionale con una difícil tarea: restaurar la credibilidad de la institución. El entonces gobernador Antonio Fazio fue presionado para dimitir como consecuencia de los escándalos de las ofertas públicas de adquisición de los bancos Antonveneta y Banca Nazionale del Lavoro -en este caso, en perjuicio del BBVA-. Superó la prueba, a juicio de los analistas, evitando el hundimiento del sistema bancario durante la crisis. Draghi ha sido el primer gobernador que ostenta el cargo por un tiempo limitado de seis años, renovable una sola vez.

Este hombre discreto, alejado de la vida mundana y que no alimenta chismes sobre él y su familia -está casado y tiene dos hijos-, se educó en los jesuitas. Doctor en Economía por la Universidad La Sapienza de Roma -discutió la tesis Integración económica y variaciones de tipos de cambio con el profesor Federico Caffè-, Draghi fue probablemente el primer italiano en marcharse al Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston para hacer el doctorado con el premio Nobel de Economía Franco Modigliani.

Le tentó la docencia. Entre 1974 y 1978 fue profesor de Política Económica y Financiera en la Universidad de Trento; de Macroeconomía en la de Padua; de Economía Matemática en la de Venecia, y entre 1981 y 1991, profesor ordinario de Economía Política y Monetaria en la Universidad de Florencia. Los universitarios tuvieron el privilegio de escuchar en las aulas al director ejecutivo del Banco Mundial, cargo que desempeñó entre 1984 y 1990.

Su siguiente destino fue la Dirección General del Tesoro. En el puesto, que ejerció durante diez años -con nueve Gobiernos, de izquierdas y de derechas-, hasta 2001, el futuro míster euro fue el artífice de las privatizaciones llevadas a cabo en Italia. Con los fondos obtenidos, el país redujo la deuda pública y pudo cumplir con los criterios del Tratado de la UE para la entrada en el euro. Ha formado parte del consejo de administración de bancos y empresas como Eni, IRI o Banca Nazionale del Lavoro.

Draghi es un jefe respetado. "Es un gran motivador de personas. Es meticuloso y organizado a la hora de estructurar el trabajo, propone metas ambiciosas", señalan excolaboradores desde Italia. "Transmite entusiasmo, al tiempo que delega, y por lo tanto, estimula el crecimiento profesional", añaden.

En 2002, se incorporó a Goldman Sachs, un destino que ha acabado por resultar controvertido en su carrera a la presidencia del BCE. El banco de negocios dirigió la emisión de deuda griega en la primavera de 2002, cuando Draghi, apodado en la City londinense Súper Mario, ya estaba en el consejo. Una faceta de banquero de inversión en una compañía que en Europa se relaciona con los excesos de Wall Street que no ha sido vista con agrado.

De modo que un pasado de banquero de inversión procedente de un país con una pésima reputación en inflación y deuda. Draghi lo ha tenido todo en contra. Incluso la regla no escrita en la Unión Europea de respetar el reparto geográfico. Alemania apoyó a Vitor Constancio como vicepresidente del BCE a cambio de lograr la presidencia para Weber. Con la salida de Jean-Claude Trichet, el BCE estará liderado por dos banqueros de las economías más endeudadas de la zona euro.

Pero la clase financiera internacional confía en Draghi. Fulvio Conti, consejero delegado de Enel (grupo propietario de Endesa), conoce a Draghi desde hace muchos años, porque estudiaron Economía en La Sapienza. Para Conti, Draghi es una persona "de gran competencia, extrema seriedad y al mismo tiempo tolerante y respetuosa".

Su nombramiento envía una señal positiva a los mercados, en un momento en que la zona euro afronta el rescate a Portugal y la crisis griega. ¡Bienvenido, míster euro!