Kenneth Rogoff. Profesor de Economía de Harvard

"España pedirá el rescate tarde o temprano"

El ex economista jefe del FMI vaticina años de estancamiento para España y la necesidad de acudir al fondo de rescate por contagio de Grecia e Irlanda

"España pedirá el rescate tarde o temprano"
"España pedirá el rescate tarde o temprano"

Maestro del ajedrez y reputado economista, Rogoff es una de las voces más autorizadas en el análisis de la Gran Recesión. Desde el puesto de economista jefe del FMI (2001-2003), tuvo un papel decisivo en la salida de la crisis de las puntocom. Sostiene que la mayoría de las crisis, incluida la última, tienen su origen en un exceso de endeudamiento, y que nunca se aprende la lección. Ayer pronunció una conferencia en la Fundación Rafael del Pino.

En su último libro, publicado hace año y medio, avanzaba la transformación de la crisis financiera en crisis de deuda soberana. ¿Cree que esta última está en vías de solución?

Hay que decir que, por duro que sea, el problema de la deuda pública no es tan grave como el colapso del sistema financiero que se ha evitado con ella. Pero también que lo peor de la crisis de deuda está por llegar. Con el tiempo, tanto Irlanda como Grecia, y también Portugal, tendrán que reestructurar su deuda por la imposibilidad de pagarla en tiempo y forma. Cuando eso suceda, España tendrá que pedir un rescate a la zona euro.

"Las reformas emprendidas darán resultado a largo plazo"

¿Por qué?

España afronta un panorama de varios años de crecimiento muy débil y terminará teniendo dificultades para pagar. Cuando los mercados vuelvan a ponerse nerviosos, al recrudecerse las crisis de Irlanda, Grecia y Portugal, atacarán a España. En ese momento, la zona euro hará bien en poner en marcha el fondo de rescate, que evidentemente se creó en sus dimensiones actuales pensando en ese país. La alternativa sería que España reestructurase igualmente su deuda, algo sumamente grave porque, una vez dado ese paso, nada serviría de barrera para Bélgica e Italia, y, superado este otro umbral, tampoco Francia estaría a salvo, y así sucesivamente.

¿Es tan difícil la situación española, con una deuda pública en torno al 60% del PIB?

Es que ese no es un nivel bajo, por mucho que diga Maastricht. Hay países emergentes que han tenido problemas con una deuda del 20%. Con la población envejeciendo y la economía estancada, España tendrá dificultades para afrontar los tipos de mercado. La única razón por la que no las tiene ya es que el propio anuncio de la creación del fondo de rescate sirvió para moderar estos últimos. Si Alemania dijese que no hay dinero para una hipotética ayuda, España quedaría sumida en una nueva crisis.

¿Cuándo cree que pedirá España el rescate?

En el momento en que Irlanda, Grecia y Portugal reestructuren su deuda. Entonces, la única solución para la supervivencia del euro será ayudar a España. No creo que eso suceda este año, pero no es un momento que se pueda diferir eternamente. Hay que contar con que esos países estarán en recesión entre tres y cinco años, y acabarán debiendo más que al principio de la crisis. Por eso, Irlanda tendrá que reestructurar la deuda de sus bancos, y Grecia, la de su sector público.

¿Se enfrenta España a una década perdida a la japonesa?

No lo creo. Las reformas que está emprendiendo el Gobierno darán resultados a largo plazo. La mayor flexibilidad laboral y el retraso de la edad de jubilación son medidas adecuadas, que se dejarán notar una vez pasados los cuatro o cinco años de crecimiento lento de la economía. Pero España tiene los mimbres para retomar un fuerte crecimiento en la segunda mitad de la década. Para llegar a ello, deben continuar las reformas y la austeridad fiscal. El problema es determinar hasta dónde llegará la tolerancia ciudadana a las estrecheces.

Los riesgos del endeudamiento excesivo

Su último libro, referido a ocho siglos de crisis económicas, se titula Esta vez es diferente. ¿Qué quiere decir?

Es un título irónico. Implica que, en años anteriores a todas las grandes crisis, los dirigentes y los agentes económicos han creído que esa vez no ocurriría lo de otras. Así, hasta 2007 se acumularon ingentes cantidades de deuda con el permiso de gente como Ben Bernanke [presidente de la Reserva Federal], que pensaban ser más listos que los anteriores y haber aprendido la lección. Por supuesto, no fue así. Es sorprendente la cantidad de personas en Estados Unidos que aseguraban que el precio de la vivienda no caería nunca. Y algo similar ha pasado con la gestión de la crisis.

Entonces, ¿se han repetido todos los errores del pasado?

Por fortuna, no todos. Hace dos años, había una probabilidad significativa, en torno al 15%, de repetir la Gran Depresión. Los bancos centrales hicieron los deberes, se apoyó a las instituciones financieras, y se logró evitar la debacle. Eso no significa que se haya resuelto la crisis, ahora con forma de deuda soberana.

¿Cuál es el principal mensaje a extraer de la llamada Gran Recesión?

Uno muy simple: demasiada deuda no es buena. Supone una enorme vulnerabilidad. Algo falla cuando, de los 200 billones de dólares en activos financieros globales, solo 50 están soportados por capital, y el resto es deuda o dinero. Para sanear ese mal balance, se debe exigir a los bancos más capital, y a los hogares menos endeudamiento. Esa regla debe ser especialmente exigida en tiempos de boom económico. El problema es que siempre ocurre lo contrario, porque la gente se ilusiona fácilmente y no está dispuesta a obtener menores beneficios.