Pymes & I+D+i. Innovación

Los inventos solo saben de ideas, no de idiomas

La escasa apuesta innovadora de España lastra la inclusión del castellano en la patente europea.

La patente común que la Unión Europea lleva 35 años intentando sacar adelante se materializó este mes sin España ni Italia. Ambos países se han descolgado del proceso de crear una patente trilingüe (inglés, francés y alemán) porque en ella se prescinde de estos dos idiomas. Aunque en un principio la decisión latente desde hace más de un cuarto de siglo debía tomarse por unanimidad para ser aprobada, el resto de miembros del club comunitario recurrieron a la cooperación reforzada para adoptar la medida. Este mecanismo permite que al menos nueve países soliciten a la Comisión Europea la puesta en marcha de una medida cuando resulta imposible aprobarla para todos los miembros de la Unión Europea.

España pierde así la batalla por introducir el castellano en la tramitación de patentes dentro de la UE, lo cual crea "claras desventajas competitivas y lastra la capacidad de innovación de las pymes españolas", ha explicado la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme). El principal obstáculo que abre la patente sin el castellano a las pymes españolas es, según la patronal, que no podrá protegerse de eventuales litigios en la misma medida que sus competidoras de otros países.

"En el supuesto de que una pequeña empresa infringiese una patente sin mala fe, tendría que defenderse en el idioma en el que la patente haya sido otorgada, por ejemplo, alemán. En este caso, sería la pequeña empresa española la que incurriría en los gastos de traducción, mientras que su competidora se los habría ahorrado gracias al sistema trilingüe", explican desde Cepyme.

España registró el 1,26% de las patentes en 2009, frente al 41% de Alemania

Pero el principal escollo para las empresas españolas en la batalla lingüística es, precisamente, su escaso nivel innovador. Del total de patentes registradas en la Unión Europea en 2009, solo el 1,26% pertenecieron a empresas españolas, frente al 41% de las alemanas. "En España falta mentalidad innovadora, y los que tienen todas las de ganar con la patente son todos aquellos países que no dejan de inventar", asegura Fernando Gil Guerrero, presidente de la empresa Solid Quality Mentors, una pyme dedicada al desarrollo de tecnologías de la información.

En la actualidad, la Oficina Europa de Patentes, un organismo extracomunitario con sede en Múnich, ya tramita la solicitud de patentes europeas en inglés, francés y alemán. Pero para que la patente entre en vigor en un Estado miembro, el inventor debe solicitar su validación nacional en cada país donde quiera proteger su patente. Este proceso conlleva costes administrativos, sobre todo de traducción, nada desdeñables.

De los 18.000 euros que cuesta una patente aprobada en 13 países miembros, 10.000 euros corresponden únicamente a gastos de traducción, de forma que una patente en la UE es diez veces más cara que una estadounidense, que cuesta unos 1.850 euros. Por ello, la mayoría de empresas inventoras solo patentan sus creaciones en un número muy limitado de países.

En la actualidad, los títulos emitidos por la Oficina Europea de Patentes generan 1.200 litigios al año. Y la fragmentación del sistema de pleitos supone un coste de 289 millones de euros anuales para las empresas europeas, según un estudio encargado por la Comisión Europea.

De ahí que Bruselas se empeñe desde hace años en alcanzar una patente común que ahorre costes y permita impulsar la innovación tecnológica. "El problema no es en qué idioma registrar una patente, sino cómo se defiende la empresa si se infringen los derechos del invento", añade Gil Guerrero. "Las pymes no necesitamos traductores para innovar, sino un marco legal que no nos obligue a malgastar nuestros ajustados presupuestos en contratar abogados y traductores de cada país de la UE", concluye el directivo.

Sin el visto bueno de la justicia

Seguir adelante pese al veto del Tribunal Europeo de Justicia. Así lo ha decidido la Comisión Europea, después de que el tribunal con sede en Luxemburgo vetara la creación, este mes, de un órgano extracomunitario para resolver los pleitos derivados de la patente europea.

El fallo declaró ilegal la puesta en marcha de un tribunal de patentes, una de las patas del proyecto de patente común. La sentencia estipula que el nuevo órgano acapararía competencias de los tribunales nacionales y del propio Tribunal Europeo de Justicia. El Ejecutivo comunitario mantiene, sin embargo, que el dictamen del Tribunal Europeo de Justicia solo afecta a la parte jurídica de la futura patente. Por ello, Bruselas confía en sacar adelante el régimen lingüístico y el reglamento común.

Para el comisario de Mercado Interior, el francés Michel Barnier, la ausencia de patente europea es "una de las debilidades de la economía europea", según explicó tras conocer el veredicto de Luxemburgo. No obstante, Bruselas se verá obligada a cambiar sustancialmente el contenido del futuro acuerdo internacional para crear el Tribunal de Patentes, ya que la sentencia es vinculante, de forma que no podrá entrar en vigor a menos que se modifique.

A favor del nuevo tribunal se han pronunciado los Gobiernos de Alemania, Reino Unido, Holanda, Polonia, Portugal, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Rumanía, República Checa y Eslovenia. En contra figuraron los Ejecutivos de España y de Italia.

En cifras

Escasez innovadora: del total de patentes registradas en la Unión Europea en 2009, solo el 1,26% pertenecía a empresas españolas, frente al 41% de las compañías alemanas.

Costes: el precio de una patente aprobada en 13 países de la UE es de 18.000 euros, de los cuales 10.000 corresponden únicamente a gastos de traducción.

EE UU: registrar una patente en Europa es diez veces más caro que en Estados Unidos, donde cuesta 1.850 euros.

Litigios: la Oficina Europea de Patentes, órgano extracomunitario con sede en Múnich, registra alrededor de 1.200 litigios anuales.