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Lunes de los fondos

Oportunidades en Japón

La corrección aumenta el potencial de una inversión dadas las atractivas valoraciones.

Tres semanas después del terremoto y tsunami de Japón resulta más fácil analizar la situación del país desde un punto de vista de inversión. Como suele ser habitual, aquellos inversores más atrevidos y que apostaron por el país en los días inmediatamente posteriores al desastre (20% de caída en los índices bursátiles en dos días) serán los que previsiblemente se encuentren en posición de recoger los mayores frutos.

Antes de entrar a valorar el potencial interés de los activos financieros japoneses procede analizar precisamente la situación y perspectivas actuales con la información disponible. Lo que parece claro es que el impacto en la economía japonesa tendrá un calibre no muy diferente al del terremoto de Kobe en enero del año 1995, esto es, entre el 1 y 2% del PIB japonés. Este impacto debe ser matizado y hay que decir que se produce por una detracción del crecimiento esperado en los trimestres adyacentes al de la tragedia pero que en el medio plazo luego se ve compensado por una mayor expansión económica, al calor de la inversión que se produce en el esfuerzo de reconstrucción de las zonas afectadas.

Un reciente informe de Goldman Sachs cifraba este impacto en que el PIB japonés crecerá menos en este primer trimestre y los dos siguientes, como consecuencia de los daños causados por el terremoto. En el segundo trimestre es cuando el impacto negativo sería mayor y la casa estadounidense prevé una contracción intertrimestral del 0,7% (anualizado), en contraste con la expansión del 0,9% que esperaba antes. A partir del tercer trimestre la situación mejoraría claramente y en el cuarto trimestre del año su previsión es que la economía nipona se expanda un 2,7%, cinco décimas por encima de la previsión anterior a la catástrofe. En los tres trimestres siguientes (ya en 2012) el impacto positivo continuaría, hasta el punto de que al final de los mismos se alcanzaría el mismo nivel de PIB que en el escenario anterior al terremoto.

Dicho esto, existen en esta ocasión dos elementos que provocan una incertidumbre adicional. Nos referimos a los graves problemas no resueltos en la central nuclear de Fukushima y al estrés sobre el suministro energético que están y pueden seguir causando problemas en la producción industrial en particular y en la actividad económica del país. La visión más extendida y que comparto es que, a pesar de la incertidumbre, el resultado más probable es que ambos problemas puedan ser finalmente controlados y resueltos en gran medida. Así, la visión de mercados que voy a ponderar se hace en el supuesto de que ambos asuntos no sufran un grave deterioro, en cuyo caso el escenario sería diferente y negativo.

Un primer ejercicio que puede hacerse es puramente consiste en mirar a lo que sucedió en 1995. En aquella ocasión se registró una corrección del Nikkei que supero el 25% y duró unos seis meses. El alza posterior superó el 35% y todo ello se produjo dentro de un ciclo bursátil alcista a nivel global pero bajista a nivel doméstico. Una manera más reveladora de mirar al asunto es introducir valoraciones y ponerlas en contexto con las cotizaciones. En este sentido el ratio de precio dividido por el valor en libros agregado puede ser interesante ya que, de hecho, aquellas compañías con valores bajos para este ratio fueron las que mejor se comportaron después de Kobe (además de sectores obvios como construcción y farmacéuticas), según datos de BlackRock. Pues bien, este ratio se sitúa en apenas uno, la mitad que entonces. Los múltiples de beneficios y la salud de los balances corporativos también muestran una situación inmensamente más atractiva que entonces. De hecho, Japón ya parecía un mercado atractivo a principios de año, puesto de manifiesto por el creciente interés, asignaciones y flujos de dinero positivos de un buen y significativo número de inversores institucionales. Por ello, la corrección se presenta como una oportunidad de inversión.

Por el contrario, la deuda japonesa, a sus bajísimos tipos de interés hay que sumar el estrés añadido que va a suponer la financiación de la reconstrucción. Solo un entorno de verdadero pánico podría hacer valer el carácter refugio de los bonos gubernamentales japoneses. Por último, la divisa ha sido objeto de gran debate pero, sin entrar en los detalles, la situación parece distinta a la de Kobe y una apreciación adicional significativa del yen no parece probable.

La mejor manera de materializar la inversión en renta variable japonesa es a través de fondos. Existe un apreciable número de buenos gestores que previsiblemente serán capaces de aprovechar las oportunidades que se están presentando, con una adecuada diversificación, y con la posibilidad de cubrir o no la divisa. Algunos de estos fondos pueden encontrase en el cuadro inferior.

Juan Manuel Vicente Casadevall. EAFI Kessler & Cassadevall Asesoramiento Financiero

Caídas en un ciclo alcista

La actual corrección de la Bolsa japonesa ha tenido lugar dentro de un ciclo bursátil alcista a nivel global que acaba de superar ya los dos años, como puede observarse en el gráfico central a través del índice MSCI World.

Este hecho también se produjo en 1995 pero entonces la Bolsa japonesa se encontraba dentro de un ciclo bursátil bajista. En esta ocasión la tendencia de la Bolsa japonesa no estaba clara ya que se había recuperado en 2009 como el resto pero luego corrigió en 2010 para recuperarse de nuevo.

Había comenzado 2011 como uno de los mejores índices bursátiles hasta que llegó el desastre natural.

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